Capítulo Cincuentaisiete ||Un amigo de verdad||

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Claire

⎯ ¿Estás bien? - le preguntó a Jared, jadeante.

Claire, recobrando el aliento, se puso de pie apoyando las palmas de las manos sobre sus muslos. Quería alejarse prontamente de aquel animal muerto sobre la dura tierra que comenzaba a iluminarse luego de decirle unas palabras de despedida en latín.

De pronto sintió el característico cosquilleo que le indicaba que sus heridas comenzaban a curarse, sumado con algo más; algo que, oculta y embriagadoramente, comenzaba a hacerse paso por todas las inmediaciones de su cuerpo.

⎯ Sí, unos pequeños rasguños, nada más.

⎯ Déjame ver - se acercó a él.

Ya su cuerpo era movido por un hilo invisible, su razón no servía y su dolor se iba.

⎯ No es necesario. En serio, Claire, estoy bien.

⎯ Jared...

Claire sabía que no estaba bien, su poder se lo decía; su cuerpo vibraba con una embriagante y peligrosa sensación que le decía cuán lastimado estaba su amigo y cuánto necesitaba de su ayuda; cuánto necesitaba ayudarlo.

⎯ No te preocupes, Claire, en serio.

Cojeando, se acercó al cambia formas y no le dejó protestar.

⎯ No te puedo dejar así.

Jared no dijo nada más y eso reconfortó a Claire, porque no quería luchar contra su deseo de curarlo y tampoco deseaba invadir el espacio de Jared. Una batalla se estaba librando dentro de ella y no era capaz de darse cuenta de lo devastador que le podría llegar a ser.

Deseaba curarlo con toda su alma. No podía describir aquella necesidad, aquella obstinación suya, sólo podía caracterizar la gratificante sacudida que su cuerpo sentía al curar a los demás. Era como si se estuviera curando a sí misma.

⎯ Ya está - dijo.

⎯ Gracias - Jared miró a su alrededor y ella también, buscando lo que él, sin saber qué era -. Creo que perdimos a los demás.

Recién en ese instante Claire se dio cuenta que ambos se hallaban a la deriva, en un lugar desconocido y con los demás en quién sabe dónde. Comenzó a tiritar, presa del miedo.

⎯ ¿Cr-ees que estén bien?

⎯ Sí - le contestó sin vacilación Jared. Claire lo vio, abrazándose a sí misma -. Ninguno de los tres es débil. Yo temería más por los guardianes que por ellos.

Al ver a su amigo pudo darse cuenta de algo que no vio en mucho tiempo. Jared tenía poder, convicción y esperanza. Claire fue capaz de distinguir una luz en él, una luz que lo hacía único y especial: la esperanza hacia sus amigos y la convicción de que ellos estén bien, sumado con el poder que emanaba de él. Todo eso lo hacía ver como una estrella que iluminaba el camino hacia dónde se alojaba la esperanza y la promesa de algo mejor. Como la estrella que guió a los tres Reyes Magos hacia Jesús.

Sonrió hacia su amigo, con un cariño fraternal y real. Su miedo se esfumó.

⎯ Entonces, empecemos a buscarlos para terminar de una vez por todas con esta misión - le dijo a Jared, quien asintió con su usual entusiasmo.

Sin embargo, cuando Claire levantó su pierna dispuesta a caminar, cayó de lleno hacia el suelo, haciendo el penoso intento de frenar el golpe con sus brazos. Apenas sus manos tocaron la tierra sus brazos cedieron como gelatina raspándose en el acto, sin ser capaces de protegerla del golpe. Una vez en el suelo, sintió cómo la fatiga caía sobre ella y ejercía toda su fuerza al igual que la gravedad ya había hecho sobre ella.

Luz de Luna [Virtus Lapidi #1] ✓Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora