Capitulo Sesenta y tres ||Promesa después de Navidad||

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Nathan

La primavera se había ido tan rápido como llegó para Nathan.

El tiempo parecía moverse veloz y sin dejar de reírse en su cara al llevar la ventaja en esa carrera que sentía estaba perdiendo. El verano había llegado y consigo su cumpleaños y la navidad, las cuales pasó en la Academia Lizbeth, porque no quería volver a su casa y sentir de nuevo la ausencia de su madre en ella. No lo soportó la primera vez, tampoco sería capaz de hacerlo nuevamente por mucho tiempo.

⎯ Te estaba buscando.

El viento sopló a su favor y, sin girarse, supo que se trataba de Leyla gracias a ese dulce aroma que le traía un sabor amargo en la garganta.

Las copas de los árboles se mecían suavemente y, en una de ellos, se hallaba una ardilla que escondía su nuez en un hueco en el tronco de este, para luego salir corriendo, desapareciendo de la vista de Nathan.

Escuchó cómo Leyla tomaba una silla desde dentro del castillo, para luego sacarla al balcón y sentarse junto a él.

En ningún momento despegó la vista del hueco que contenía las nueces de aquella ardilla y, si bien las veía, su mente no les prestaba verdadera atención. Por más que intentara distraerse para no pensar en ir a buscar a su madre, no era capaz. La tan sola idea de que su madre esté en manos de un sujeto que es temido por siete mundos le producía una sensación de vértigo, impotencia, pero por sobretodo rabia. Era tanta esa rabia que sentía en cualquier momento se lanzaría contra ese árbol para destrozarlo a puño limpio.

⎯ Feliz cumpleaños.

La miró.

⎯ No es mi cumpleaños - contestó seco.

⎯ Lo sé, sólo quería llamar tu atención - se encogió de hombros -. Y lo conseguí.

Respiró profundo y volvió su vista a aquel árbol con las nueces en uno de sus huecos, haciendo el esfuerzo de mantener la calma y no explotar.

Leyla suspiró.

⎯ No puedes seguir así, Nathan.

Él se giró lento para mirarla, con su vena del cuello hinchada.

⎯ ¿Sabes, Leyla? ¿Puedes callarte? No estoy de humor y no quiero reaccionar mal.

⎯ Pégame, si eso te hace sentir mejor. Pero aunque lo hagas eso no te traerá a tu madre de vuelta.

⎯ Leyla, por favor...

⎯ Si me vas a pegar hazlo. Ya te lo dije. Eso no la traerá de vuelta - lo desafió con la mirada.

Nathan tensó la mandíbula y apretó los apoyabrazos a tal punto que estos se rompieron salpicando astillas en el acto,

⎯ Cállate, que tú no entiendes nada - respondió con la mandíbula tensa -. No sabes lo que es perder a alguien que amas.

De pronto, su sangre se congeló y miró a Leyla con remordimiento, sin creerse lo que acababa de decir. Claro que Leyla había perdido a alguien amado, él mismo lo había visto. Pero eso no fue lo único, sino el cambio del brillo en sus ojos, los cuales mostraron la misma desolación y vacío que él veía cada vez que se paraba frente al espejo. Ella comprendía su dolor.

⎯ Créeme que lo sé...

⎯ Josh...

⎯ Aparte... mi mamá.

Nathan no fue capaz de mantenerle la vista a Leyla por más tiempo. Bajó la vista hacia sus manos ahora juntas.

⎯ Yo no quería...

Luz de Luna [Virtus Lapidi #1] ✓Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora