015| Pintura fresca.

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No deberías herir lo que no se pueda matar —Lex Luthor.

Estaba paralizada por la sorpresa. Continué arrodillada en el suelo con los ojos abiertos por la creciente marea de incredulidad. Lo que más me impresionó no fue su amenaza de muerte, ni tampoco su aspecto. Aquello que me dejó incapaz de elaborar una respuesta coherente fue el hecho de que se hubiese molestado en ayudar a controlar mi aplastante terror.

Era un gesto... humano de su parte.

Existía humanidad en su interior bajo la férrea coraza de abusos, insultos y menosprecios.

—Deja de mirarme así —gruñó en cuanto sus ojos bicolor se posaron de nuevo en mí.

—¿Mirarte... cómo? —indagué frunciendo las cejas.

Dark Claw se detuvo frente a mí. Desde mi posición su altura constituyó un factor bastante intimidatorio, pero me mantuve firme.

—Así —hizo un gesto desdeñoso que abarcó todo mi rostro— sin desprecio ni temor. Me miras como... —se asqueó de sus propios pensamientos —si fuese parecido a ti.

Me levanté con parsimonia hasta que quedamos frente a frente, demasiado cerca para mi gusto. Su pecho subía y bajaba alterado y rastros de furia y salvajismo relucían en su mirada que convulsionaba en tonos ambarinos.

—¿Vas a matarme? —pronuncié con mayor aplomo del que realmente sentía.

El aludido entrecerró los ojos, como si barajase en su mente las opciones más propicias. El valor que le daba a mi vida.

—Puede —concedió y el interés relució en su voz— ¿no te asusta esa posibilidad?

Inflé las aletas de la nariz alterada. No sé bien el motivo que me impulsó a actuar como lo hice pero dejé fluir el resentimiento que hasta ese entonces permanecía reprimido. Cada emoción negativa que se acumuló a causa de la reapertura del caso de mi madre estalló en mis venas como un veneno caliente.

—Conozco tu rostro. Eso te perturba, por el simple hecho de que no contabas con ello. Escapa de tu control... así que tienes dos opciones: dejarme con vida confiando en que guarde tu secreto, seguir ayudándome con el caso de Louisa Evans o bien... me matas— sin meditarlo cerré los dedos entorno a una de sus muñecas. Me contempló con un brillo indescifrable en su mirada mientras arrastraba su brazo hasta que su mano quedó sobre mi pecho. Tenía la palma tan grande que las yemas de sus dedos me rozaban el cuello— pero sea lo que sea... hazlo ahora.

Se mantuvo impasible, presionando los labios en una delgada línea tensa. Su mirada descendió desde mi rostro hasta su mano sobre la cual latía mi desenfrenado corazón. Una lenta sonrisa expandió la mueca seria del hombre que pareció gratamente sorprendido ante mi extravagante disyuntiva.

Debía estar asustada, ingeniando mil formas de escapar, pero tenía la absoluta certeza de que cualquiera de mis intentos resultaría en vano. Al menos no iba a demostrar la misma debilidad que él me atribuía.

El tiempo se ralentizó a nuestro alrededor conforme los segundos se dilataban sin que ninguno de los dos ejecutase el más mínimo movimiento. Todo se condensó en aquel punto de inflexión sin que pudiésemos percatarnos de ello.

Entonces lo sentí: un dolor punzante y abrasador en la mejilla izquierda.

Se movió tan deprisa que mi yo atolondrada fue incapaz de captarlo. Abrió un delgado camino escarlata en mi piel conforme el calor se extendía en el rostro, adormecido por el dolor. La sangre comenzó a manar de aquel arañazo ante mi pasmo.

Dark Clak [✓]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora