Epílogo

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Las calles de este lugar seguían igual desde la última vez que vine, la sensación era extraña. Jugaba con los anillos en mis dedos para distraerme un poco y así evitar ver al frente, sabía que el internado no se había movido del sitio en el que lo dejé hace diez años.

La fiesta de compromiso de mi hermana es algo que no podía perderme por evitar Bibury.

El auto se detiene, aparcando frente a la casa de mis padres. De pronto el aire parece más pesado y un hormigueo recorre mi cuerpo, mis latidos golpean fuerte contra mí pecho y la adrenalina corre por mi sistema en cuanto soy capaz de levantar la mirada. Monarcas del Mañana se lleva mucho del encanto que tiene este pueblo, es majestuoso ver como la institución se alza en la sima de esa montaña, sus muros altos, las puertas de roble y algunos otros de los detalles que logran apreciarse desde aquí.

—Debemos entrar, ¿estás listo? —la voz de mi esposa me saca abruptamente de mi trance.

—Sí, vamos.

Bajamos del auto y sacamos nuestro poco equipaje del maletero, decidimos que serían unas vacaciones familiares sin marcar una fecha final para poder disfrutar con mayor tranquilad. El chófer nos desea una grata estadía y se marcha. Damos unos cuantos pasos para cruzar la calle, cuando vemos la puerta abrirse.

La felicidad me invade cuando veo a Ander salir de la casa, sus brazos se alzan y una sonrisa tan grande como la mía se dibuja en su rostro. Deja su cerveza en el cercado de piedra que delimita la propiedad de mis padres del resto y corre para ayudarnos.

—Son lus últimos en llegar —dice al tomar la maleta que Lys cargaba.

—Culpa de la aerolínea —aclara mi esposa, con un dejo de rencor en su voz al recordar la travesía que vivimos para poder llegar.

—¿Ya comenzaron con los discursos? —pregunto al entrar en la casa.

—No, Alina quería esperar hasta que estuvieras aquí.

Dejamos las maletas en el piso, y me acomodo la camisa antes de darle un fuerte abrazo al castaño, hace poco más de un año que no he tenido el tiempo para ver a ninguno de mis amigos. La fundación va tan bien que Lyz y yo nos la pasamos trabajando, consideramos buen augurio que el comienzo de nuestro proyecto avance de esta manera.

—¿Sabes dónde está? Quiero felicitarla.

Antes de que Ander pueda si quiera abrir la boca, mi madre aparece.

—Alek Harler.

Uy, dijo mi nombre completo, no es buena señal.

—¿Por qué tardaron tanto? Se suponía que llegarían esta mañana.

Pienso en como explicarle todo lo que tuvimos que hacer para poder tomar un vuelo, pero no logro decir nada ya que mi madre se da cuenta de la presencia de Lys —que llegó detrás de mí por quedarse a cerrar la puerta—, su rostro cambia y se ilumina con alegría. Se acerca y la toma por los brazos para darle un beso en la mejilla seguido de un cariñoso abrazo, comienza a preguntarle lo mismo que a mí pero con menos severidad, mi esposa contesta su pregunta, mi madre comienza a caminar, tomándola de la mano para que la siga y la presente con el resto de los invitados. Sin duda la quiere más a ella.

Me encojo de hombros cuando veo la expresión del castaño.

—Subió a su habitación con Cira —me dice, refiriéndose a mi última pregunta—. Tuvo un problema con su vestido.

Le doy las gracias antes de darme la vuelta y subir las escaleras, camino por el pasillo hasta llegar a las tres puertas y un recuerdo llega a mi mente, me río por ver la manera en que termino. Doy un suave golpe con los nudillos para anunciar mi entrada y abro la puerta lentamente.

Infiltrados Donde viven las historias. Descúbrelo ahora