Capítulo Cincuenta ||Pirotecnia y café||

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Claire

Después de haber estado preguntando a más de un encargado dónde se hallaba el baño y cambiarse en aquel espacio tan reducido, salió seca, limpia y aún con el temor a flor de piel al escuchar el estrepitoso rugir del cielo.

Se tragó el miedo y comenzó a recorrer cada uno de los vagones en busca de su compañera de "misión". Sin encontrar ningún indicio de si estuvo ahí o a ella misma. Se recriminó a sí misma por darle prioridad a su vestimenta que a su acompañante.

Finalmente, Claire se quedó en el salón comedor. No habían muchas personas ahí, ni meseros ni pasajeros, por lo que optó por sentarse a contemplar el cielo oscuro que de vez en cuando se iluminaba con líneas en el cielo semejantes a grietas crecientes, que desaparecían para posteriormente dejar que el cielo volviera a oscurecer dando lugar al insufrible sonido que le calaba hasta el alma. Tembló

Se abrazó a sí misma, sin dejar de temblar.

⎯ ¿Desea comer algo?

Se giró para ver al cansado joven con acné en su rostro que, al verla, pareció cobrar vida como por arte de magia.

⎯ Am... un café, por favor - pidió con una sonrisa.

⎯ ¿Nada más? - preguntó, sin quitarle la vista de encima.

Se removió un tanto incómoda por la excesiva cordialidad y atención del joven, por lo que decidió simplemente negar con la cabeza, cohibida. El mozo se fue con una sonrisa implantada en sus labios, permitiéndole respirar con más calma. Escuchó al cielo rugir y pegó un salto.

⎯ Al parecer estás nerviosa.

Claire alzó la vista, encontrándose con los ambarinos ojos de Leyla, observándola con curiosidad. Llegó el camarero, dejando el pedido de Claire sobre la mesa y preguntándole a Leyla si quería algo, a lo que la chica negó. La azabache se sentó junto a ella.

⎯ ¿Por qué estás aquí? - le preguntó Leyla.

⎯ Quería alejarme de los chicos - mintió - ¿Y tú?, ¿por qué te fuiste?

⎯ No me sentía muy bien.

Un tanto incómoda con la situación, comenzó a beber su café, sin poder ver a Leyla a los ojos, quién no musitaba palabra alguna.

⎯ ¿Ahora estás mejor? - preguntó, dejando la tasa sobre la mesa, sin mirarla todavía.

⎯ Sí.

Al ver hacia la ventana le pareció que el mundo era el que se movía, no ella ni mucho menos la máquina en la que se encontraba, sino el bosque que se hallaba allá afuera. Por un momento vio así su vida. Siempre hizo lo que sus padres, específicamente su madre, le decía que hiciera. Incluso le costaba aceptar que se encontraba en un tren, con sus amigos, camino a una misión que la academia no le había dado y sin el consentimiento de sus padres, que no tenían ni idea de hacia dónde se dirigía ni cuál era su intención en aquel viaje, aunque ni ella sabía con exactitud qué la impulsaba. Y, siendo honesta consigo misma, le encantaba la sensación de adrenalina que le había embargado a la salida de la Academia Lizbeth y la estación del pueblo de Ríon. La hacía sentir viva.

Tomó la taza de café y comenzó a beber sin despegar la vista de la ventana, hasta que decidió prestarle atención a su compañera de mesa. Leyla, quién se ubicaba frente a ella, estaba absorta viendo la ventana, murmurando en latín antiguo un par de cosas que con suerte logró captar.

Era extraño estar con ella a solas y no sentir aquella sensación inquietante que la invitaba a salir corriendo lo más lejos que sus piernas le permitieran. Incluso le parecía extrañamente placentera la compañía de la chica.

Luz de Luna [Virtus Lapidi #1] ✓Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora