Capítulo Nueve ||Familia Nobiles||

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Leyla

Con suerte vio venir el proyectil que fue dirigido hacia Josh y rozó su cabeza, por eso cuando chocaron no alcanzó a reaccionar y salió disparada por la ventana, aunque sí alcanzó a endurecer su cuerpo antes de impactar contra el suelo, destrozando un par de árboles en el camino.

De no ser por su superfuerza habría muerto con ese impacto.

Con el cuerpo adolorido se puso de pie, y en cuanto lo hizo escuchó el molesto chirrido del metal al ser rasguñado y perforado. Miró el auto de la mamá de Josh y vio cinco demonios arañando y destrozando el techo de este. Todos los ocupantes se encontraban inconscientes. No podía dejarlos desprotegidos. Cortó la cadena de su collar con un rubí en él, lo lanzó al cielo y la piedra se rompió a la mitad. Cada pedazo de rubí envolvió la cadena y fueron adoptando la forma de dos espadas gemelas que cayeron en las manos de Leyla.

En cuanto tuvo a umbra y mortem, sus espadas gemelas, corrió a toda velocidad desapareciendo de su lugar y dejando hojas y partículas de tierra volando por el impacto que generó en el suelo. Llegó hasta donde estaban los demonios quienes no la vieron venir y decapitó a uno. La sangre impactó en su rostro. Iba por el segundo demonio cuando uno de ellos le pegó un manotazo por la espalda y la mandó a volar.

El demonio que la atacó era grande, robusto, con una piel grisácea agrietada y con múltiples arañazos que le otorgaban el horripilante aspecto de un depredador. Sus ojos eran dos orbes negros tan profundos que parecían no tener vida, pero en cuanto vieron a Leyla a los ojos estos se encendieron en un rojo incandescente. Rugió mostrando sus afilados y amarillos dientes, deteniendo al resto de demonios que querían destrozarla en el acto. Estaba reclamándola como su presa, y al ser el más grande de todos, ninguno protestó.

El demonio extendió sus alas y voló hacia ella, quien aún no impactaba en el suelo. El ser sonrió preparando sus garras para destrozarla, pero cuando Leyla lo tuvo enfrente deshizo la ilusión que ocultaba el verdadero color de sus ojos y le sonrió de vuelta. Sujetó sus espadas con fuerza y, con gracia, giró sobre su propio eje rebanando al demonio a la mitad. Aterrizó arrodillada sobre la tierra, levantó la mirada hacia los otros demonios y cuando el cuerpo de quien la había atacado cayó a ambos lados de ella, les sonrió retándolos con la mirada.

Sin embargo, de un segundo a otro perdió la seguridad que transmitía y el equilibrio. Soltó sus espadas. Se sentía mareada y no era capaz de permanecer erguida.

Escuchó el techo del auto ser destrozado y al alzar la vista este iba volando en su dirección. Tomó de nuevo sus espadas y lo cortó a la mitad con un grito cargado de ira. Estaba molesta, quería matar a esas bestias una por una. Arrebatarles primero sus alas y perforar sus podridos pechos con sus espadas gemelas y oírlos gemir del dolor.

Y lo iba a hacer.

Sólo quedaban tres demonios. Dos de ellos permanecieron inmóviles mientras uno se acercó lentamente hacia ella. El mirar de ese ser era seguro, despiadado y sediento de sangre. Sus ojos brillaban en un ardiente rojo que reclamaba a su presa. Sus pasos eran premeditados y llamaban a la expectación.

Leyla se puso de pie. Su pecho latía con fuerza. Deseaba despedazar a esos animales hasta que quedaran irreconocibles y que en sus ojos se expresara el verdadero terror. Tan sólo al imaginarlos presas del miedo que ella les provocaría una sonrisa sádica se implantó en sus labios. Estaba saboreando ese momento.

Esperó paciente, como una cazadora, y en cuanto tuvo un tiro limpió arrojó a umbra y mortem a dos de los demonios, quienes gruñeron y rugieron desde lo más profundo de su ser. Era el delicioso sonido de una presa agonizando. Eso la excitó.

Luz de Luna [Virtus Lapidi #1] ✓Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora