12 || Uniformes escolares

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La mañana del domingo pudo ser como hasta ahora, con estudiantes en pijama por los pasillos cargando un café y libros de camino a avanzar con sus proyectos y tareas pendientes, pero no.

Eran las diez de la mañana y lo único que quería era volver a dormir hasta el mediodía.

Había bajado a desayunar junto con Carson, quien ya vestía de manera más decente, su ropa deportiva le daban un mejor aspecto que el mío, en cuanto a mí los pantalones que pertenecían a mi pijama gris y una camiseta con el logo de AC/DC eran mi forma de decir que no tenía el ánimo suficiente como para cualquier cosa que no fuera dormir. En cuanto termine mis tostadas y él sus waffles los parlantes se abrieron para citarnos en la sala de juntas.

Cuando entramos el pelirrojo se me perdió de vista y comencé a buscar asiento por mi cuenta. Termine sentado dos filas antes del frente junto a un grupo de niñas mucho menores que yo, tal vez de la edad de mi hermana.

Recargue mi cara contra el respaldo delante mío y cerré los ojos por unos segundos.

Debo aclarar que no me estaba quedando dormido por desvelarme viendo series hasta las cuatro de la mañana, solo estaba comprobando la comodidad del mobiliario.

Un golpe a mi nuca hizo que me levantara con rapidez para ver con mala cara a quien lo había hecho. Claro que la mirada asesina no me duro ni tres segundos cuando la vi parada frente a mí riendo.

—¿Puedo sentarme?

—Adelante —volví a recargarme en el respaldo, esta vez de mi asiento.

—Dime Alek, después de la junta ¿iras a un desfile de moda? —veía con atención desde mi despeinado cabello hasta mis calcetas con dibujos de borreguitos con ironía.

— ¿Te gustaría acompañarme Dhara? —dije con el mismo tono que ella había usado.

—No sé si soy digna de tan alta costura —soltó una pequeña risa que me hizo sonreír.

Guardamos silencio por unos segundos, en los que yo aproveche para mirarla con detenimiento, traía puesto unos mayones ajustados que daban la impresión de ser térmicos por su grosor, acompañados de una sudadera bastante holgada del mismo color —negro— y unas pantuflas. Sin duda ella también estaba en pijama. Solo que se veía mucho mejor que yo.

—Pero admito que me encantan tus calcetas —retomo señalándolas con la mirada.

—En realidad no son mías —acepte mientras una repentina nostalgia intentaba entrar a mi cabeza—. Mi hermana menor, Alina, me las regalo la última vez que la vi.

—No es verdad.

Lo dijo con una seguridad que me descoloco de mis ideas un momento. La mire extrañado.

—Digo que no es verdad, porque la última vez que la viste estabas en el hospital, y yo platique con ella, nunca comento que trajera un regalo, de hecho se lamentó por llegar con las manos vacías —aclaro.

—¿Hablaste con mi familia? —no pude evitar sonar sorprendido.

—Un poco —admitió agachando la mirada.

Pensaba seguir la conversación, pero unos golpecitos al micrófono hicieron que la atención de todos en el lugar se posara en nuestro director parado junto al pódium. En verdad, ¿Qué les pasaba a las personas?, el señor ya tenía puesto un traje negro y hasta tenía cara de amabilidad.

¿Cómo hacen eso? Yo nunca he podido.

No tenía idea del porque estábamos aquí un domingo tan temprano, de hecho la noche anterior pensé que con la policía en el internado todo podría ser más fácil, hasta pensé en dejar mi complejo de súper héroe pero luego me dije:

Infiltrados Donde viven las historias. Descúbrelo ahora