023| Asesinos.

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El mejor guerrero es aquel que no ataca ni cuerpo ni mente, es aquel que ataca al corazón —Duende Verde. 

Una semana. Siete días. Ciento sesenta y ocho horas en completo silencio. Sin el más mínimo indicio de información útil en el caso de Joshua. A pesar de que procuraba mantenerme cuerda alejando este tipo de pensamientos cuando se presentaban en las situaciones más dispares e inapropiadas con el transcurso del tiempo se hacía una tarea más complicada.

Lo peor era la sensación de encontrarme cada vez más cerca de la respuesta pero subordinada al carácter volátil, cambiante y tremendamente impredecible de un ser híbrido sin una gota de empatía en su sistema.

Era una broma de mal gusto del destino que se ría de mí a cada instante que me despellejaba los dedos al morderme las uñas por la ansiedad.

Tendría que intentar encontrar otras fuentes, algo en lo que mantenerme entretenida para no perder la cabeza por completo.

—¿Puedo pasar? —pronuncié con cautela tras haber aporreado con delicadeza la puerta del despacho de mi padre.

Los segundos se dilataron mientras esperaba una respuesta. Cuando su asentimiento amortiguado por la puerta me llegó no tardé en abrirla y asomar medio cuerpo por fuera.

—¿Interrumpo algo muy importante? —indagué echando un vistazo al desorden propio de la habitación.

El comisario Green lanzó un suspiro derrotado al tiempo que se distanciaba de la mesa y hacía un gesto negativo con la cabeza. Decenas de informes se amontonaban en su mesa, pero mis ojos se vieron irremediablemente atraídos por la pared repleta de distintas fotos de sospechosos y pruebas acerca del último caso que trataba.

—No, no hay ninguno problema cielo, ¿querías hablar? —se inclinó hacia delante apoyando los codos sobre los desordenados papeles del escritorio y tratando de esbozar una sonrisa.

Estaba cansado. Se percibía a kilómetros que las últimas semanas habían supuesto un duro golpe en su vida. En las nuestras, en realidad. Un fuerte nudo me apretujó el estómago ante la idea de la cantidad de secretos que le estaba ocultando.

—No se trata de algo muy urgente. Tan solo me preguntaba como te encontrabas... la cena estaba intacta en el plato. Deben haber pasado horas desde tu última comida y yo....

—Estás preocupada por mí —me mordí el labio inferior como respuesta. Mi padre se rascó una ceja antes de continuar— parece ser que me estoy quemando, hija mía. Amo a esta ciudad y la seguridad de sus habitantes es mi mayor prioridad pero estos últimos días me han enseñado que quizás... no sea suficiente. Hay decenas de casos a los que soy incapaz de dar una solución. El tiempo corre y...

Avancé hasta situarme a su lado. Flexioné las rodillas para posicionarme a su altura y dejé caer las manos sobre las suyas para apretarlas con cariño. Los ojos grises y tempestuosos del comisario colisionaron con los míos y pude leer hasta que extremos se encontraba abatido y agotado.

—Debes comer, dormir y mantenerte estable cuando los demás se tambalean. Tanto nivel de trabajo no es bueno para nadie, papá. No seas duro contigo mismo. A veces las circunstancias nos fuerzan a dar un paso atrás y reponernos para después poder embestir la dificultad con mayor éxito.

Sonrió con tristeza.

—¿Desde cuándo eres tan madura y sabia?

Arrugué la nariz.

—Soy adulta, debo comportarme como tal. Por eso te obligo a que salgas de aquí. Te comas esa deliciosa cena que he encargado al restaurante de comida china de la esquina con tus manjares preferidos y te des una ducha, apestas. Después de eso y un buen sueño seguro que no hay criminal que pueda pararte.

Dark Clak [✓]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora