40. Día 21

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"Que empiece el juego".




~☆~

Joaquín.


Mi vista se nubla por las lágrimas retenidas en mis ojos. El dolor de mi resaca no se asemeja al que comienza a sentir mi corazón en estos momentos al ver la imagen frente a mi.

Mi estómago duele. Duele demasiado.

Puedo sentir como mi pecho se comprime y de un momento a otro quiero y necesito vomitar.

Así que sin pensarlo hago lo primero que se viene a mi cabeza. Correr.

Quiero correr hacia algún lugar donde pueda olvidar la imagen más detestante de mi vida.

Bajo las escaleras a toda velocidad, cruzo la sala y salgo hacia la playa.

La brisa se plasma en mi rostro ayudándome a respirar con tranquilidad. Me siento en la arena y abrazo mis piernas pegandolas a mi pecho.

Trato de tranquilizarme haciendo respiraciones continuas. Las lágrimas bajan de mi rostro sin poder detenerlas.

Ambos estaban en la cama.

Tapados por una sábana.

Ellos habían follado.

Por supuesto que lo habían hecho.

¿Qué más hacen los borrachos en una cama?

Él la tocó a ella.

Se unió a ella.

La folló en la misma cama donde me follaba a mí.

La besó con los mismos labios con los cuales me besa a mí.

Y no entiendo porque jodidamente me duele demasiado.

Es como si me hubieran partido el corazón.

Yo pensé que no sé, tal vez él y yo....

No.

Que idiota.

Me levanto de la arena mientras sacudo mis piernas. Coloco mis manos en mis bolsillos y comienzo a caminar hasta que mis pies se cansen.

Ya no soporto más este dolor en mi pecho cada vez que Emilio hace algo que me afecta.

Yo lo quiero.

Más de lo que alguna vez imaginé.

No es sexo lo que quiero. Lo quiero a él.

Quiero todo de él.

Quiero que me sonría al despertar, quiero que me abrace cada vez que me necesite. Quiero escuchar su risa. Quiero sus besos. Quiero su amor.

Y ahora necesito tanto nuestra hora del apapacho.

¿Por qué ella?

¿Tan borrachos estaban?

Dios.

¿Por qué ahora?

Llevo mis manos a mi rostro mientras trato de secar mis lágrimas una vez más.

Necesito un respiro, necesito pensar.

No vine a esta casa a sentirme mal, vine a divertirme.

Pero finalmente era absolutamente cierto que Emilio había roto nuestro "compromiso" en la casa.

La promesa de estar juntos en la casa, la promesa que hicimos frente al mar.

Él la rompió cuando la metió en su cama.

Sex Game [Emiliaco]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora