Capítulo Treinta y nueve ||Poderes y tutorías||

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Nathan

Desde aquella misión con esa criatura llamada yuqueler, que no había vuelto a ver a Cassandra, y lo peor de todo es que sentía cómo sus poderes comenzaban a emerger semejantes a caudales desbocados.

A medida que pasaba el tiempo percibía que sus sentidos se agudizaban de sobremanera, tanto así que incluso era capaz de escuchar desde su cuarto lo que decían en la sala de estudios ubicada en la misma planta. Podía oler el almuerzo desde el salón de clases, incluso cuando le tocaba lucha cuerpo a cuerpo y el profesor Lee quería que pelearan a comienzos del bosque. Era capaz de ver cómo una araña bebé caminaba por la cortina de su pieza, mientras él estaba acostado en su cama. Todo aquello era sorprendente pero perturbador, y ahora Cassandra no estaba para ayudarlo; estaba por su cuenta.

Por otro lado, Jared aún no aparecía, ya llevaba más de un mes desaparecido. No podía evitar preocuparse por su amigo, incluso tuvo una pelea con el director Collins, pues este no le había permitido formar parte de los grupos de búsqueda. En ese instante se había sentido tan cabreado con la situación que terminó por golpear el escritorio del director, partiéndolo por la mitad. Apenas había hecho eso la cólera se le apaciguó y terminó por sentirse asustado de sí mismo. Terminó por salir corriendo.

⎯ Nathan, ¿estás bien?

Nathan bajó la vista, encontrándose con los verdes ojos de Claire, quien estaba acostada sobre su pecho. Parecía preocupada.

⎯ Sí, es sólo que...

⎯ Jared – terminó por él.

⎯ Mira, sé que estás enojada con él, pero...

Claire apoyó sus antebrazos sobre el pecho de Nathan, mirándolo seriamente.

⎯ Ya no estoy enojada con él, es más, estoy preocupada al igual que tú, pero siento que algo más te perturba.

Por un momento la idea de decirle a Claire acerca de sus nuevos poderes cruzó por su mente, pero declinó en seguida. Temía su reacción.

⎯ No, no es nada, es sólo que... Jared ha pasado por tanto últimamente, y ahora toda la Academia lo sabe.

⎯ Sí...

⎯ Si vuelve, va a necesitar de nuestro apoyo.

Claire lo observó, ceñuda, y él no entendió el por qué.

⎯ Cuando vuelva, no si vuelve, cuando vuelva – le corrigió.

Nathan le sonrió a la rubia sobre su pecho y depositó un beso en sus labios. Claire le sonrió de vuelta, dándole otro beso.

De a poco, pasaron de besos castos y cortos a profundizar un poco más, cuando la puerta fue abierta.

Nathan se sentó en la cama apoyando su espalda en el respaldo, mientras que Claire se apartó sentándose al otro extremo de la cama, con todo su rostro rojo.

⎯ Lo siento si interrumpo – dijo una de las hermanas Gillegart. Nathan no sabía si era Ana o Nan la que tenía el pelo rosado. Decidió no preguntar, le habían advertido que una de las dos tenía un genio un poco hosco. Que mal que sólo le hayan dicho el nombre.

⎯ Hola – saludó –. No, no interrumpes nada.

⎯ Bueno... – observó a Claire con sus orbes completamente negros y luego a Nathan –. El director Collins te llama.

⎯ ¿Por qué no lo llama él? – preguntó Claire, alzando la vista. Ahora sólo sus mejillas estaban rojas.

⎯ Claire... – le susurró Nathan, en modo de reproche.

Luz de Luna [Virtus Lapidi #1] ✓Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora