Diana
Despierto temprano por un fuerte aroma a café y tostadas recién horneadas y mi estómago ruge furioso en respuesta.
Sin intención de hacerlo esperar, me levanté, asee y bajé para ser recibida por un Bruno recién levantado, con un delantal de cocina, cortando frutas y exprimiendo naranjas como toda un ama de casa.
No pude contenerme y una sonrisa iluminó mi rostro ante la imagen que tenía en frente. No sé bien qué me deparará el destino luego de hoy, pero sé que si lo tengo a mi lado todo estará bien.
-Buenos días.- lo saludo y se gira rápido para acercarse con los brazos abiertos a recibirme.
-Oh pequeña, ya has despertado... ¿Cómo estas, te sientes mejor?- me pregunta preocupado.
-Estoy bien, no te preocupes.- le digo separandome para que vea en mi rostro que estoy bien de verdad.
-Lo sé, pero ayer hablé con el médico que te atendió, y me dijo que podrías tener frecuentes dolores de cabeza, tenemos que controlar los hematomas de tus costillas y que no sientas dolor abdominal...- habla sin parar.
-Tranquilo Bruno, tranquilo que estoy bien...- le digo tomando su rostro con mis manos y al sentir el contacto, cierra sus ojos como si disfrutara de lo que estoy haciendo.
-Solo me preocupo por tí, quiero que seas consciente de que realmente me preocupo por tu bienestar.- dice soltando un suspiro.
-No hace falta que lo digas, ya has hecho mucho más de lo que mis verdaderos padres hicieron en toda su vida y voy a estar eternamente agradecida por eso, en cuanto a lo que el doctor te dijo...- no terminé de hablar porque el timbre me interrumpió y el miedo se reflejó en mis ojos.
"Por favor, que no sean malas noticias" rezo en silencio.
-Tranquila, que debe ser Lucius.- dice Bruno al notar mi preocupación.
-No le digas nada, no quiero que se preocupe más.- me apresuro a decir antes de que abra la puerta y solo me responde con un asentimiento.
-Hola princesa, ¿Cómo estás?- me saluda al ingresar a la cocina y se sienta a mi lado.
-Pues... Respiro y sigo viva, supongo que bien...- digo seria y puedo ver la preocupación en sus ojos cuando procesa mis palabras, pero cuando comienzo a reír pasa sus manos por su cabello como si fuera un caso perdido.
-Estás loca, casi me das un infarto. Creí que estabas pensando en deprimirte o suicidarte alguna locura de esas...- dice soltando un suspiro.
-Se necesita mucha locura para soportar tanta realidad amigo. Pero no te preocupes que me quiero demasiado como para suicidarme, el mundo no se librará tan facilmente de mí.- le digo mientras continúo desayunando.
-¿Qué planeas hacer cariño?- me pregunta porque sabe que algo anda rondando en mi cabeza.
-No voy a mentirte, me gustaría irme bien lejos, donde nadie me encuentre.- le digo antes de darle un mordisco a mi tostada.
-Voy contigo.- dice sin más y me hace escupir el bocado antes de soltar una carcajada.
-Mira quien habla de locura, tú no irás a ningún lado. Tu vida está aquí.- le digo cuando paré de reír y limpie mi boca.
-Si alguien te quiere, te elegirá así tenga miles de opciones, así muera de miedo, así tenga que desafiar sus propios límites y yo te elijo a tí.- dice y nuestros ojos se llenan de lágrimas al mismo tiempo, pero por más que me conmueva, no puedo dejar que haga eso por mí.
-No puedes hacer eso. ¿Crees que tus padres no te dejarían ir así de simple?- intenté hacerlo entrar en razón.
-La pregunta no es quién va a dejarme, la pregunta es ¿Quién crees que podría detenerme?- dice y puedo ver la determinación en su mirada. Su decisión está tomada.
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Un Juego Perdido
RomanceDiana es la típica chica asocial del colegio enamorada del chico popular, que obvio ni sabe de su existencia, o por lo menos eso creía ella. Hasta que un proyecto los une haciendo que se terminen enamorando. Eso es lo que ella creyó hasta que descub...
