55.SECRETOS

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Lo prometido es deuda. Os prometí que hoy tendríais otro capítulo y aquí lo tenéis. Intentaré traer este fin de semana un nuevo capítulo. Un abrazo a todos y a todas.

Todos los personajes y la historia pertenecen a Kohei Horikoshi y Masashi Kishimoto

Antes de que la serpiente huyera con los cadáveres de Kin y Zaku en su interior, pudo devorar parte del estómago de Dosu y rasgar el brazo izquierdo de Bakugo con su colmillo.

Bakugo, que suspiraba aliviado de no enfrentarse a la bestia, se centró en Dosu que estaba despierto tumbado en la tierra. Parecía entero salvo por el pequeño detalle que le faltaba medio estómago y estaba a punto de morir desangrado.

—Joder... —maldijo Bakugo. —Momia, quédate quieto mientras intento detener la hemorragia. —ordenó acercándose y posando sus manos en el ensangrentado costado del genin del sonido.

—¡Apártate! —empujó de malos modos Dosu al rubio ceniza.

—¡No seas imbécil! ¡Esto me gusta tan poco como a ti, pero tengo que hacer esta mierda para que no mueras!—dijo Bakugo.

—¡Preocúpate de tus asuntos y déjame en paz! —siguió en sus trece Dosu.

Bakugo le miró un instante y resopló con fuerza.

—¡Bah! Es tu jodida vida, si quieres morir en un lugar tan lamentable, allá tú. Debí imaginar que eres un perdedor que se rinde ante cualquier adversidad—dijo Bakugo, esperando que la psicología inversa funcionara y aceptara su ayuda.

—No me estoy rindiendo. Solo aceptando la realidad. —respondió Dosu mirando al cielo, tendido en el césped del bosque maldito.—Voy a morir aquí, cuanto antes lo acepte mejor.—

Viendo que era inútil hacerle cambiar de opinión, se fue a unos metros de Dosu y empezó a cavar un hoyo con sus manos.

—¿Qué haces?—preguntó Dosu, que seguía con la mirada puesta en el cielo, pero su oído seguía igual de fino que siempre.

—¿A ti que te parece? —dijo sarcástico. —Pues cavar una puta tumba para tu estúpido cadáver. —respondió Bakugo, ignorando el dolor que sentía en el hombro al cavar.

—Déjalo, mocoso. Me he alimentado toda mi vida de animales. Es justo que ahora que muero se alimenten ellos de mi. —razonó Dosu.

—Como quieras. —dijo Bakugo, deteniéndose.

Se acercó al genin del sonido que yacía tumbado y le miró con una pequeña pena y tristeza. Sentía una incomprensible culpa por la situación en la que se encontraba Dosu. Si no les hubiera perseguido, el genin del sonido podría haber esquivado el ataque de la serpiente y salvar su vida y la de sus compañeros

—Cof, cof. —tosió sangre Dosu, empezando a empeorar bastante de su salud. —¿Vas a quedarte ahí parado hasta que me muera?—preguntó con ironía.

—Quiero asegurarme que no me vas a tocar los huevos más. —mintió Bakugo para no mostrarle sus remordimientos. — Así que muérete ya. —replicó

Dosu tumbado, observó con detenimiento la imagen de Bakugo. Estaba echo un asco. Sangre seca, pus, barro, la propia sangre de Dosu al tratar de detener la hemorragia y una extrema palidez anormal adornaban la piel del rubio.

—Cof, cof. Ahora entiendo más la pregunta que me hiciste sobre si vi a algún experimento que no parecía ser de este mundo. —Bakugo le miró con atención. Se había olvidado que el motivo de su persecución, además de para impedir que atacaran a sus compañerso, era obtener información de los experimentos de Orochimaru. —Cof, cof, me hiciste esa pregunta porque tú mismo no provienes de aquí. Y no lo digo solo por tu resistencia anormal y esas extrañas explosiones. Tu actitud no es ... cof, cof ... propio del mundo ninja. Después de intentar matarte a ti .... cof, cof ... y a tus compañeros y después de torturarte, ... cof, cof has intentado salvarnos y te has preocupado por cavarme una tumba.—

Katsuki Bakugo en KonohaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora