Capítulo 10

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Dilan y Kate ya se habían acostumbrado a vivir en ese cabaña apartados de todo. Tenían una rutina que los mantenía ocupados, sólo las visitas del viejo Keneth los distraían un poco. Habían pasado ya 6 meses de la muerte de Khronth, y aunque el recuerdo aún dolía lo estaban superando cada uno a su ritmo.

Dilan aprovechaba la mayor parte del tiempo para entrenar, en cambio Kate amaba la naturaleza y disfrutaba perderse en el bosque.

Esa tarde, como todos los días, Dilan entrenaba mientras Kate lo observaba.

-Enseñame- dijo Kate una vez más, hace un mes se había comenzado a interesar por el uso de la espada.

-Ya te dije que no- contestó Dilan sin mirarla.

-Quiero aprender- insistía nuevamente Kate.

-No lo necesitas-

-¡Claro que si!-

-Tu salud es delicada-

-Eso no es cierto, el doctor dijo que mi salud era perfecta y que es casi imposible recaer-

-No importa, no necesitas aprender-

-¡Si necesito! ¡No puedes protegerme todo el tiempo!-

-¡Lo haré!-

-Pronto cumpliré 14 años y no podrás estar detrás de mí todo el tiempo-

-¡Yo te protegeré las veces que sea necesario!-

-Aprendere por mi misma- Kate se marchó a la cabaña y demostró su molestia al azotar la puerta.

Dilan suspiro cansado, esa discusión se estaba convirtiendo en un mal hábito. Él sabía perfectamente que nada le impedía aprender a Kate, pero mientras él estuviera ahí no era necesario, él la protegería sin importar nada.

Así transcurrieron unos cuantos meses más, ni Kate ni Dilan daban su brazo a torcer. El cumpleaños número 14 de Kate se acercaba y ambos habían acordado bajar al pueblo de la montaña a visitar a Keneth, Kate quería salir un poco de la rutina y dado que no habían visitado el pueblo desde que llegaron parecía una buena idea.

La mañana que bajarían la montaña algo los alarmó, a lo lejos podían ver un humo denso subir al cielo. Parecía venir en dirección del pueblo, rápidamente Dilan tomo sus armas y junto a Kate comenzaron a bajar la montaña. La ruta más corta los demoraría un par de horas pero era la única opción factible.

Comenzaron el trayecto con el corazón latiendo desbocado, temiendo lo que encontrarían al llegar. Ninguno pronunció palabra durante el recorrido, pero los unía la desesperación por llegar.

Cuando estuvieron lo bastante cercas, lograron ver cómo el humo era más denso de lo que se veía a la distancia, y aún se podían observar algunas llamas tratando de trepar por los árboles.

Estaban por acercarse más cuando unas manos cubrieron sus bocas mientras los arrastraban de regreso a lo profundo del bosque. Al girarse vieron que era gente del pueblo que les hacía señas de que los siguieran en silencio. Ellos obedecieron.

Los llevaron a una cascada en lo profundo del bosque y se internaron en una cueva detrás de la caída del agua. Al entrar se asombraron, todo el pueblo estaba ahí. Rápidamente buscaron al viejo Keneth y al verlo suspiraron de alivió.

-¿Que sucedió?- le preguntó Kate a Keneth.

-Los guardias- se limitó a decir.

-¿Pero como es que están todos aquí, a salvo?- Después de un breve vistazo Dilan comprobó que todo el pueblo estába ahí.

-Tuvimos un poco de ayuda, ayer por la mañana se nos avisó que atacarían al anochecer así que hubo tiempo suficiente para evacuar- contestó el anciano.

-¿Quien les dijo?- preguntó Kate.

-Un viejo alumno de Khronth, se arriesgó demasiado para venir a advertirnos-

-Entonces gracias a él están a salvó- murmuró Dilan -¿Pero por que los atacarían los guardias?-

-No es un secreto que en este pueblo no se le tiene mucho aprecio al actual monarca así que era de esperarse que tarde o temprano intentarán algo así-

-¿No fue por muestra causa?- preguntó Kate.

-No, Khronth fue muy cuidadoso al planear su escape y donde se ocultarían, y en ese tipo de cosas él era el mejor- el anciano parecía recordar un buen momento -sin duda dejo un poco de él en sus alumnos- sonrió.

-¿y que harán ahora?- preguntó Dilan.

-Buscaremos otro lugar donde vivir, cerca de este bosque está la frontera del país, al cruzarla estaremos a salvo-

-¿Y nosotros?-

-Desearía que nos acompañarán pero lo más seguro para ustedes será quedarse ocultos en el bosque- dijo el anciano con una mueca de tristeza -somos un grupo bastante grande y es obvio que nos localizaran, al cruzar la frontera ya no nos podrán hacer daño pero si los ven con nosotros, ustedes si estrían en peligro-

-¿Alguien nos ha visto? ¿Es posible que nos reconozcan?- preguntó Kate.

-No necesitan conocerlos, su color de ojos es bastante peculiar ¿no lo creen?- Ambos hermanos se miraron mutuamente, el verde jade de sus ojos resplandecía con un brillo especial-Son los ojos de la familia de su padre, y aunque no son los únicos que los poseen si son bastante difíciles de encontrar-

-Entonces los soldados tiene la orden de buscar a un par de chicos de 15 y 13 años con nuestros ojos- dedujo Kate.

-Así es, lo mejor que pueden hacer es estar fuera del panorama un par de años para que ya no los busquen, eso si, nunca deben dejar que los guardias los miren a los ojos- Keneth miró a su alrededor -aunque en esta zona del reino están relativamente a salvo, la gente aborrece al rey y sus guardias así que es poco probable que los entreguen si los llegan a ver-

-¿Cuando se irán?- preguntó Dilan.

-Partiremos está noche, conocemos bien el bosque así que no será un problema- Keneth suspiró -me gustaría quedarme con ustedes pero debido a mi edad temo que sería más un carga que un beneficio. Pero si está en su destino, nos volveremos a encontrar-

Esa tarde cenaron por última vez con la gente del pueblo, rieron por última vez con el viejo Keneth, las despedidas nunca fueron agradables pero tenían que suceder.

Kate y Dilan observaron partir al viejo Keneth con dolor, nuevamente volvían a perder familia. Pero se mantuvieron sonriendo mientras los veían alejarse.

Al salir el sol, ellos volverían a estar solos.

Un día antes.

Keneth había salido a dar su habitual paseo por los alrededores del pueblo cuando sintió una extraña sensación, sus años de militar habían dejado secuela y una de ellas era el poder sentir a un enemigo acercarse. Se giró rápidamente y se sorprendió al encontrar a un joven frente a él.

Este le hizo señas con la mano de que no hiciera ruido, Keneth asintió y el joven se acercó.

-Los guardias atacaran el pueblo al anochecer- dijo rápidamente el joven sin dejar de observar a su alrededor.

-Si se enteran de que viniste te condenaran a muerte- dijo el anciano.

-Lo se, pero tenía que hacer algo, al menos por él. Tengo que irme, evacuen lo más rápido que puedan- dijo el joven girándose y comenzando a alejarse.

-Lo que el temía se cumplió ¿no es cierto? ¿Quien le dio muerte...- no termino la frase y el joven se detuvo pero no se giró -estoy seguro que para él fue un honor caer ante su mejor estudiante, no sientas pesar por ello Jahiel-

Él joven no respondió, siguió su camino sin mirar atrás. Tenía que planear el ataque a un pueblo que alguna vez le brindó calor.

Sangre de ReyesDonde viven las historias. Descúbrelo ahora