Capítulo Uno ||Luz de luna||

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Leyla

Su corazón latía desenfrenado.

Guiaba a un numeroso grupo de personas hacia la manifestación más antigua y poderosa de todas las deidades, una que podría acabar la guerra a favor de su portador, pero significaba un gran costo para cualquiera de los dos bandos.

Lo miró ocultando su creciente miedo y él, al verla, le sonrió a la vez que apretaba su mano para transmitirle seguridad. Ella no estaba segura en lo absoluto.

Alguien le indicaba el camino que debían seguir, pero ella no quería llegar a su destino. Apretó la mano de vuelta. No quería perderlo, pero sabía que jamás vencería a su padre sin sacrificarlo primero.

⎯⎯ Eh, estaremos bien. Confía en mí – le susurró él.

Sólo lo miró. No podía decirle.

Respiró hondo. Suspiró con pesar. Un nudo se le formó en la garganta.

Él era una de las pocas personas que quería y que aún se mantenía con vida. Ya había perdido a alguien en esta misión por acabar con su padre; aún recordaba la languidez de su cuerpo sobre sus manos, la sangre escurriendo y sus últimas palabras mientras era presa del llanto.

Estaban llegando al final del camino y sus piernas temblaban. Sólo tenía que tocar la pared frente a ella y la vida de su amado acabaría en un instante. Sólo tenía que tocar la pared frente a ella y al fin acabaría con su padre, poniendo a salvo la vida de los siete mundos y sus habitantes.

Lo miró una última vez a los ojos, ambos se sonrieron; él sin saber lo que se avecinaba y ella lamentando cada paso que dio hasta llegar a ese lugar.

Extendió su mano, pero al último segundo se arrepintió y se puso entre él y el grupo que los seguía.

⎯⎯ ¡No lo haré! – gritó. Activó sus poderes con lágrimas en los ojos – Y ustedes tampoco. – Sus ojos brillaron en un intenso rojo carmesí.

Quienes estaban frente a ella se paralizaron, incapaces de pensar o moverse sin que les diera la orden.

De las manos de Leyla emergieron columnas de bruma que oscurecieron el recóndito pasillo del castillo.

⎯⎯ ¿Qué estás haciendo? – cuestionó el hombre tras de ella.

⎯⎯ No lo haré – murmuró con la mirada centrada en el grupo de personas. Se giró con una expresión cargada de dolor. Le extendió la mano –. No te dejaré morir.


Cuatro años antes

Sus pasos eran lo único que la mantenía fuera del lamento de los muertos.

En el gran castillo que se utilizaba de Academia no había nadie más que ella, algunos profesores y los muertos rondando sin descanso.

Giró a su izquierda encontrándose a una figura femenina mirando por la ventana con una sonrisa nostálgica en su espectral rostro. No pudo evitar reparar en ella. Esa alma era nueva, pero eso no era algo raro en la Academia Lizbeth pues por la diversidad de seres y especies de otros mundos que viajaban hasta allí, el castillo se volvía en miel para las almas incapaces de encontrar su paz. Sin embargo, lo que realmente la tenía impresionada era el parecido que tenía con alguien que conocía.

La chica se dio cuenta que Leyla la observaba, pero en vez de reaccionar como cualquier otra alma con un asunto pendiente, se mantuvo en calma e hizo una pequeña reverencia hacia ella.

⎯⎯Sígueme, por favor.

La azabache se quedó un tiempo quieta, algo pasmada. Ningún alma con asunto pendiente podía formular palabras tan carentes de desesperación. Al notarlo, la chica rubia de ojos verdes se detuvo y la observó por sobre su hombro. Leyla salió de su aturdimiento y decidió seguirla, guiada por la curiosidad.

Luz de Luna [Virtus Lapidi #1] ✓Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora