El dibujo era excelente, hermoso. Me encantaba. Sara se había lucido ilustrándome y ni siquiera había estado allí para que me viera. Estaba vestido como médico, con bata, corbata y el cabello descontrolado como solía tenerlo por correr de acá para allá. Incluso había remarcado el brillo de los ojos y las pequeñas ojeras de cansancio, un lunar en mi mandíbula y la forma de mis cejas. ¿Qué tanto me observó? Era talentosa.
Luego de halagarla más de diez veces por su hermoso cuadro de mi, decidió ponerse un poco más seria y melancólica.
-Los médicos me dijeron que no pasaré de esta semana si no consiguen el corazón, por lo que decidí hacerle cuadros a todos como despedida, me esta tomando bastante tiempo. Espero no morir antes de terminar. -Rió desganada. Esa mujer era lo más fuerte que había conocido.
Se me había terminado el tiempo, ya no había más que hacer. Había terminado.
Iba a hacerlo esa misma noche.
Volví a casa luego de una larga charla con la bondadosa y fuerte Sara, dándole ánimos. En el auto se me humedecieron los ojos mientras conducía, algo en el pecho me dolía. Quité el traje de médico de mi cuerpo en un semáforo en rojo y seguí hasta llegar.
La casa estaba oscura, como siempre. Era muy grande para mi, muy espaciosa, vacía.
Me di una ducha de agua tibia para calmar los nervios, tenía la mente en blanco. No quería pensarlo mucho. Cuando finalicé; solo usé unos pantalones de algodón bastante cómodos.
Comencé mi travesía, después de mucho tiempo, iba a entrar a sus habitaciones.
Entré a la de Ben, tomándome una eternidad en lograr girar la llave por los nervios. Había juguetes tirados en el suelo, unos muñecos posicionados exactamente como los había dejado. Parecía que un niño acababa de salir de allí porque su madre lo llamaba a comer. Sin embargo, esas miniaturas estaban allí durante meses sin moverse. Había polvo, la ventana estaba cerrada y la cama sin hacer. Tenía las sábanas de cohete que tanto le gustaban, recuerdo haberlas elegido para él como un regalo sorpresa luego de volver del campo. Le encantaban.
Di un paso hacia adentro. El armario estaba abierto y su ropa colgaba de las perchas, la mayoría era color verde claro y azul marino. Sus zapatos estaban perfectamente ordenados menos las zapatillas que usaba para el colegio, esas estaban tiradas al lado de la cama, junto a su uniforme.
No llore, no sentí nada. Miré cada parte del lugar sin decir una palabra ni largar una lágrima.
Cerré la puerta y pase a la habitación de al lado, la de Olivia. Era color amarilla y blanca. Recuerdo haberla hecho pintar de ese color porque no sabíamos si era niña o niño, nunca estuvimos seguros. Sin embargo, el día que nació fue ver al verdadero amor de mi vida personificado, una pequeña niña de cabellos rubios y cachetes enormes que lloraba en la habitación del hospital. ¿Cómo hubiera sido a la edad de Ben? Siempre me lo preguntaba.
Esa habitación era totalmente ordenada por la mucama y la niñera que generalmente solían estar en casa.
Abrí el armario para ver un poco más, el olor a bebé me golpeó. ¿Cómo era posible que todavía lo sintiera? Agarré un vestido, era diminuto. Era como tener a Olivia de nuevo en brazos, sus zapatos de apenas unos centímetros me hicieron sonreír. Lo olí y me enfermé.
Guardé todo y salí, era demasiado.
Bajé las escaleras sin expresión alguna en mi rostro, ya no sentía ni siquiera dolor. Busqué los papeles y los leí una y otra vez, estaban perfectos. Los dejé sobre la mesada y tomé el arma. Analicé cada parte de ella, era bastante pesada. Apreté el gatillo sin sacar el seguro para sentirlo, no logré tirarlo mucho para atrás a causa del mismo. Un escalofrío corrió por mi espina dorsal. Fuera de lo que haría, el arma era hermosa.
Miré mi casa un segundo más. Era totalmente elegante y gritaba dinero por cada esquina. Un lugar perfecto para llenarlo de sirvientes y vivir como un rey, como solía hacerlo.
Si miro atrás, nunca aprecié las verdaderas cosas de mi vida. Como Olivia moviendo las manos feliz al jugar, Ben buscándome por toda la casa para mostrarme un dibujo, mi ex esposa metiéndose a la cama conmigo luego de que estuvieramos todo el día afuera.
Creí que necesitaba viajar internacionalmente y ser en mejor en negocios para ser feliz; resulta que no.
Esperaba que Lily se sintiera cómoda, y si no lo hacía, estaba en todo su derecho de venderla. No podía imaginármela viviendo aquí tampoco.
No quería arruinarle el lugar, por lo que no planeaba matarme en mi casa, sino en un hotel. Alquilaría una habitación durante una noche y a la mañana siguiente alguien me encontraría con los papeles a mi lado. Listo para hacer lo que decía.
Bastante egoísta de mi parte. Esperaba no traumar a nadie con mis sesos esparcidos por la pared. Había estudiado un poco como hacerlo para no dejar una masacre. Hasta contemplé la idea de ahogarme en un tina, más limpio y menos traumate para el que me encuentre. Pero, vamos! Eso no funciona. Meterse en el agua durante un rato da mucho margen de arrepentimiento, tienes tiempo para pensar y tener miedo. Con el gatillo no, una vez apretado, estás fuera.
En un bolso metí los papeles, el arma, una foto de mis hijos, y unas toallas. Coloqué mi playera favorita y agarré las llaves. Tomé aire.
Unos segundos antes de salir mi teléfono vibro. Temblé. ¿Era a propósito? Me estaba muriendo de los nervios.
Lily.
Una gota de transpiración cayó por mi frente, tenía calor.
¿Lo sabía? Imposible. ¿Qué iba a saber ella?
Apreté el botón verde y puse el teléfono en mi oreja, sin embargo, no pude decirle nada.
-¿Hola...? -Dudó. -Harry. -Volvió a repetir cuando no tuvo respuesta.
-Si. -Mi voz salió agitada.
-¿Puedes hacerme un enorme favor? Sé que es tarde pero realmente te necesito.
Miré el reloj en mi muñeca, eran las once de la noche. Por el ruido de gente hablando y cubiertos chocándose todavía estaba en el bar. Habían pasado más de diez horas desde que se fue de casa. Estuvo trabajando todas esas horas?
-Dime.
-Podrías ir a buscar a Isabella a la casa de la niñera y quedarte con ella? No sé a que hora voy a llegar, estoy teniendo varios problemas aquí...
-¿Hace cuanto estás trabajando?
-Unas doce horas. Realmente...
-¿Doce horas, Lily? -Casi grité. -Tienes que regresar a tu casa.
-Lo haré en un par de horas más. ¿Podrías cuidar a Isabella esta noche? Por favor.
No podía arruinar mis planes esta noche, era mi oportunidad. Estaba todo listo. Tenía el arma en el bolso y la cabeza totalmente decidida.
-Si no puedes puedo salir cinco minutos y llevarla con mi vecina, no hay problema.
-¡No! No, no. -Pensar en esa desagradable mujer junto a Isabella no tenía lugar en este mundo. -La buscaré en cinco minutos, solo pásame la dirección.
-Oh, muchísimas gracias. Prometo salir lo antes posible para recogerla. En serio, gracias.
Cuando cortó la llamada, ya que su jefa le gritaba atrás que vuelva a trabajar, suspiré profundo. No iba a dejar a Isabella en la casa de su niñera toda la noche, tampoco dejaría a Lily intranquila.
Me quite el bolso del hombro y lo tiré al sillón con violencia, saliendo en busca de un taxi.
Mañana sin falta.
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Para morir bien. // Harry Styles
Fiksi Penggemar"Planeaba devolverle al mundo todo lo que le quité. Lo que yo mismo me había quitado."
