Epilogo

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Lo perdimos al quinto mes.

    Estábamos devastados de una forma que no podía explicar. Al tercer mes tuvo su primera pérdida, lo cual se asustó bastante. Fue en mi casa mientras dormíamos, me despertó violentamente asustada por la cantidad de sangre que había largado. Recuerdo lo rápido que llegamos al hospital y lo dolorida que estaba. Se encerró con la médica alrededor de una hora mientras yo me carcomía la cabeza sentado en la sala de espera. Salió con una serie de pasos que tenía que seguir, más tranquila. Tenía que cuidarse más, relajarse, no estar estresada y hacer reposo aunque sea una semana. Teníamos mucho riesgo, así que ese mes me dedique a hacer todo. El miedo de que pase algo malo era más grande que cualquier otra tarea.
   Creí que lo estábamos haciendo bien. Tenía una pequeña panza que me hacía más feliz de lo normal. Comía mucho, me limitaba a comprar cosas saludables para que no hubiera riesgo. Fue en vano.

   Al cuarto mes tuvo su segunda pérdida. Y nos dijeron que no había mucho que hacer, lo más seguro era que muera. Ese día Lily lloró asquerosamente a mi lado. Ahogándose en sus lágrimas, nunca la había visto llorar tanto. Le apreté la mano sin decir nada hasta que se durmió, fueron unas largas horas de sufrimiento para ambos. Ella me pedía perdón como si la situación fuera su culpa. Recuerdo sus mejillas rojas y ojos inundados, el frío de su mano aferrándose a la mía y con la otra acariciarse el estómago. Tal vez debí darle palabras de apoyo o algo que ayudara, decirle que la quería, puede ser, pero nada salía de mi en ese momento.

   Incluso, en nuestra desesperación de ir y venir al hospital, un día Isabella se quedó con mi madre. Si, con mi madre. Parecía que ahora esa mujer quería un poco más a mi novia gracias a eso.

   Finalmente al quinto mes y con la tercera pérdida, el niño ya no estaba. Nos habían dicho que era un varón.
   Ese día lloré yo, no pude evitarlo. Y Lily me consoló a mi, debía ser al revés. Pero la idea de tener un hijo me había pegado extremadamente fuerte, yo ya lo sentía en este mundo. Lo había visualizado en mis brazos y ahora se había esfumado, toda la fantasía creada en mi cabeza había desaparecido duramente. Tenía esperanza, de todas formas, de que de un día para otro aparezca un milagro y que el niño esté bien. Fue imposible.

Resulta que ya estaba mal desde el inicio, era algo que iba a pasar, ahora o en el parto. Pues el embrión tenía alteraciones que lo hacían incompatible con la vida. Quisiéramos o no; no lo íbamos a poder tener. Nos lo dijeron muy tarde; ya nos habíamos encariñado demasiado y hasta se lo habíamos dicho a los padres de Lily pero no aún a los míos.

Pensamos nombres, Tobías era la primera opción. Lily tambien quería conmemorar a su actor favorito; Denzel. Por Denzel Washington. A mi no me gustaba.

-Tenemos que ir a buscar a Isabella. -Susurró acariciándome el pelo sobre sus piernas. Estaba hecho pedazos, ni siquiera me importaba que mi novia me viera así. Ella estaba sentada haciendo caricias en mi rostro mientras yo lloraba como un idiota. -¿Mh? -Hizo ruido con la boca asegurándose de que la haya oído.

   Me lo había aguantado todo el camino desde el hospital hasta la casa, con un nudo en la garganta asqueroso que me hacía toser y no poder hablar. El viaje hasta casa fue silencioso, ella miraba la ventana sin emitir ni un sonido y por mi parte tampoco quería decir nada. En los semáforos rojos me limitaba a mirarla para asegurarme de que no esté llorando, aunque si hubiera llorado tampoco diría nada. Podría empezar a llorar yo.
   Cuando llegamos a casa, apenas cerré la puesta, la llamé para intentar decirle algo como; "Podemos volver a intentarlo." "No estés triste." Cualquier cosa. No lo soporté cuando me miró a los ojos, y largué todo lo que tenía adentro. Me abrazo y terminamos abrazados en el sillón, ella consolándome a mi.

   Levanté mi cuerpo del de Lily, respirando profundo y limpiándome la cara con los dedos. Mi novia me miró con una sonrisa débil intentando animarme, pasando sus pulgares por mis ojos para sacar el agua que quedaba.

Para morir bien. // Harry StylesDonde viven las historias. Descúbrelo ahora