Un pasado rodeado de muerte, un presente prometedor y unos poderes magníficos que no desea ocupar, Leyla se enfrenta a un infiltrado que amenaza con su vida y con la de quienes ama.
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Los siete mundos se encuentran unidos y tienen un pasado en...
⎯ ¿Abuelo? ¿Mamá? ¿Papá? – preguntó Jared, sin poder creer lo que sus ojos le mostraban.
Se puso de pie sin hacer memoria de que hace pocos segundos atrás estaba sobre la espalda de Claire, convaleciente.
Sus pasos eran torpes por la inestabilidad emocional que estaba sintiendo. No quería llorar, no quería que aquel sueño le hiciese derramar lágrimas, sin embargo, una vez estuvo frente a esas tres figuras tan importantes para él, una vez que los tocó y sintió su calor, su carne, su vida, no pudo evitar derramar todas las lágrimas que había contenido.
⎯ No llores, mi pequeño valiente – le dijo su abuelo, palmeando bruscamente su espalda con aquellas callosas y grandes manos del mecánico que alguna vez fue.
⎯ No llores, Jared – le dijo su madre, con lágrimas en sus dulces ojos de niña –, que a mí también me entran ganas de llorar.
⎯ No, no, mamá, no llores – se secó las gotas que caían de su rostro con el antebrazo –, ¿lo ves?, ya no estoy llorando.
⎯ No sabes cuánto te extraño, mi niño – expresó ella, con una sonrisa cargada de nostalgia –. Me gustaría estar contigo.
⎯ A mí también me gustaría – se sinceró –. P-pero, ya no están...
Decir aquellas palabras sólo lo hicieron ser aún más consciente de su realidad; ellos no volverían. Eso lo destrozó, haciéndole sentir aquel vacío que con tanto esmero había logrado sobrellevar. Jamás aceptaría sus muertes, jamás. Sin embargo, podía vivir sabiendo que siempre lo amaron, incluso hasta en el último momento de sus vidas.
Con un gran dolor en su corazón los abrazó a los tres, descansando sobre ellos debido a su gran altura. Incluso su padre, hombre de pocas palabras y renuente del afecto, le devolvió el abrazo con una sonrisa.
Aquel momento fue el que siempre soñó cuando era un niño, poder estar con sus dos padres y a con su abuelo, todos juntos. Sólo que ahora no tenía a su abuelo como él hubiera querido, y sus padres realmente no estaban ahí. No obstante, aun así, disfrutó de aquel especial y único instante junto a ellos.
⎯ Los amo...
Una vez estuvo despierto, fue consciente de la pequeña lágrima que se escurrió lejos de su lagrimal, para luego fugarse por completo de su rostro.
Jared no podía dejar de darle vueltas al mismo asunto, no porque le pareciera extraño, sino que, como con todo sueño del que se quiere tener recuerdo, lo rememoraba paso a paso para así no olvidarlo.