Capítulo 51

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Eva

Subimos a mi apartamento. Rápidamente enciendo la calefacción ya que el piso se ha quedado frío al no haber tenido habitantes durante todo el día prácticamente.

—¿Sigues borracha o ya se te ha quitado? —Me pregunta Hugo mientras deja su abrigo en una de las sillas de la cocina.

—Que va. He bebido menos que vosotros, sumando lo de la policía... ya no hay nada de alcohol en mi organismo.

—Ha sido gracioso verte borracha, no te había visto nunca.

—Creo que ninguno me había visto borracha. Espero que lo recordéis vívidamente porque no va a volver a repetirse en bastante tiempo.

—¿Ni siquiera cuando salgas con tus amigos para Año Nuevo? —Pregunta Hugo incrédulo.

—Hombre, beber beberé algo pero así, como me he puesto hace cuatro horas, no.

—¿Qué hora es ya?

Cojo el móvil de mi bolso y miro la hora.

—Tres y cuarto más o menos.

—Es tarde.

—Sí, pero no tengo sueño —Contesto y me llevo a Hugo al sofá. Recuerdo cuando le invité a dormir después de esa gran fiesta que celebraron. Lo nerviosa que me encontraba ante su presencia pero a la vez lo cómoda que me sentí todo el tiempo con él. Él me abrió un poco su corazón, contándome sus preocupaciones de entonces y yo también lo hice con las mías.

Rodeo su delgado cuerpo con mis brazos y apoyo la cabeza en él.

—¿Hoy dormiremos en tu cama o en el sillón para rememorar viejos tiempos? —Pregunta Hugo. Seguro que estaba también pensando lo mismo que yo.

—El sillón es un poco incómodo, ¿no te parece? Al menos la última vez me dejé la espalda ahí.

Hugo se encoge de hombros.

—Donde quieras, amor —Al oír que me llama ese calificativo, el corazón se me encoge de la ternura y le planto besos sin parar en la mejilla.

—¡Ay! Que te como la cara.

Me separo de él porque siento que no le dejo respirar, pero me ha dado un ataque de amor que me daban ganas de comérmelo. En todos los sentidos posibles.

Decido apagar las luces y encender unas velas para dar un toque más íntimo. Anne es una loca de las velas y hace unas semanas compró una caja llena de distintos olores y me dijo que las usase cuando quisiera, así que es lo que hago.

—Así está mejor —Digo volviendo al sillón y tirándome prácticamente encima de Hugo.

—Ay —Se queja ya que sin querer le he clavado el codo en el estómago —. Un día me vas a acabar matándome.

Dejo escapar una carcajada y me pongo en la mejor posición que puedo para que pueda verle la cara. Su precioso rostro está levemente iluminado por el color anaranjado que desprenden las velas y no es la primera vez que pienso cuánto me gustaría tener un lienzo para dibujarle.

Como me encanta hacer, paso mi mano suavemente por su cara. Tiene una piel espectacular, suave y sin imperfecciones. Me encanta perfilarle con el dedo su nariz y tocarle los ojitos.

—Me encantas tanto, Hugo —Digo en voz alta, cuando en realidad era un pensamiento que tenía para mí misma, pero mi boca ha decidido decirlo.

Hugo esboza esa clase de sonrisa ladeada que me vuelve loca, su hoyuelo se marca de forma adorable y yo no puedo evitar derretirme.

EsperandoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora