Capitulo 8

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   El fin de semana fue una tortura. Todos mis fines de semana son una tortura. Quedarme en el hotel solo y aburrido traía todos mis malos recuerdos que provocaban llanto y tristeza.

   Por suerte la semana había comenzado y me encontraba, como siempre, en mi auto poniéndome el atuendo de doctor para visitar a Sara. Hacía bastante que no iba a verla, pues con el transplante y el fin de semana se me habían pasado los días.
   Una vez listo bajé y me tomé el atrevimiento de ir a la habitación 807, para mi sorpresa me encontré con una mujer de limpieza haciendo su trabajo.

-El niño que estaba aquí? -Le pregunté.

-Le dieron el alta hace unas horas. -Dijo sin mirarme y de muy mala gana pero eso no detuvo una gran sonrisa al oír eso. Todo el dolor que tuve que soportar había servido de algo.

   Salí contento hasta la habitación de Sara, era bastante alejado, con pisos de diferencia. Cuando iba a mitad de camino mi celular comenzó a sonar por lo que paré el paso para rebuscar entre mis ropas y una vez que lo encontré, atendí.

-Styles. -Habló el hombre tras el teléfono. Suspiré al recordarlo y darme cuenta que si tenía un trabajo real, pero lo odiaba.

-Dime. -Contesté de mala gana.

-Se rompió una parte de la máquina trece, una de las más importantes ya sabes... -Maldecí al oír eso. -... el tipo de logística sugirió comprar una nueva porque el arreglo puede salir hasta más caro. Llamaba para preguntarte si estás de acuerdo y si es así, ya sabes, debes venir a firmar.

-Si, si. Hagan lo que crean necesario, no quiero escándalos en la fábrica. -Le advertí, con el tiempo y de herencia, había aprendido que a estos tipos había que tenerlos cortos, pues todo podría volverse un desastre.

-Entonces... puede venir hoy al campo?

-No lo sé si hoy, te llamaré en un par de horas. -Mi mal humor aumentaba.

-Bueno pero tiene que ser lo antes... -Le corté, ya sabía muy bien como era y uno de mis empleados no tenía por qué darme explicaciones.

   Seguí mi paso y entré a la habitación de Sara, me llamó la atención que esté sola, sin Carl. Apenas me vió una enorme sonrisa se formó en su rostro.

-Por fin viniste a visitarme, niño! Ya te estaba extrañando. -Me acerqué a su camilla para darle un corto abrazo.

-Dónde está Carl? -Pregunté.

-Con los niños, supongo. Los nietos.

-Traje algo. -Le mencioné, luego de asentir a su anterior contestación.

   Saqué del bolso que había traído, un cd de música clásica y lo coloqué en el reproductor que también había traído. El suave piano comenzó a sonar y la anciana suspiró, cerrando sus ojos con una sonrisa.

-Hermoso. -Dijo con sus ojos cerrados aún.

-Bailaría conmigo? -Extendí mi mano y ella dudó un poco en tomarla mientras la miraba pero al final, accedió.

  Nos balanceábamos al compás de la lenta música, podía sentir su gesto feliz en mi hombro. Sara lo estaba disfrutando y eso me hacía más que feliz.

-Eres un buen chico. -Me dijo quitar su mejilla de mi hombro, dando pequeños pasos al ritmo del piano. -Pero no te encariñes conmigo, moriré en menos de seis meses.

   No sabía que decirle, un nudo se había posado en mi garganta. Era más que consciente que ella moriría muy pronto si no obtenía su transplante pero, lamentablemente, me había encariñado más de lo que esperé en solo un par de veces de verla. Era una hermosa mujer que merecía volver con su familia y yo estaba dispuesto a hacer todo lo posible por ella.

-Muy tarde. -Contesté en su oído suavemente, era verdad, era muy tarde... ya me había encariñado mucho.

   Tomé un café sentado en la cafetería del hospital, vestido como médico aún, había un par de personas solas también, supongo que visitando familiares. Pensaba en que obsequiarle vida a esa mujer era totalmente correcto. Horas más tarde, toqué la puerta con mis nudillos varías veces,  la puerta de madera oscura y gastada estaba en mi campo de visión. Mi maletín en mano y el traje gris. Apenas abrió la puerta, sonreí.

-Que quiere aquí? -Preguntó seca, sorprendiéndome. Su hija en brazos con la cara llena de comida me hacía entender que estaba ocupada. Tal vez eso le había molestado.

-Solo... pasé a saludar. -Puedo jurar que me tensé y me faltaba el aire, su forma despectiva de mirarme me ponía nervioso. Con mi mano libre aflojé un poco la apretada corbata que traía en el cuello.

-No es necesario. -Intentó cerrar la puerta pero fui más rápido y coloqué el maletín antes de que cerrara por completo, ganándome una mirada de sorpresa indignada por lo que había hecho.

-Hice algo mal? -Hablé lo más despacio y comprensible que pude.

-Por qué me mintió? -Esa pregunta me sorprendió totalmente, no sabía cuál de todas las mentiras me estaba hablando.

   Suspiré, dándome tiempo de pensar una rápida respuesta. -Trátame de tu. -Evadir el tema no era la mejor opción.

-Por qué me mintió? -Repitió, ignorándome.

-Yo... no se de qué...

-Me llamaron del banco. -Comenzó a explicarme. -Me preguntaron si estaba de acuerdo en que derivaran todas mis deudas a su cuenta, a los que yo le pregunté si usted trabajaba allí y me dijeron que no. Que no sabían quien era usted y nunca había trabajado en ese banco. -Lo único que se reproducía en mi cabeza era un continúo; mierda, mierda, mierda.

-Yo... -No tenía idea que contestar, ninguna nueva mentira era tan buena como para que pudiera creerla. Tampoco podía explicarle la verdad, sería horrible.

-Aléjese de mi casa. -Volvió a intentar cerrar la puerta pero nuevamente la detuve.

-Lily, solo quiero ayudarte.

-Por qué? Quién es usted? -Su expresión de disgusto era cada vez mayor.

-Te explicaré pero vamos adentro.

-No. No te conozco. -Insistía.

-Lily, en serio sólo quiero ayudarte. Déjame explicarme. -Supliqué con la mejor cara de angustia y tristeza posible.

   De mala gana, se corrió de la entrada con su hija en manos, dándome paso.

Para morir bien. // Harry StylesDonde viven las historias. Descúbrelo ahora