Capítulo 20

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Íbamos caminando cuando algo en su oreja me llamó la atención me acerque y vi que tenía una cicatriz en el cartílago.

—¿Qué te pasó?—pregunté con el ceño fruncido.

—Antes de que entrara a la universidad tenía el piercing transversal, un día que me desperté no me di cuenta que se enredó en la almohada y me levanté, como no había cicatrizado bien me rompí el cartílago, por eso tengo la cicatriz—dejó de caminar para que pudiera verla bien.

—Vaya que dolor, me imagino que te salió mucha sangre ¿no?

—Sí, fue horrible manché una cobija blanca y mi mamá me regaño dos días seguidos por eso—ambas reímos—¿tú no te has hecho un piercing?

—No, le tengo miedo a las agujas, lo que me quiero hacer es un tatuaje—me miró con una sonrisa de confusión—raro ¿no?

—Sí, un poco—sonrio divertida.

Ya eran las 12:50 y decidimos volver a las cabañas para encontrarnos con los chicos e ir al lago, todos estaban afuera al parecer solo nos esperaban a nosotros.

—Que bueno que llegan, pensamos que se las habían llevado—dijo Leo riendo.

—Cómo crees, solo fuimos a dar una vuelta.

—Bueno ahora que ya estamos todos aquí vamos a la laguna—dijo Kristen.

Todos íbamos de dos en dos, hasta adelante iba Zac y Leo, esos chicos parecían niños pequeños, después Kristen y Flor que se iban riendo de algo que no tenía ni idea, después Neidan y Daniel que iban abrazados, hace un mes ellos habían confirmado su romance y se habían vuelto más cursis que antes, al final la castaña y yo, estábamos con nuestras manos entrelazadas, ella y yo no habíamos confirmado nada todavía pero los chicos nos tomaban como si ya fueramos pareja y por mí estaba bien.

Ya habíamos llegado al lago y era muy grande e increíble.

—Oye ¿si está permitido nadar aquí?—le pregunté a Neidan, no quería que nos metieramos en problemas.

—Claro, mira ven, acá hay un letrero—nos acercamos a un letrero un poco viejo que tapaba las ramas de los árboles. Decía que estaba permitido nadar, pero que era un poco profundo que debíamos tener cuidado.

Zac y Leo se aventaron primero y con ropa, los demás los seguimos no nos quitamos la ropa solo los tenis y nos metimos.

—No se nadar muy bien—confesó la castaña mientras me agarraba del brazo.

—¿En serio?—pregunté con una sonrisa.

—Sí, nunca me enseñaron mis papás y ahorita es difícil que aprenda—exclamó un poco apenada.

—Hey no te preocupes, yo tampoco sé nadar muy bien, no te avergüences—en realidad si sabía nadar bien, mi papá me enseñó desde que era niña, pero no quería que la castaña se sintiera menos por ese pequeño detalle.

Estuvimos un rato más ahí, después ella y yo salimos a la orilla, mientras los chicos seguían dentro del lago.

—Tengo un poco de frío—dijo temblando.

—Ven—la tomé de la mano y la lleve a donde estaban las mochilas, ninguna de las 2 trajimos más ropa o una toalla pero había un suéter que le podía servir a la castaña—toma, ponte este suéter.

—¿De quién es?

—De Neidan.

—¿No crees que se enoje por tomar su suéter?

—No, él es un amor, pontelo—dije ayudando a ponérselo, ya no estaba mojada su ropa solo estaba húmeda por lo que no iba a mojar mucho el suéter.

Había unas bancas de madera donde habíamos dejado las mochilas y daba el rayo del sol ahí, la castaña se sentó pero yo fui a avisarle a Neidan que habíamos tomado su suéter, dijo que no había problema y me regrese con la castaña, estaba revisando algo en su celular.

—¿Te puedo hacer una pregunta?

—Claro—afirme sentándome al lado de ella.

—¿Tú hablas con más chicas desde que estás conmigo?—me miró con un poco de miedo esperando mi respuesta.

Esa pregunta no me la esperaba, pero la respuesta era simple.

—No, antes no hablaba con chicas ¿por qué lo haría ahora? Contigo estoy mejor que nunca y no pienso echar a la basura todo solo por otra chica—asegure mirándola a los ojos.

—Eres increíble.

—¿Tú hablas con más chicas?—pregunté alzando mis cejas, ella sonrió.

—No, tú eres la persona que me hace feliz, no necesito a nadie más.

—También eres increíble—le di un pequeño beso que después se intensificó más pero nos separamos cuando los chicos venían para donde estábamos nosotras.

—Tengo hambre, son las tres de la tarde—dijo Daniel.

Todos estábamos de acuerdo con él, por lo que fuimos a ducharnos para ir a comer a un pequeño restaurante que estaba cerca de ahí. Salimos de las cabañas a las cinco y llegamos hasta las diez de la noche, porque a Neidan y Zac se le ocurrió ir a a una plaza a pasar el rato ahí, todos estábamos exhaustos y llegamos directo a nuestras cabañas.

Ella Donde viven las historias. Descúbrelo ahora