Capítulo Cuarenta ||Feliz cumpleaños||

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Nathan

Giró hacia el ala de hombres.

Una de las cosas que más odiaba de su cuarto, aparte de la puerta que nunca se cerraba y estar cerca del baño de hombres, era que quedaba al final del eterno pasillo de la sección. Sentía que jamás llegaría, y los días viernes, después de la clase del maestro Lee, terminaba exhausto, y ahora más encima tendría que tomar clases extra ese mismo día con Leyla; con la chica con súper-fuerza, con la chica a la que todos calificaban como inhumana, con la chica que fue capaz de llevar a cabo una misión en la mitad de tiempo que le tomó a Claire y a él, con la chica que derrotó a Kate en pocos minutos y rompió una habitación fortificada. No pasaría del día de mañana.

Suspiró, preparándose mentalmente para lo que tendría que hacer el día siguiente. Quedaba tan poco.

Volvió a doblar entrando a otro pasillo, y cuando sus pies ya no daban más, sus sentidos se pusieron alerta.

Observó con atención la menuda figura de Leyla parada frente a la que es su puerta. Frunció el ceño.

⎯Hola – saludó Nathan, una vez hubo llegado a un metro de distancia.

Leyla se giró para verlo. Su aura rojiza vibró un poco y luego se volvió estable, pero su cuerpo y rostro no demostraron absolutamente nada. Según Cassandra, eso significaba sorpresa, susto o, como en el caso de Jared, cuándo alguien sentía aproximarse el peligro. Esperaba sólo haberla sorprendido.

⎯Hola.

⎯¿Necesitas algo? – le preguntó cortés.

⎯¿Leyla? ¿Qué haces aquí? – dijo Claire, asomándose desde dentro del cuarto de Nathan. Parecía espantada – ¿Vienes a ver a Nathan? ¿L-le quieres decir algo?

Nathan alternó la mirada entre ambas chicas, sin poder captar qué era lo que tenía tan perturbada a Claire. Incluso llegaba a estar pálida y su aura vibraba como su celular ¡Como su celular! ¡Su celular estaba vibrando!

⎯Disculpen, chicas, pero tendré que dejarlas solas – se excusó, tomando su celular del bolsillo trasero de su pantalón –. Si quieres, Leyla, puedes entrar a mi pieza y de ahí me dices lo que quieras decirme.

⎯En realidad, vengo a hablar con Claire – dijo la azabache, mirando a una rubia a punto de tener un ataque cardiaco.

⎯¿A-a mí?

⎯Sí – rodó los ojos, hablando con obviedad.

⎯Bueno, eso está perfecto. Entren y pónganse cómodas, yo voy a atender algo y vuelvo – y, sin dejar que le contestaran, se apartó de ambas chicas – ¿Hola? – preguntó, porque no había visto de quién se trataba, la emoción de recibir una llamada de Terra, de su lugar de origen, era tan gratificante que no se tomó la molestia de verificar el nombre en la pantalla de su teléfono móvil, ni siquiera si era desconocido; necesitaba recordar quién había sido hace dos meses, antes de toda esa locura que estaba viviendo.

⎯Hola, Nat, ¿cómo has estado? – era Carlos, un amigo y vecino de Terra. De fondo se escuchaban murmullos.

⎯Bien...

⎯¿Qué ha sido de ti? No te he visto en meses.

⎯Estoy... en el campo – dudó un poco, diciendo lo primero que se le vino a la mente.

⎯Ah, bu, te iba a invitar a una fiesta.

⎯¿Una fiesta?

⎯Sí.

⎯¿A cuál?

⎯A la tuya, hueón, ¡FELIZ CUMPLEAÑOS! – se escuchó un montón de voces de fondo y de inmediato comenzó a escucharse una canción de fondo, la cual, si Nathan no se equivocaba, era La bicicleta de Carlos Vives con Shakira.

Luz de Luna [Virtus Lapidi #1] ✓Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora