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VIII

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Kenma al fin se giró para encarar al forense, dejando ligeramente entreabierta su boca debido a la sorpresa, a lo que el otro hombre encontró sumamente adorable. Aprovechó el estupor del más bajo para acercarse peligrosamente a él, una sonrisa juguetona delatando sus intenciones. Al sentir su presencia, Kenma intentó crear algo de distancia entre ellos, pero la pared que se encontraba a sus espaldas le dificultó la tarea.

— ¿Y bien?

La estupefacción de Kenma se debía más a que aquella pregunta deshacía sus suposiciones acerca del hombre rubio, aunque aún cabía la posibilidad de que el forense fuera un playboy.

— ¿E-eh? S-sí, ¿por qué preguntas?

— ¿A tí no te interesaría saber si la persona que te gusta está soltera?

Kuroo rompió la distancia que había entre ellos, aprovechándose de la pared para posar una de sus manos en esta. A pesar de encontrarse en medio de su jornada laboral, no mucha gente solía pasar por aquel lugar si no se trataba de sus compañeros de equipo, pero, aunque les hubieran regañado, a ojos de Kuroo habría valido la pena.

A pesar de ello, una mujer acabó atravesando el pasillo a paso rápido, con la mirada fija en los documentos que cargaba, pero cuando se acercó a los dos y se percató de su presencia, no pudo evitar levantar la vista y, al verlos, se sonrojó y aceleró el paso hasta desaparecer tras la esquina. En ese momento, Kenma deseó poder hacer como un avestruz y esconder la cabeza en el suelo. Por su parte, Kuroo – percibiendo la vergüenza del otro – apoyó la otra mano en la pared para ocultarlo, esperando así que Kenma se sintiese mejor. El hacker volvió a abrir los ojos segundos después, cuando el repiqueteo de los tacones ya no tuvo presencia. Al volver, se topó con el rostro de Kuroo, quien se había inclinado para quedar a su altura.

— Qué te parece si cuando acabemos con este caso te invito a cenar.

— E-eh-

Aquel "romántico" momento fue interrumpido cuando Oikawa salió del baño mientras acababa de arreglarse el cabello. Al verlos, notó al instante el ambiente que había entre ellos dos, por lo que se apresuró a volver a la sala de reuniones, pero no sin antes dedicarle una señal de aprobación a Kuroo. Kenma esperó a que su compañero cerrara la puerta para responder afirmativamente a aquella proposición.

El par volvió a entrar en la sala poco después, Shirabu dándose cuenta al instante del aparente rubor en el rostro de su compañero hacker. Por su parte, Oikawa estaba ansioso de compartir el nuevo cotilleo con Atsumu, pero este estaba demasiado ocupado leyendo los detalles de la autopsia antes de exhalar un suspiro cansado.

— Estamos estancados. Pensé que encontraríamos más pruebas con lo que nos dijo Shirabu, pero saben muy bien cómo cubrir sus huellas. Si fuéramos a juicio con lo que tenemos cualquier abogado defensor competente argumentaría que las desapariciones y los cuerpos encontrados son coincidencias y suicidios.

— Sobre todo porque tampoco tenemos pruebas de que esté pasando algo sospechoso dentro de la secta.

— ¿Y las huellas de neumáticos?

— Son de un tipo de camioneta muy común, más de mil personas son propietarias de una de estas tan solo en la prefectura de Tokyo, y más de diez mil en todo el país. Se usan principalmente para transportar objetos pesados para la construcción.

— Ahh... Así que lo único que podemos hacer es seguir los hallazgos de Motoya. Bien, hagámoselo saber.




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Criminal mindsHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora