Capitulo 25

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No pude respirar bien, ni siquiera asimilarlo. La sonrisa en mi rostro no se iba ni por casualidad. Mierda que tenía miedo, estaba asustadisimo. Pero, ahora mismo, empujando el nuevo coche de Isa mientras ella dormía plácidamente con su chupete rosado y mejillas enrojecidas, de la mano de una mujer que me había salvado la vida mientras caminábamos juntos por el centro comercial, me sentía un hombre completo. Feliz. Era un tipo que estaba construyendo algo aparte de miseria. Quería gritarle a todo el mundo que me vieran, me observaran tener a una mujer que me quería tomada de la mano y ayudándola con su hijo. Que me miraran para que se dieran cuenta que lo que le hice a mis hijos no fue a propósito, que no volvería a cometer el mismo error. Jamás. Cuidaría a estas dos chicas porque mi vida dependía de ello. Iba a prometerle a cualquiera que nunca les haría daño.

Tuve que detener mi paso junto a mis pensamientos cuando Lily frenó a ver una vidriera. Un bonito par de zapatos tipo botas color negro era lo que tenía su atención. Había varios zapatos exhibidos, pero sus ojos estaban totalmente en esos. Se notaba a años luz que le gustaban. Eran casuales pero bonitas a la vez. Ella simplemente las veía sin decir nada, mordiéndose la uña del dedo pulgar y de vez en cuando viajaba los ojos a otro calzado, terminando siempre en el mismo par de botas.

-Son lindas. -La animé.

-¿Mh?

-Las botas. Deberías entrar a probártelas.

-Dios, no. -Entrelazó más nuestras manos por los nervios. También apreté más de ella para darle confianza.

-Solo pruébalas. No cobran por eso.

Se volvió a morder la uña. No tenía idea si alguna vez la había visto con otro calzado que no fuera sus típicas zapatillas negras, las usaba para el trabajo y para su día a día. Tampoco sabía si tenía otro tipo de calzado o siquiera usaba. Por la forma en que veía las botas supuse que no había tenido la oportunidad.

-Está bien.

Sonreí al verla entrar. La acompañé porque quería ver su reacción al tenerlas puestas. Si se había puesto de esa forma por verlas en una vidriera, puestas en ella tenía que ser una locura. La mujer que trabajaba le trajo unas de otro lugar, de su talla.

-Son realmente lindas. -Insistí cuando la veía detenidamente en sus manos. -Vamos, póntelas.

Hamaqué el cochecito mientras esperaba. Mirando a Isabella que mantenía los ojos cerrados a pesar de la música un poco más fuerte de lo normal en el local. Cuando me di vuelta Lily ya las puestas y se miraba en el espejo. Sabía que las amaba, estaba luchando internamente por no hipotecar su casa por un par de botas. Tal vez arriesgar la educación secundaria de su hija por ellas, también.

-Cómpralas.

-Si, las pagaré con aire. -Movió los pies frente al espejo.

-Por suerte, tienes una tarjeta llena de dinero que puedes usar. ¡Qué suerte tienes!

-Te dije que no iba a usarla.

-Es un desperdicio. Mira esas botas y todas las posibilidades que tienes de usarlas. Ya no te mojaras los pies cuando llueva, ni te resbalarás en el restaurante. Aparte, durarán muchos años...

-No voy a usar la tarjeta.

-Solo cómpralas, Lily. Realmente las quieres.

-No siempre se puede tener lo que uno quiere. -Dijo sentándose para sacárselas y dejarlas otra vez en la caja que había traído la mujer que atendía.

-Puedes pasar la la tarjeta tú o la pasaré yo, es lo mismo. Son solo unas botas, cómpralas.

-Son muy caras, no lo haré.

Para morir bien. // Harry StylesDonde viven las historias. Descúbrelo ahora