V E I N T I C U A T R O

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1 de enero de 1963

Berclay mira la escena con recelo y durante unos segundos los tres nos quedamos ahí parados, en silencio, adivinando los siguientes movimientos de los demás. Tiene los ojos cristalinos y ligeramente enrojecidos, pero es el hedor a alcohol el que me confirma lo mucho que ha bebido.  Un aura pavorosa parece estar asfixiándonos, anunciando un desenlace fatal.

―Es hora de que me vaya. Si me disculpan...

Contra todo pronóstico es Taehyung el que corta el silencio. Hace una ligera reverencia en dirección a mi marido y da unos pasos en dirección a la salida del jardín. En el primer movimiento su cadera empuja ligeramente el columpio detrás de él y se cae al suelo la caja de chocolates que segundos antes había dejado sobre la tabla de madera. Berclay fija su mirada en el objeto caído e inmediatamente intercepta el brazo derecho de Taehyung.

―¿Tú quién demonios eres? ―empuja las palabras con rabia y hasta yo, que estoy a una distancia considerable de los dos hombres, puedo oler su aliento hediondo. Veo como la nuez de adán de Taehyung baja por su garganta al tiempo que traga saliva. ―¿Qué demonios haces en mi casa a las dos de la mañana? ¡Mierda! ¿Qué coño crees que haces metiéndote con mi mujer?

Berclay empuja a Taehyung y éste retrocede dos pasos, su rostro compungido por el sobresalto. Berclay ha adoptado una postura de ataque, con los puños cerrados a ambos lados de su cuerpo y su pecho más inflado, hacia fuera. Por el contrario, Taehyung no sabe muy bien cómo reaccionar y doy por hecho que muy pocas veces en su vida ha debido enfrentarse a un marido celoso y agresivo.

―Cariño, es un compañero del trabajo ―decido intervenir― ha venido porque... Porque olvidé la tarjeta credencial en la oficina y la necesito para entrar mañana en el edificio. Ha venido a traérmela en cuanto ha podido, si bien las horas no han sido las más adecuadas. Como agradecimiento le he sacado una caja de chocolates que teníamos en la nevera desde hace no sé cuánto tiempo. Eso es todo.

Mi voz serena y solemne parece tener un efecto en ambos hombres. Ladinamente consigo que Berclay cambie su mirada depredadora por otra más pacífica, pero aun así dista mucho de ser inofensiva. Taehyung creo que está sorprendido por mi habilidad para inventar una mentira tan creíble pero no me atrevo a mirarle más que por el rabillo del ojo.

―No te quiero volver a ver por aquí ―dice finalmente, dirigiéndose a Taehyung. ― No quiero ni que respires cerca de mi mujer, ¿queda claro? Pedazo de mierda... La próxima vez te sacaré los ojos.

Ahogo un grito de angustia. Conozco el temperamento de Berclay bajo los efectos del alcohol y puedo soportarlo, pero se me hace intolerable que se dirija así hacia Taehyung. Quiero protegerle, quiero que se vaya de aquí y solamente recuerde el buen momento que hemos pasado juntos hasta que mi marido ha venido a estropearlo. No quiero que esta noche se vaya a la cama y en la oscuridad de su habitación, en vez de pensar en nosotros y los chocolates, piense en este momento de tensión y agresividad. De alguna forma, hago todo lo que puedo para remediarlo.

―¡Berclay! Deja de decir eso, él solo ha venido a...

―¿Me acabas de levantar la voz, cariño? Mierda, sí que te pones valiente frente a este estúpido... Estoy deseando que estemos solos para ver cuánto te dura esa actitud.

―No la amenaces ―dice Taehyung y los dos nos giramos a mirarle con sorpresa. ― Ha sido mi culpa, no debería haber venido a estas horas. Ella solamente me ha abierto la puerta amablemente y me ha dado algo de comer. No tiene ningún motivo para enfadarse con ella.

―Oh y ahora la defiendes... ―Berclay echa la cabeza para atrás mientras suelta un par de carcajadas demasiado sonoras. ― ¿Pretendes que me crea que solo eres un compañero de trabajo? ¿Cuántas veces habéis estado juntos, eh? ¿Cuántas veces? Porque te voy a pegar un puñetazo por cada una de ellas.

Berclay está borracho y se lanza torpemente hacia Taehyung, el cual logra esquivar sin dificultades el cuerpo maltrecho de mi marido. Lo intercepto enseguida, frenándole al poner las manos sobre su pecho que se me mueve arrítmica y aceleradamente.

―Eso no es así, haces mal en pensar esas cosas. ― Me siento violenta diciendo las palabras que ahora salen por mi boca, la vacilación en ellas. Algo se siente mal negando aquello, como si no fuera verdad que yo nunca jamás hubiera tenido un encuentro con Taehyung como el que mi marido insinuaba. Berclay sigue ansioso y yo agarro en mis puños la tela de su camisa para lograr que me mire. Entonces, suplicando, con los ojos mirándole de hito en hito, prometo: ―Vamos, soy tu mujer, soy tuya.

Esas pocas palabras parecen serenarle y me parece ver un atisbo de superioridad y arrogancia en las comisuras de sus labios. Me separa las muñecas de su pecho y me agarra la mano con fuerza, en un despliegue de territorialidad y dominancia. Cuando me giro hacia Taehyung me siento devastada y totalmente rota, como si hubiese sido él quien le había dicho esas palabras a otra mujer. Pero no, he sido yo. Soy una mujer casada y los dos debemos tenerlo claro.

Taehyung sale del jardín, la puerta se cierra tras su paso y tras la verja puedo ver reflejos de su figura caminando lentamente hacia su coche. La noche es fría y parece calar en nuestros huesos y cerebros los afilados filos de la conversación encendida. Cierro los ojos por un segundo, escucho su risa, la tengo tan bien memorizada que parece real. Luego Berclay tira de mí y entramos en casa.

Tras la Guerra || KTHHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora