4 de julio de 1950
La granja es grande y solitaria. Apenas hay tres casas más a nuestro alrededor y todo lo demás es campo, hectáreas de cultivo de arroz y fresas. Pienso en lo aislado que se ve todo esto en comparación con nuestra aldea. La casa es más pequeña de lo que aparenta por fuera, pero me resulta acogedora. Los dueños son un matrimonio de lo más pintoresco: ella es una mujer de rostro ancho, nariz chata y dedos gordos. Hasta ahora siempre la he visto con el pelo recogido en un moño, aparentemente parece despreocupada por su apariencia pero la viveza de sus ojos la otorga una belleza singular. Él es mucho más viejo, casi parece un anciano, lo que me hace cuestionarme qué tipo de relación había tenido con mi padre. Pese a ello, tiene un cuerpo fornido, unas manos fuertes y callosas y una energía impropia para su edad.
El matrimonio tiene varios hijos, todos ellos varones, aunque esto tardé en descubrirlo. Tan solo unos días antes de nuestra llegada el ejército había llamado a filas a los mayores y solamente el más joven se había salvado. Taehyung es sustancialmente diferente a sus padres, tiene un pelo oscuro y rizado que le cae sobre los ojos, es muy delgado, sus dedos son finos y alargados y es más alto que ningún otro chico de nuestra edad. Lo más extraño es su sonrisa cuadrada y su mirada enigmática.
―Pronto nos sentiremos como en casa ―me asegura mamá poco después de llegar. Yo la veo esforzarse por formar parte de la dinámica de la familia, es atenta y está dispuesta a hacer cualquier tarea, pero sus ojos lucen tristes, incluso algo atemorizados y sé que pregunta a escondidas acerca de la guerra y de mi padre.
He estado muy ocupada descubriendo el sitio nuevo donde me encuentro, intentando no ser un estorbo, ayudando en lo posible. Ni siquiera he tenido tiempo de recordar las cosas que he dejado atrás, los amigos a los que no sé si volveré a ver, la escuela a la que solía ir... Pero la cuarta noche me viene todo eso de golpe y pienso, más que en ninguna otra cosa, en mi padre.
―Hyori, ¿estás bien?
Comparto habitación con Taehyung. Él duerme en la cama pegada a la ventana, a través de la cual se ven los campos de arroz y la luz de la luna llena iluminándolos. Mi cama está pegada contra la otra pared, donde la luz no llega y la oscuridad me absorbe. Agradezco las tinieblas porque así él no puede ver mis lágrimas, pero me sorbo la nariz tan fuerte que lo acaba descubriendo.
―Estoy bien, Taehyung ―mi voz suena rota y parezco ridículamente mentirosa. Me siento mal por haberle despertado e intento silenciar mi llanto. Cierro los ojos y todo lo que veo es a mi padre mirándome de vuelta, el rifle contra su nuca me pone los pelos de punta y sé que si no abro los ojos el arma se disparará.
―¿Vas a llorar toda la noche? ―le escucho decir un tiempo después. Parece molesto.
―No, lo siento.
Me cubro la cabeza con las sábanas y me obligo a mí misma a parar de llorar. Pero cuando creo que lo he conseguido noto un golpecito y me destapo. Taehyung está de pie frente a mi cama. Tiene los zapatos puestos y ha dejado los míos al lado.
―Sígueme.
Estoy caliente entre las sábanas pero Taehyung ya ha salido de la habitación y tengo que darme prisa si quiero alcanzarle. Salimos de casa en medio de la noche y atravesamos el arrozal, cuyo terreno está totalmente encharcado y me moja los pies hasta las pantorrillas. Luego llegamos a un pequeño aunque caudaloso río, en cuya orilla hay varias rocas de considerable tamaño.
Taheyung se sienta en una de ellas y yo le imito. El paisaje es espléndido, los fértiles campos de cultivo, la casa antigua pero pintoresca, la luz cenital cubriéndolo todo y otorgándole un aspecto de ensueño...
―Y más allá está el mar ―dice, señalando el horizonte tras la vivienda.
―Nunca he visto el mar.
―Es como esto ―gira la cadera y apunta con el pulgar al río detrás. ― Pero mucho más grande.
Suelto una pequeña risita y me doy cuenta de que es la primera vez que rio en mucho tiempo.
Taehyung me da una mirada rápida mientras juega con unos guijarros y su comisura se eleva en una media sonrisa.
―Me gustaría verlo algún día.
―Es fantástico, deberías hacerlo.
―¿Me acompañarías? No sé cómo llegar hasta allí.
Pienso en el mar, o al menos lo intento. Me imagino un río muy grande, tan grande que no puedes ver la otra orilla y el agua es calmada y templada y tan profunda que ningún ser humano podría hacer pie jamás. Me pregunto si Taehyung sabe nadar pero no quiero saberlo. Por lo menos no ahora. Quiero describirlo por mi cuenta. De pronto, la idea de ir al mar con él se me antoja irresistible.
―Está lejos ―responde brevemente. Suelto un "oh" algo defraudada y casi veo como mi fantasía se aleja por surrealismo. ― Pero sí, te acompañaría. Hace mucho que no veo el mar, de todos modos.
Cuando volvemos a casa, solo una hora después, no pienso en mi padre, ni el rifle, ni en la madre que recibió un tiro frente a mis ojos. Pienso en que quizás he hecho un nuevo amigo, y ahora sí, soy capaz de dormirme.
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Tras la Guerra || KTH
Fanfiction1950, las tropas norcoreanas traspasan el paralelo 38 dando inicio a una de las contiendas más sanguinarias de la historia, la Guerra de Corea. Park Hyori huye con su familia hacia el sur del país, donde consiguen alojamiento en una granja a las afu...
