CASE 1

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El grupo compuesto por Atsumu, Sakusa, Suna, y Osamu se dirigieron al lugar indicado, un parque cercano a una escuela. Fueron recibidos por una cara conocida, Kuroo Tetsuro, investigador forense que conocieron durante su tiempo en la academia. El rubio se acercó al forense con una sonrisa para saludarlo.

— ¿Qué tenemos?

— Mujer, 27 años, profesora de un instituto público. Ha sido apuñalada 41 veces en varias partes del cuerpo, enfocándose en el cuello donde recibió 11 tajadas. A primera vista no parece que haya habido agresión sexual pero lo verificaremos cuando hayamos hecho la autopsia.

Los cuatro se quedaron parados analizando lo que les acababan de contar. Atsumu sacó de su bolsillo una libreta en la que empezó a escribir algunos pensamientos sobre el caso mientras Sakusa seguía de cerca sus anotaciones. 


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— ¿Por qué descartas que se trate de un crimen por violencia de género? – la cercanía de la voz de su nuevo compañero hizo que el rubio diera un respingo.

— Por las heridas de las puñaladas. Se puede ver le enfado que tenía el asesino, como si tuviese resentimiento u odio hacia ella, y el que haya dejado su cuerpo a la intemperie no es común en esos casos, suelen dejarlas en sus propios domicilios o desmiembran el cuerpo para que no consigan encontrarlo – conforme con la explicación, Sakusa asintió – lo que me llama la atención es que no parecen haber heridas que den a entender que hubo resistencia por parte de la víctima, por lo que tenía que conocer al asesino.

— Puede que haya alguna pista en las uñas – el otro gemelo se unió a la deducción de su hermano – con suerte podremos encontrar restos genéticos que nos lleven hasta el asesino.

— Pienso que en esta muerte pueden haber varios simbolismos – ahora era el turno de Suna – las puñaladas en el cuello pueden simbolizar su odio hacia la voz de la víctima, sus palabras, o la forma en la que hablaba, pero yo creo que es más acertado relacionarlo con su profesión.

— El que su ropa esté tan pulcra y sin restos de sangre indica que se ha tomado su tiempo para escenificar el lugar del crimen – por último, tomó el relevo Kiyoomi – y la posición en la que la dejó solo confirma mis sospechas. Está claro que está altamente premeditado.

— Deberíamos hablar con alguien que haya conseguido verla ayer para confirmar cómo iba vestida, y ver si conseguimos las cintas de las cámaras de seguridad que puedan haber grabado los exteriores del parque. Sus rutinas ya se las preguntaremos a sus familiares.

Kuroo se quedó anonadado al ver lo bien que trabajaban en equipo y lo rápido que habían podido sacar conclusiones con haberle dado un simple vistazo al cuerpo. El grupo de les acercó un chico de gafas y pelo oscuro que portaba un traje para evitar contaminar la escena.

— Hemos encontrado algo – el grupo observó al recién llegado para luego seguirlo – detrás de un arbusto encontramos esta libreta. Parece estar en blanco exceptuando la primera página – el grupo de cuatro se puso guantes y leyeron el contenido: 


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— Parece que se esté burlando de nosotros.

— Ya lo averiguaremos, ahora tenemos que volver al cuartel, nos llama el jefe – Atsumu les comunicó a sus compañeros mientras releía el mensaje que les había mandado Daichi – tan pronto tengas los resultados de la autopsia llámanos.

— ¡Roger!

Los cuatro se apresuraron en volver al cuartel para saber por qué se les requería. Lo que no se esperaban al entrar al despacho era toparse con Daichi y Sugawara – segundo al mando – besándose apasionadamente. Osamu fingió un tosido y la pareja se separó avergonzada, el hombre de pelo blanco saliendo de la estancia rápidamente debido a la vergüenza, mientras que Daichi se limitó a arreglar un poco su traje y volver a sentarse.

— Ejem, bueno los acabo de llamar porque alguien ha revelado a la prensa las circunstancias sobre la muerte de la profesora que estáis investigando – los cuatro se quedaron anonadados – estamos convencidos de que se trata del propio asesino. Hemos decidido ampliar vuestro equipo para poder pararle los pies antes de que el caso se nos vaya por las manos, ya sabéis como es la prensa. Contaréis con gente del equipo forense, otros inspectores de vuestro campo, algunos relacionados con asesinos seriales y terrorismo, y un hacker. Eso es todo, pueden retirarse.

Al salir del despacho, los cuatro suspiraron abrumados por el grio de los acontecimientos. Definitivamente, el asesino estaba intentando quedarse con ellos o complicar el caso para alargar su satisfacción o racha de muertes, pero por el momento lo único que podían hacer era callarse y obedecer. Como siempre, Atsumu tomó la iniciativa.

— Bueno, deberíamos ir a conocer a nuestros nuevos compañeros, ¿no os parece? 



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