45.SOBREVIVIR

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Todos los personajes y la historia pertenecen a Kohei Horikoshi y Masashi Kishimoto

El rubio ceniza no sabía como ni cuando había pasado, pero se encontraba en una situación peliaguda. Las ramas de los árboles, como si de un cuento se tratara, habían cobrado vida y sujetaban cada extremidad de Bakugo con fuerza impidiendo que se pudiera mover. Veía aterrorizado como Orochimaru se aproximaba a él blandiendo su Kusanagi.

—¿Por qué estás tan asustado, Bakugo-kun?—preguntó con un tono de voz horripilante que causó escalofríos al rubio ceniza. —No tienes por qué estarlo. Tus amiguitos ya no me sirven como experimentos. Pronto te harán compañía. ¡MUERE!—Orochimaru extendió su brazo a punto de rebanar la cabeza al rubio ceniza.

—¡QUÉ TE JODAN! —se despertó Bakugo de la pesadilla con un grito. Estuvo un instante extrañado al no ver a Ororchimaru, pero no pudo pensar mucho en ello ya que un dolor agudo en el hombro le devolvió a la realidad. —¡AAAAAAAH!—gritó Bakugo girando su rostro al origen del dolor. Tenía un agujero con un diámetro de tamaño de una gran canica en el hombro derecho. La carne de alrededor del agujero se le había infectado y muestra de ello era el pus que estaba brotando de allí —Joder, esto no tiene muy buena pinta.—

Bakugo no era un experto en medicina, pero sabía que para las infecciones lo mejor es aplicarse agua limpia y alcohol en la herida. Descartó la posibilidad del alcohol ante la imposibilidad de encontrarlo en mitad del bosque de la muerte. Con su brazo izquierdo y moviéndose lo menos posible para evitar sentir dolo en su hombro derecho, buscó y encontró la cantimplora que tenía en su porta-kunais. Apenas le quedaba menos de un cuarto de la capacidad máxima que tenía la 

—Tsk. —masculló molesto Bakugo. Al ver la cantimplora su cerebro le recordó que estaba sediento. Tenía un dilema, o aplicar el agua en su herida o beberse el contenido. Optó por lo segundo. —Prefiero que se me pudra el brazo a morirme de sed. —pensó en voz alta el rubio.

Sin embargo, aún creía que tenía solución lo de su brazo. Debía aguantar lo suficiente hasta que se terminara el examen y los médicos le pudieran tratar la herida. Así que se puso como primera tarea, de su lista mental, la de encontrar un río o con suerte algún pequeño lago, la segunda sería encontrar a Ororchimaru y la tercera volver con sus compañeros.

Al levantarse del suelo reprimió un quejido por el dolor agudo que volvió a sentir en su zona lastimada. No solo tenía que procurar mantener inmóvil el brazo derecho, sino que también debía control el clima para no sentir dolor. Cada brisca de viento era como una aguja que le perforaba el hombro. Y encima de todo las tripas de Bakugo empezaron a rugir por el hambre. Bakugo no sabía cuanto había estado durmiendo, pero mínimo más de doce horas, ya que cuando se enfrentó a Ororchimaru estaba atardeciendo y ahora el sol estaba justo en su punto más alto.

—Esto es un puta mierda. —resumió su situación Bakugo acertadamente.

El orden de tareas de su lista mental cambió con este nuevo acontecimiento. Ahora lo primero que tenía que hacer era encontrar comida, ya que por desgracia no llevaba nada consigo. Vio a su espada, Kubikiribōchō, en el fango a unos metros de su ubicación. Bakugo pensó que se le debió soltar en la pelea contra Orochimaru, pero no recordaba muy bien como pasó. A decir verdad no recordaba casi nada de la pelea. Su mente solo conservaba con nitidez las palabras que pronunció Ororchimaru.

¿No me digas que eres uno de ellos, Bakugo-kun? Uno de los que ha venido de otro mundo.

Tú no me interesas. Ya tengo a bastantes como tú de experimentos. Alguno que otro incluso más interesante que tú.

La próxima vez que nos veamos te pondré junto a mis preciados experimentos y así no te sentirás tan solito. Hasta la vista, Bakugo-kun.

Katsuki Bakugo en KonohaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora