Capítulo 53

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    Apolo

    -No Lucius, no puede estar pasando esto. ¿¡Por qué nadie en este jodido hospital me dice cómo está mi mujer!?- grito desesperado caminando de un lado a otro por el pasillo de la sala de espera mientras Lucius permanece sentado con los codos en las rodillas y la cabeza entre las manos claramente llorando por el temblor que veo en sus hombros.

     -Señor, necesito que se calme y me deje curar la herida de su cabeza..- Una enfermera se me acerca e intenta ponerme una mano encima, pero me alejo de un movimiento brusco.

    -No... ¡No me toque, no necesito nada. Y me voy a calmar cuando me digan cómo está mi mujer!- le digo con mi cara más furiosa porque sinceramente creo que estoy a punto de perder el control y volverme loco de ira para comenzar a destruir todo a mi paso, entonces escuché una voz hace que mis impulsos se detengan en el momento.

    -Hijo...- la voz desesperada y angustiada de mi madre viene desde el final del pasillo y para cuando giro mi rostro en esa dirección, ya veo a 4 personas casi corriendo hacia mí antes de sentir los brazos de mamá rodeando mi cuello para enterrar mi rostro en su cuello sabiendo que eso es lo único que podría darme un poco de tranquilidad en un momento como este.

    Desde niño me pasa que cuando me entra la desesperación o las emociones me dominan, solo su aroma y la calidez de sus brazos me calma. Pero en este momento no es suficiente porque el único aroma que podría calmarme sería el de Diana. Lo único que consigue mi madre es que me quiebre y comience a llorar como un niño sintiendo que las rodillas me fallan y mi cuerpo se debilita casi al punto de perder la consciencia, y es cuando siento los brazos de mi padre ayudar a mi madre a sostenerme mientras la enfermera llama a los médicos para que me examinen.

    Tuve que acceder a que me curen las heridas y me realicen exámenes para corroborar que el golpe en mi cabeza no era grave cuando mi madre me regaño argumentando que debo estar más fuerte que nunca no solo por Diana sino por mi hija también. Y debo reconocer que me aterra la idea de que algo le pase a Diana y nos deje solos a mi princesa y a mí.

    Luego de que el médico diga que todo está bien conmigo, aún no me han dado noticias sobre Diana.

    -¿Qué fue lo que ha pasado hijo?- mi padre habla en nombre de todos en la sala cuando llega Jazmín con café para Bruno, Lucius, mis padres y yo.

    -Estábamos camino a la casa cuando una camioneta se pasó un semáforo en rojo a alta velocidad y nos embistió en el lado derecho justo donde Diana iba a mi lado...- necesito hacer una pausa porque el nudo en mi garganta no me deja hablar y las lágrimas saltan de mis ojos al recordar el momento justo en el que veo ese vehículo acercarse a toda velocidad e impactar contra nuestro coche.

    No recuerdo momento a momento como sucedió todo, lo que recuerdo es que cuando todo dejó de moverse, yo estaba apretando el cuerpo de Diana con fuerza contra mi pecho y no dejaba de ver cómo brotaba la sangre de su costado derecho sin parar mientras se quejaba entre suspiros de dolor. Quería tomarla en mis brazos y sacarla para traerla cuando antes al hospital, pero cuando Lucius se recuperó del golpe, se acercó a los asientos delanteros y no me quería ayudar a sacarla del maldito coche, prácticamente me obligó a no mover ni un solo músculo.

    -¡Escúchame bien Cook, mueves un solo milímetro de tu cuerpo y te juro que te mato! Necesito que presiones con todas tus fuerzas sobre su herida.- dijo y mi rostro palideció en un segundo.

    -¡La voy a lastimar!- le respondí furioso, pero sus gritos fueron mayores a mi furia.

    -Si no lo haces morirá desangrada en un minuto. O lo haces o no sobrevivirá.- dijo y eso fue todo lo que necesité para apretar su herida haciendo que ella terminara desmayándose del dolor que le causé mientras le rogaba que no me abandone.

Un Juego PerdidoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora