122.LA LARGA NOCHE 4ªPARTE

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Bueno, pues aquí está el capítulo oscuro. Omitid este capítulo, niños y niñas. Pero con este capítulo no termina el especial, aún quedan un par de partes más de la larga noche.

Todos los personajes y la historia pertenecen a Kohei Horikoshi y Masashi Kishimoto

—¡HAZME CASO, KATSUKI BAKUGO! ¡NO VAYAS!—

—¡SAL DE MI PUTA CABEZA!—gritó Bakugo cegado de ira, golpeando su frente en la tierra para ver si así la voz desaparecía desaparecía.

Bakugo jadeó tratando de calmar su respiración acelerada. Un hilillo de sangre salía del centro de su frente fruto del terrible golpe que se había infringido así mismo contra la tierra. La locura de golpearse la frente surtió efecto ya que no volvió a escuchar la voz en el minuto que estuvo parado esperando por si reaparecía. La fiebre, el mareo y la debilidad también se esfumaron por arte de magia.

—Mucho mejor.—pensó en voz alta Bakugo.—Espérame solo un poco más, Uraraka. Voy a por ti.—

A pesar de la lluvia torrencial, Bakugo corrió y corrió en dirección al bosque rodeado por un círculo en el mapa de Jiraiya. El rubio ceniza tardó cerca de una hora en llegar hasta allí. Y estuvo otra media hora dando vueltas por el bosque hasta dar con la cantera abandonada. Y hubiera tardado mucho más en descubrir la ubicación de la mina, por la pésima visibilidad que había por la climatología, de no ser por una extraña y débil luz que divisó. Cuando se acercó a esa extraña luz, descubrió que su origen era el de una hoguera en la entrada de una cueva con raíles en el suelo. 

Había hallado la cueva abandonada. Aunque no estaba abandonada. Dos hombres estaban cerca de la hoguera para protegerse del frío de la noche lluviosa. Estaban sentados y armados hasta los dientes. No estaban muy por la labor de vigilar que aparecieran intrusos ya que su atención estaba en el fuego de la hoguera. Ambos hombres la miraban en trance mientras se frotaban las manos.

—Vaya tiempo de mierda ...—comentó uno de ellos.—Que mala suerte tenemos. Justo nos toca hacer guardia cuando llueve más. ¿Recuerdas alguna noche más lluviosa que ésta, Zink?—

—Deja de quejarte tanto, Shou.—replicó Zink, ignorando la pregunta de su compañero.— Que nos pagan un pastizal por no hacer nada.—

—Siendo la alegría de la huerta como siempre ...—dijo sarcásticamente Shou.—Solo de pensar que aún me quedan 3 horas de guardia contigo. Me dan ganas de cortarme las venas.—

—Nadie te lo impide.—dijo Zink, con una mueca. 

Bakugo, viendo que la conversación entre esos dos hombres terminaba, se debatió internamente entre interrogar a esos dos hombres o internarse sigilosamente al interior de la cantera. 

El corazón le decía que debía sacarle a golpes a esos dos todo lo que supieran de Orochimaru y sus experimentos. Pero la cabeza le decía que sería más prudente no llamar la atención aún. No sabía cuanta gente habría dentro. Y tampoco sabía la fuerza de esos dos guardias. 

Se decantó por comportarse como un ninja y entrar sigilosamente a la cantera. En caso de que no hubiera nadie dentro, siempre podía tener una conversación con sus puños con esos guardias más tarde.

Por primera vez, puso en práctica lo aprendido en las clases de sigilo que recibió en la academia de ninjas un par de años atrás. Como un araña se movió por las paredes de la mina hasta trepar al techo. Los guardias ni se olieron que acababa de entrar un intruso encima de sus cabezas. Eso hizo pensar a Bakugo que lo más probable es que ese par no eran muy fuertes. Bakugo estuvo unos metros caminando por el techo hasta que, al voltear la cabeza y darse cuenta que Zink y Shou estaban fuera de su vista, decidió aterrizar en el suelo de la cueva.

Katsuki Bakugo en KonohaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora