39 || Daga

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RAVEN

He visto a estos dos convertirse en todo tipo de personajes, pero ser sastres es algo nuevo. Alek está sobre una plataforma redonda mientras que Sander toma las medidas de su saco, Asher tiene las capas de protección sobre la mesa, pero las tijeras en su mano están más intencionadas en clavarse en sí mismo para terminar con su aburrimiento que en cortar en las medidas que su hermano le da.

Cada cierto tiempo volteo hacia la puerta de la habitación, sé que al otro lado Conrad se está ocupando de revisar cada arma con detenimiento, necesitamos que todo funcione a la perfección para evitar inconvenientes de último minuto. El día que llegue a esta época no imagine que ocurriría nada de esto, sin embargo aquí estoy, frente a una leyenda viviente.

¿Qué pasaría si le cuento más de su futuro? Si escucha lo que sucederá a cierta edad, lo mucho que le dolerá al mundo, a su familia, pero que su ejemplo permanecerá durante generaciones hasta llegar a nuestra más reciente líder.

—¿Crees que alguien lo note? —me pregunta Sander haciendo referencia al recubrimiento que ha puesto dentro del saco de Alek.

—Espero que no.

—Ojala sirva de algo —dice Asher jugando con las tijeras—. Porque siendo realistas, si Damon le dispara no será al pecho o al corazón. Le dará un tiro limpio en la cabeza.

Alek traga ruidosamente. Y quisiera decirle que no hay nada que temer, pero le estaría mintiendo.

—¿Tan peligroso es?

—Más que cualquier otro ser humano que haya tocado la tierra.

La preocupación se cuela en su mirada y todos nos detenemos al notar la comprensión en su rostro, teníamos claro que esta conversación llegaría pronto, pero Alek es muy apegado a sus seres queridos y el momento en que Damon se acercó a Alina las piezas se acomodaron automáticamente, esto ya no solo se trataba de él.

—¿Ya tienen un plan? —su pregunta tanteo el terreno, en busca de la forma más tranquila para llegar al punto del que realmente quería hablar.

—Estamos trabajando en eso.

—Pero, cuando lo tengan van a decírmelo, ¿cierto?

—Harler, no necesitas hacer toda una introducción para expresar tu preocupación por Alina, en todo caso solo dilo —la desesperación de Asher era notable, nunca le gusto que alguien no fuera directo al grano.

Sander se quedó quieto, Alek contuvo la respiración y yo solo pude pedir internamente que la siguiente conversación no acabara con nuestros pocos planes.

Tras varios segundos de silencio, habló:

—No quiero que mi hermana se vea involucrada en nada de esto, mucho menos que salga herida.

Dentro de mi cabeza un mini Conrad en forma de demonio se había instalado hace un tiempo, por eso cuando Alek termino la frase el pequeño engendro emitió un sonido parecido a una risa ahogada e hizo un gesto poco favorecedor al deseo del pelinegro.

—Tenemos que hablar sobre eso —declare antes que el mini Conrad se atreviera a soltar un comentario.

Camine hasta la cocina, en uno de los gabinetes inferiores guarde una pequeña caja de madera, regrese y la puse sobre las manos de Alek, él la abrió cuidadosamente y su expresión quedo en blanco al ver lo que había en el interior. Una daga pequeña relucía bajo el brillo del sol cuando él la tomo y alzo para apreciarla mejor.

—¿Es un regalo, o solo te gusta presumir tus armas?

No puede evitar una sonrisa al recordar esa misma frase tiempo atrás, solo que aquella ocasión era una estatuilla con un micrófono dentro. La imagen de nosotros a las puertas del internado, empapados por la lluvia, y con un brillo especial en la mirada era algo que me hizo cuestionarme varias cosas. Quizá si yo realmente fuera Dhara Hoffman, si no hubiese viajado al pasado, si no hubiera sido entrenada por la academia durante ocho años, si en lugar de ser su cuidadora realmente fuera su amiga, si no hubiera tendió que estudiarlo diariamente y convertirme en su ideal perfecto para estar cerca. Solo quizás, hubiéramos tenido una oportunidad real de conocernos, y tal vez llegar a ser felices juntos.

Infiltrados Donde viven las historias. Descúbrelo ahora