Capitulo 12

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   Maratón 1/3

-Oh! -Dijo en un susurro. -La has hecho dormir. -La miro sonriente sobre mi pecho, cuando se acercó más para acariciarla vi sus ojos hinchados. -Iré a llevarla a la cama y haré café.

   Dejo su bolso sobre la silla y suavemente la quito de mis brazos, sin despertarla. Con repetidos besos en la mejilla la llevo hasta una puerta desconocida para mi, para al cabo de unos minutos volver.

-Gracias por eso. Cuesta mucho que se duerma.

   La inspeccioné en cada movimiento que daba, se veía cansada, derrotada. Sus manos temblaban mientras metía el agua en la cafetera, junto a una respiración entrecortada.

-Todo bien con la mujer de afuera? -Le pregunté serio, contestó con una bonita sonrisa. Me irritaba que no mostrara su dolor.

-Monica? Si, solo estaba un poco enojada. Pero es entendible, ya sabes, los bebés son difíciles. -Subió y bajo los hombros restándole importancia. -Entonces... -Siguió hablando, intentando llevar a otro lado la conversación. -Donde vives? En el campo?

-No. Vivo en el centro, cerca de los centros comerciales.

-Oh, eso es... muy lejos de aquí. -Junto las cejas, sorprendida. Era lejos de donde vivía, era el lugar opuesto, el centro era donde estaba la gente de dinero, con casas enormes con piscina y mayordomo.

   No pude evitar pasar mi dedo por la arruga en su frente. Haciendo que suavice sus facciones y me mirara atenta, abriendo esos hermosos ojos que podían descubrir hasta el más grande de mis secretos. Los ojos a los que caería completamente si seguía viéndolos.

-Luces cansada. -Susurré sin quitar la mano de su piel.

-Si, fue un día largo. -Baje mi mano hasta su mejilla, hombro y acaricie su brazo. Sentí como se estremecía bajo mi suave toque, sin dejar de verme ni un segundo. Pude jurar que hasta sentí deseo.

  Le tomé la mano y la lleve hasta mi boca para depositar un suave beso en sus nudillos. Se sentía raro, pero necesario.

-Eres una gran madre. No dejes que digan otra cosa. -Sus ojos se tornaban rojos otra vez. No quería hacerla llorar, quería que sepa la verdad.

-Tu seguramente también lo hayas sido.

Seis palabras fueron suficientes para destrozar mi día completo. Esas seis palabras fueron tan intensas dentro de mi interior que tuve que cerrar los ojos para pasar más rápido el dolor. Otra vez me quedaba sin aire, otra vez me dolía el pecho, la espalda, el corazón.
Me recordó por qué estaba aquí. Estar con ella se sentía muy bien y no debía ser así, no estaba aquí para enamorarme de alguien y sentirme bien. Estaba aquí para cumplir mi deber, para devolverle al mundo lo que hice.

Respiré hondo soltando su mano. Quería irme a beber y olvidar todo lo que había pasado. Sumergirme en los recuerdos de mi casa donde pertenecía.

-Tengo que irme. -Dije como pude para no romper en llanto allí mismo. Me dispuse a caminar hacia la puerta pero una mano me detuvo y su cuerpo se posó contra el mío.

-Lo siento. Lo siento. -Repetía, dándose cuenta que lo que dijo me había roto por dentro otra vez. -En serio, lo siento. No quise mencionar nada solo...

-Está bien. -Intente calmarla y hacerla a un lado.

-Harry, por favor. -Escuche un sollozo tras de mi mientras abría la puerta. -No quiero estar sola.

Eso me detuvo contemplando el auto en las calles unos segundos, todavía con la puerta de su casa abierta. Tenía dos alternativas, quedarme a abrazarla para recolectar sus pedazos rotos o escaparme a recordar. La primera opción era una mentira, una estrategia egoísta de mi parte que no sólo era cuidarla a ella sino que también me cuidara a mi sin que ni siquiera lo sepa. Y en serio quería eso, en serio quería que me abrace toda la noche porque hacía años no experimentaba eso y realmente, verdaderamente, lo quería.

Pero no. No lo merecía. Merecía morir en el mismo infierno y no tener ni un poco de compasión por mi mismo. No tenía por qué formar el papel de protector emocional en ella, ese no era la idea y debía seguir el plan.

Bajé los pequeños escalones de madera vieja y ruidosa de su casa con lágrimas en los ojos, conteniéndome para no correr a reconfortarme en su pecho. Era la única persona que me había abrazado en años.

-Harry... -La escuché otra vez desde la puerta y no pude evitar girar a verla. Se sentía tan lejana, tan pequeña y sola parada en ese horrible lugar, lleno de gente espantosa a su alrededor, donde mañana debería ir al trabajo y no tendría donde dejar a su bella hija. No podía dejarla así.

Volví a subir las escaleras lentamente, con cansancio, Lily se erguía asustada. Tal vez por la forma en la que la estaba mirando, hasta entrecerró los ojos cuando estaba cerca, esperando algún tipo de ataque. Un grito de mi parte por mencionar lo que no debía, tal vez.

Limpié una lagrima de su mejilla y la abracé con fuerza. Ella devolvió el abrazo instantáneamente, pegando todo su cuerpo al mío.
Todo el dolor que sentía se apagó en un segundo, y necesité más, necesite estar todo el día junto a ella para que acomodara mi corazón, para que me haga olvidar.
Como si leyera mis pensamientos, movió su cabeza lentamente, viéndome por un segundo y pegando sus labios a los míos para regalarme el beso más dulce que he sentido.

Y en ese maldito momento, había roto todas las reglas del plan. El plan que me llevo infinitos meses de soledad planear. Con un simple beso me sentía vivo otra vez.

Para morir bien. // Harry StylesDonde viven las historias. Descúbrelo ahora