Capítulo Cuatro ||Culpa||

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Nathan

No le gustaba ir al Liceo, pero entre ir y quedarse en su casa un minuto más junto a su madre, prefería mil veces aburrirse por el resto del día. 

Sentado en su pupitre sentía que todo lo que le decían entraba por una oreja y salía por la otra. Aunque eso no importaba, ya que de todas formas siempre obtenía buenas notas, es más, a veces tenía que equivocarse a propósito para que no sospecharan que hacía trampa, otra vez.

No entendía por qué su madre no quiso inscribirlo en un colegio para niños superdotados. Tal vez se debiera a que quería que tuviera una buena infancia o por lo que sucedió años atrás, cuando tenía siete años. Quizá las dos.


***


⎯⎯ Señora Quintana, me gustaría hablarle acerca de su hijo ⎯⎯ eso es algo obvio, pensó Nathan, o si no, no estarían ahí para comenzar.

⎯⎯ ¿Qué ocurre? 

Su madre lo observó momentáneamente. Él le devolvió la mirada, balanceando sus pies en la silla a un lado de ella.

⎯⎯ Bueno, no sé cómo explicárselo ⎯⎯ miró a Nathan tras sus gafas de lectura. Él le devolvió la mirada, cansado. No entendía el por qué no era capaz de decir lo que tenía planeado. A veces los adultos daban demasiados rodeos a asuntos que era mejor tratar directamente ⎯⎯. Junto con otros profesores sospechamos que su hijo ha estado haciendo... trampa.

⎯⎯ ¿Cómo? 

⎯⎯ Lo que le acabo de decir. Nathan, está haciendo trampa.

Lo último que dijo sonó más a una afirmación que a una mera sospecha de profesora preocupada, pensó.

Desvió la vista de su profesora, para ver a su madre. Parecía pensativa y un tanto nerviosa. Nathan no esperaba esa reacción de su parte, sino que se dirigiera directo hacia él y tratara de sonsacarle la verdad, pero al parecer lo que la profesora le acababa de decir era suficiente prueba para creerle y prescindir de su punto de vista.

Marta no centró en ningún momento sus ojos sobre él, en cambio, dirigió y mantuvo con determinación la mirada fija en la profesora.

⎯⎯ ¿Y por eso acaba de llamarme? ⎯⎯preguntó como si nada, tomando a todos por sorpresa  ⎯⎯Que yo sepa, mi hijo ha sacado buenas calificaciones, excelentes me atrevería a decir. Dudo que aquello sea por copiar o por hacer trampa. Y si tiene alguna duda de aquello, haga que mi hijo presente sus evaluaciones a su lado, apartado de sus compañeros e incluso podría mandarlo a otro salón de clases ⎯⎯insinuó. Nathan prefería mil veces que lo hubiera regañado a que diera ideas que le harían destacar aún más. Si es que podía hacerlo ⎯⎯. Así quizá se dé cuenta de que mi hijo no está haciendo trampa ⎯⎯se puso de pie. Nathan y su maestra igual ⎯⎯. Ahora, si me disculpa, tengo trabajo que hacer, pero antes debo dejar a mi hijo en casa. Adiós.

Y sin más, la mamá de Nathan salió con él pisándole los talones, sin siquiera esperar una respuesta por parte de la profesora. En todo el camino ella no le había dicho nada. Parecía estar ausente.

Llegaron al auto. Ambos seguían en silencio, pero cada cierto tiempo su madre suspiraba. Parecía molesta. Lo dejó en la casa junto a su padre. Lo único que Nathan recuerda es que su papá le dio su medicina antes de ir a dormir, pero pasado una hora escuchó a su mamá llegar y ambos comenzaron una discusión que terminó por eliminar el sueño que pudo haber tenido.



***


Nathan recordaba eso todo el tiempo antes de hacer una prueba. Era un memorándum que le decía: no debes destacar o levantarás sospechas. Desde ese entonces comenzó a equivocarse a propósito sin que afectase en su promedio como para repetir el año, aunque lo hizo una vez, pero no fue por querer sino, por problemas que comenzaron a molestarlo y a ocupar la mayor parte de su tiempo.

Una alarma interna lo sacó de golpe de sus recuerdos y, con el mayor disimulo que pudo emplear, observó a su alrededor sintiendo cómo se le crispaban los nervios. No sabía la razón, pero aquello tenía una leve familiaridad. Percibía un miedo que lo hacía sentir como un animal enjaulado o un preso a punto de ser ejecutado. Ninguna de las dos opciones le gustaba en lo absoluto.

Percibió un olor a sangre.

El crujido de algo entre sus manos lo devolvió al presente. Había sido un lápiz.

Jared lo miró con preocupación y Nathan no pudo evitar sentir vergüenza. Por suerte nadie más se había dado cuenta de su arrebato, se consoló.

⎯⎯ ¿Estás bien? Estás pálido, parece que viste a un depredador.

⎯⎯ No es nada ⎯⎯le susurró de vuelta ⎯⎯. Sólo me maree, no es nada.

⎯⎯ Está bien.

Su amigo no estaba convencido, pero ambos sabían que Nathan no diría nada si no quería.

Alguien golpeó la puerta. El profesor la abrió dejando ver al inspector de su clase. Al terminar de hablar ambos los miraron. Nathan vio alarmado a Jared porque tal vez el director decidió hacer real el ultimátum que dio a fines del semestre pasado. Al parecer ayer fue su última pelea y este sería el momento de ser expulsados. Pero extrañamente eso no preocupaba a Jared porque se encontraba tranquilamente guardando sus cosas.

⎯⎯Señor Shifter, su abuelo viene a retirarlo.

¿A cuánto estaban? Nathan miró disimuladamente su celular y lo comprobó. Este era el aniversario de la muerte de sus padres.

Ninguno de los dos dijo palabra alguna. El bullicio en el salón se mantenía, pero a ninguno de los dos le importaba.

Le sonrió y su amigo le devolvió el gesto a la mitad. Eso era suficiente, pensó. Él estaría bien, siempre lo estaba.

⎯⎯Nos vemos donde siempre⎯⎯dijo Nathan. 

⎯⎯A la misma hora ⎯⎯aseguró Jared⎯⎯. Y no se te ocurra llegar tarde, o sino Claire se pondrá histérica.

⎯⎯Dalo por hecho, hermano.

Asintieron mutuamente y su alto amigo se fue.

Sé que estará bien, se aseguró... pero... por alguna extraña razón sentía que no iba a ser así, y eso lo mantenía intranquilo.

Luz de Luna [Virtus Lapidi #1] ✓Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora