017.LAS KUNOICHIS

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Todos los personajes y la historia pertenecen a Kohei Horikoshi y Masashi Kishimoto

Un joven Katsuki Bakugo de 10 años, aunque en realidad ha vivido más de 20, camina por el bosque para relajarse. Llevaba más de un mes de duro entrenamiento , después de ver a Rock Lee, sin descanso alguno y su cuerpo le pedía un día de no hacer nada. Ni siquiera realizaría su hobby de escalar, estaba muerto de cansancio.  

En un campo de flores, el rubio ceniza vio a las niñas de su clase prestando atención a su profesora.

—Que extraño ... Juraría que hoy no había clase ... Además, solo hay chicas. —pensó Bakugo con el ceño fruncido. 

Bakugo se acercó a las kunoichis con las manos en sus bolsillos, quería saber de que trataba ese asunto. El niño daba la nota con respecto a las demás, y no solo por ser un varón. A diferencia de la elegancia de las niñas con vestidos de la época feudal de Japón, Bakugo vestía una camiseta negra con una calavera en el centro.

—Las kunoichi tienen que desempeñar un rol especial. No solo deben aprender Jutsus ocultos, sino también otros conocimientos y refinamientos como mujeres. Si no conseguís mezclaros en el territorio enemigo adoptando las costumbres de sus mujeres, nunca conseguiréis tener éxito como espías. —explicó una kunoichi con gafas con una bandana con el símbolo de la hoja. —En todo caso, la clase de hoy es de arreglos florales. También conocido como Ikebana. Ahora todas salid al campo y recoged flores que sean peculiares.—

—Sí, sensei. —dijeron todas las niñas a la vez.

—Pfffff. Vaya bobada más grande. —comentó Bakugo a lo lejos apoyado en un tronco.

—¿Quién eres tú? —preguntó la profesora.

—No le haga caso, sensei. Se llama Bakugo. Es un bobo de nuestra clase. Es tan torpe que ni siquiera sabe hacer Ninjutsus o Genjutsus. —explicó una niña rubia llamada Ino Yamanaka. 

El resto de niñas rieron por el comentario de Ino, salvo Hinata que miraba con compasión al chico.  Bakugo rodó los ojos y soltó un resoplido, pero se calmó al tocar su colgante que le recordaba a Mikoto.

—¿Que haces aquí, jovencito? —interrogó la sensei a Bakugo con un dedo acusador. —¡Esta clase es para futuras kunoichis, no para shinobis! Aunque por lo que ha comentado Ino, no creo que vayas a convertirte en uno.—

—Tsk. —masculló Bakugo reprimiendo las ganas de insultarla. —Esto es un país libre, estoy en mi día libre y hago lo que quiero, vieja. —

—¿Vieja? ¿Acaso tus padres no te han enseñado modales? —preguntó la sensei.

—No tiene padres. Es huérfano. —volvió a explicar a Ino. —No es de extrañar, con esas pintas que lleva. —

—¡Perra rubia, te estás pasando! ¡No creas que porque seas una chica no te voy a dar la paliza que te mereces!—amenazó Bakugo con el puño en alto.

—¡No le hables así a mi amiga, baka (idiota)! —gritó una niña con el pelo de color rosa llamada Sakura Haruno.

—¿Qué cojones significa baka, frentona? ¡Al final cobrarás tú también! —Bakugo había perdido la paciencia y se dirigió con paso decidido a la multitud de niñas. 

Ino se puso delante de Sakura para protegerla de Bakugo, pero fue la maestra la que se interpuso colocándose enfrente del rubio ceniza

—Más te vale irte de aquí, si no quieres que avise al Hokage. —amenazó la sensei.

Bakugo la miró entrecerrando los ojos con odio. No le apetecía ver a Minato, que era una de las personas a las que más odiaba en el mundo, ya que aún tenía fresco el recuerdo de que ocultaba algo sobre la matanza de Itachi. Así que se contuvo de decir lo que quería decir y se dio la vuelta. No muy lejos de allí, divisó un árbol ideal para apoyar la espalda y echarse una siesta.

Katsuki Bakugo en KonohaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora