Capítulo Cincuenta y nueve ||Entre sueños y realidades||

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Jared

Los ecos del fuego al crepitar se extendían en el silencioso ambiente que les rodeaba y, por primera vez en su vida, el silencio a Jared no le incomodó en lo absoluto.

No era capaz de cesar las imágenes de su abuelo y padres.

Aún podía escuchar sus palabras de amor, sentir sus cálidos cuerpos rodearlo con ternura. Todo se había sentido tan real que volver a aquella isla, fría y húmeda, lo dejó con una sensación amarga pero, aunque suene extraño, un tanto agradable.

El sonido de una garganta carraspear lo sacó de su ensimismamiento al igual que a los otros tres de sus compañeros que, al parecer, habían experimentado algo semejante a lo que él había visto. Al levantar la mirada vio a una ceñuda Claire que apretaba sus piernas hacia su torso, mientras los miraba a todos con un leve rubor en sus mejillas.

⎯D-disculpen, p-pero, ¿cómo regresaremos a la Academia?

Por inercia, fijó su vista en Leyla, al igual que el resto del grupo y, la chica, al darse cuenta que todos la veían, se enderezó. Jared no sabía cómo fue capaz de darse cuenta, puesto que se hallaba con la vista vendada.

⎯Tendremos que partir rápido por obvias razones y apenas pongamos un pie fuera de la ciudad de Luna nos estarán esperando, eso es seguro. Así que no nos deberíamos preocupar de cómo llegar a la Academia, sino de cómo saldremos de aquí – se quedó callada unos instantes, como si estuviera meditando lo que fuera a decir –. Será mejor que descansemos un poco y después nos ponemos en marcha. ¿Alguno de ustedes puede ocupar sus poderes?

⎯No – contestó de inmediato Claire.

⎯No – dijeron finalmente los tres restantes, incluido él, después de hacer el fallido intento de evocarlos.

Leyla no dijo nada más y el silencio volvió a envolverlos, o hubiera sido así de no ser por Claire quien, con mucho esfuerzo, entablaba una conversación con Nathan quien le contestaba con monosílabos o asintiendo y negando de vez en cuando.

Jared escuchaba sintiendo la necesidad de hablar con Claire para que ella tuviera con quien conversar y, de paso, dejara en paz a Nathan quien parecía necesitarlo más que nadie. Sin embargo, estaba en un estado de letargo que le imposibilitaba decir palabra alguna. En cambio, al parecer leyendo sus pensamientos, fue Josh quien irrumpió en esa forzada plática, impresionantemente, a favor de Nathan justificando su mutismo con lo que acabó de ver, explicando lo que él mismo había experimentado; a su padre.

Escuchar la historia de Josh lo hizo despertar de su aturdimiento. Además, el hecho de que Leyla se materializó a su lado, de la nada.

Por un momento vio a la menuda criatura junto a él, sin embargo, la atención no le duró mucho en ese punto puesto que la narrativa del albino lo atrapó.

No entendía por qué habían visto aquello, se cuestionaba, ¿por qué la esencia de Luna hacía ver eso?, ¿qué quería decir? Aquellas interrogantes, sentía él, sólo serían respondidas si Nathan y Leyla se abrían y les contaban lo que habían vivido en aquel sueño despiertos, pero ninguno de los dos se veía dispuesto a confesar, es más, parecían reacios a decir palabra alguna.

No los presionaría, pues sabía que cada uno tendría sus razones.

Miró a su compañera de puesto mientras Josh continuaba diciendo, después de su relato, lo lúcido y real que se veía su padre en aquel sueño y cuanta pena le daba no ser capaz de verlo y cómo un vacío se creaba en su interior. La azabache estaba con la cabeza gacha y las manos entrelazadas entre sus piernas abiertas. Leyla parecía meditar las palabras de Josh, o eso se veía a simple vista, pero el indicio que le dijo que no era así fue una pequeña lágrima que escapó del ojo izquierdo de la chica.

Jared, en completo silencio y sin que nadie se percatara, posó su brazo sobre los hombros de Leyla acercándola levemente hacia sí.

Leyla no se movió ni mucho menos levantó la vista, pero la aparición de una pequeña sonrisa le dio la señal a Jared que su amiga había aceptado aquel gesto de apoyo y, como sospechaba, lo necesitaba.

Al alzar la vista se encontró con los ojos de Nathan puestos sobre la chica a su lado. El muchacho le regalaba una sonrisa triste cargada de significado a Leyla; una sonrisa de la cual de seguro ella no era consciente, ni lo sería.

Jared hizo una mueca que nadie logró ver, sabiendo que lo que sea que estuviera pasando entre ellos dos no terminaría bien, sin embargo, decidió no entrometerse y dejar que ellos mismos se dieran cuenta de eso por si mismos.

Siguió escuchando como Claire y Josh conversaban sobre su experiencia bajo la influencia de la ilusión creada por la deidad del pueblo, para cuidar su esencia en Sickaena.

⎯Yo recuerdo cómo todo era negro... era como estar durmiendo...y ese destello. A medida que me acercaba mi corazón se sentía tan... bien – hizo una pausa mientras sonreía al suelo. Levantó la cabeza, viendo a Josh –. Nunca me había sentido tan bien en toda mi vida.

⎯¿Y cómo es la esencia de Luna? – soltó Jared, guiado por la curiosidad.

Todos prestaron atención a Claire, incluso la no vidente de Leyla, quien parecía poder verla mejor que todos en ese lugar.

⎯Es una piedra ovalada – respondió sin más.

⎯¿Nada más? – inquirió Josh.

El silencio y la expectación los cubrió en la medida que Claire meditaba y, cuando al fin obtuvo una respuesta, ya todos tenían sus sentidos puestos en ella; no todos los días se podía tener en sus manos la esencia de una deidad.

⎯Tiene un destello pálido y es totalmente blanca. Fuera de eso, nada más.

⎯¿Es fría? – preguntó Josh.

⎯Sí, ahora que lo recuerdo, estaba helada cuando la tomé – respondió – ¿Por qué?

⎯No, nada, por curiosidad.

⎯¿Y por qué es tan importante una piedra? – dijo de pronto Nathan – ¿Qué la hace tan especial?

Por inercia, o quizá costumbre, todos miraron a Leyla quien después de unos segundos en los que al parecer no se había dado cuenta que era objeto de todas las miradas se encogió de hombros y dijo:

⎯Porque es la acumulación de su poder mientras estuvo en vida, y antes de que me preguntes ⎯ interrumpió a Nathan ⎯, Luna antes era como nosotros, sólo que en vida alcanzó el tope de su poder. Pocos son capaces de hacerlo y cuando lo hacen, algunos deciden mantener ese poder, mientras otros lo depositan en una piedra como la que tenemos nosotros y viven los años que les restan sin ellos. Lo que hizo Luna fue alojar todo su poder en la piedra de luna, la escondió y cuando murió se transformó en una deidad. Los guardianes fueron creados, al igual que sucede con todos los desafíos que resguardan a la piedra, por los poderes de ella cuando Luna ascendió a deidad. Desde ese entonces su piedra, la piedra de luna, está unida a otras piedras de luna.

Jared la sentía ligeramente tensa. 

⎯Bueno – aplaudió Josh –, será mejor que descansemos, porque mañana debemos estar repuestos para buscar una salida.

Jared soltó a la azabache y tomó tierra entre sus manos dispuesto a apagar la fogata cuando la voz de Josh lo detuvo:

⎯No, déjala encendida – dijo –. Ya está empezando a caer la helada.

⎯Josh, ¿qué haremos con la esencia de Luna? – soltó de pronto Claire, quien había dicho lo que Jared pensó.

Se produjo un silencio incómodo.

⎯Cuando lleguemos a la ciudad de Luna lo veremos – contestó Leyla por el albino, para luego cambiar rotundamente de tema: –. Vengan por sus sacos de dormir.

Luz de Luna [Virtus Lapidi #1] ✓Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora