Capítulo Cincuenta y ocho ||Dicha||

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Claire

Una fuerte cachetada en su mejilla la despertó de un sobresalto. Miró a su alrededor captando la luz que ingresaba sin compasión por sus ojos, que de a poco se comenzaban a adaptar al cambio que había sufrido aquella isla con la llegada del sol. Reconoció de inmediato el aliviado rostro de Jared.

⎯ Pensé que habías caído en la maldición - suspiró, con una sonrisa que no daba cabida en su rostro, destacando aún más las bolsas oscuras que adornaban sus ojos debido al cansancio.

⎯ Al parecer no - se levantó del suelo, ya más recompuesta. Se tocó la mejilla.

⎯ Lo siento, es que entré en desesperación y...

⎯ No te preocupes - contestó interrumpiendo sus disculpas.

⎯ Será mejor que continuemos, a ver si encontramos a alguno. No deben estar lejos.

Claire se fijó mejor en su amigo y una risa se escapó de su garganta al ver la cartera que cruzaba su cuerpo.

⎯ No te rías, que es cómoda - se quejó el chico rubio.

⎯ Es inevitable.

⎯ No es gracioso, Claire.

⎯ Okey... okey... - aspiró una gran bocanada de aire y se enderezó. Apuntó la cartera - ¿Esa no es de Leyla?

⎯ Sí, la encontré en el suelo, justo antes de darme cuenta que te habías quedado dormida - le contestó -. Olfateé el aire y me di cuenta que no está tan lejos. Al igual que Nathan.

⎯ ¿Crees que estén juntos?

⎯ Sí.

⎯ ¿Hueles algo de Josh?

⎯ Nada.

⎯ ¿Intentaste volar y ver por sobre los árboles?

⎯ No tengo mucha energía como para... - de pronto, sus palabras se cortaron en profundos gruñidos que sacudieron a Claire en una repentina oleada de miedo.

Jared se tiró abruptamente al suelo. Se comenzó a retorcer y contorsionaba cada músculo de su cuerpo, alterando de pronto la tranquilidad del lugar.

Claire pegó un salto y se puso de pie, indecisa entre si acercarse o alejarse de su amigo.

Jared desgarró su ropa y piel. Surgieron garras largas y negras, luego uñas, garras, uñas, garras... Su nariz y boca se alargaban y luego volvían a su estado normal, así sucesivamente. Sus dientes crecían en punta, filosos y amenazadores, después volvía a la dentadura algo dispareja de Jared, e inmediatamente regresaban a amenazar, tan afilados como el de un animal carnívoro dispuesto a devorar a su presa. Su espalda se dobló formando un puente, quedando en cuatro patas. Las costillas sonaban como si se rompieran mientras gritaba desgarradoramente, con gruñidos intercalados. Su contextura comenzó a crecer entre jadeos y temblores. Sus brazos y piernas, apoyados sobre el suelo, se doblaron espantosamente, dejando sobresalir los huesos que crujían cada vez que cambiaban de posición. Jared no paraba de gritar, gruñir, temblar y jadear. Su cuerpo sudaba de una manera que Claire jamás creyó ver en su vida.

Quiso acercarse, lo iba a hacer, pero el repentino sacudir desenfrenado de Jared la hizo apartarse por un acto de reflejo.

Él gruñía al viento. Del cuerpo de su amigo, rubios cabellos cortos comenzaron a emerger. Cuando menos se dio cuenta, la mutación de su amigo terminó en un felino grande y tembloroso, que movió la nariz como si percibiese algo y, después de un par de penosos ensayos por emprender un viaje hacia no sabía dónde, salió corriendo internándose en el frondoso lugar.

Luz de Luna [Virtus Lapidi #1] ✓Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora