26 de octubre de 1963
Es domingo y hoy se supone que debemos poner rumbo a Seúl, pero unas fuertes lluvias han inundado la vereda, la cual es ahora una mezcla de piedras y barro tan denso que es imposible sacar el coche. El padre de Taehyung asegura que hasta mañana no se secará, en el mejor de los casos, así que debemos posponer nuestro retorno un día más. A Taehyung le desbarata los planes, pues debía estar el lunes por la mañana en la oficina para una entrevista con uno de sus subordinados para un ascenso de puesto, mientras que yo me preocupo por la posible ira de mi marido ante mi retraso y por mi pobre hija, que me estará echando de menos.
No deja de llover hasta mediodía y las nubes cubren amenazantemente el cielo hasta pasadas las cinco de la tarde, cuando un sol brillante empieza a despejarse entre la densidad oscura. Las fuertes lluvias también han cortado la electricidad, así que cuando la tarde da paso a su luz mortecina encendemos velas por toda la casa. El padre de Taehyung, molesto por no haber podido trabajar en el campo hoy, se va a la cama pronto con el deseo de que mañana sea un día más útil, y su esposa le acompaña a la alcoba. Me quedo frente a la ventana, viendo un atardecer bellísimo que salpica de colores vistosos y cálidos las múltiples nubes que aún cubren el cielo. Como no hace demasiado frío tengo la ventana abierta y la humedad me acaricia el rostro dejándome una sensación de frescura.
―Sabía que estarías viendo el atardecer, el cielo está muy bonito hoy ―escucho la voz de Taehyung a mis espaldas y, a penas un segundo después, lo tengo a mi lado, pegando su hombro contra el mío para mirar por la pequeña ventana de la sala de estar.
Desde ayer no hemos vuelto a tener una conversación del mismo peso pero algo entre nosotros parece distinto. Hoy me he sentido más relajada a su lado, hemos reído, hemos compartido la comida, nos hemos mirado como antes lo hacíamos e incluso ha clavado sus dedos en mis costillas para arrancarme una corta carcajada. Es como si esa conversación y este lugar nos hubieran despojado de nuestras personalidades maceradas durante los últimos años, como si nos hubieran borrado la memoria para simplemente ser nosotros mismos, los que éramos. Casi puedo sentir la brisa de octubre hace quince años en este mismo lugar. Puedo sentir un día pasado trascurriendo sobre este mismo.
La ventana tiene un pequeño saliente sobre el que los dos hemos posado nuestras manos. Las suyas son muy diferentes a las de mi marido, son suaves y de dedos alargados y finos, deslumbrando la delicada masculinidad que le caracteriza. La distancia entre nuestros dedos es minúscula y unas ganas irrefrenables me hacen querer romperla. En tiempos pasados lo hubiese hecho, pero ahora me deslumbra el brillo del aro que mantiene presente mi matrimonio. Lo mucho que le deseo me disgusta. No hay nada que me haga sentir más humillada que mis propios deseos. No quiero sentirme ese tipo de mujer, casada pero deseosa de otro hombre. Es horrible y es indecoroso, y sabe Dios que lucho contra esta sensación pero hoy me resulta más pesada que nunca.
―Mañana saldremos pronto ―dice sacándome de mis indecentes cavilaciones, instaurando un rubor en mis mejillas que bien podría delatarme, aunque por suerte él sigue con la mirada fija en el avanzado atardecer. ―Quiero pasarme por el periódico a última hora.
―Muy bien, yo también debería llegar a casa lo antes posible ―concuerdo, pensando en mi marido y mi hija. Sobre todo en ella. Taheyung suelta una risita y se gira a mirarme.
―¿Por qué siempre nos ponemos serios cuando hablamos del trabajo o de la familia? Nos cambia el humor rápido nada más mencionarlos.
―Pues no lo sé, pero es verdad ―sonrió dándole la razón―, quizás sea porque en esas vidas no sonreímos tanto.
―Pues deberíamos ―añade Taehyung. ― ¿Por qué siempre llevas a la oficina esas medias negras tan apretadas? Seguro que son la razón de que no puedas ni esbozar media sonrisa.
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Tras la Guerra || KTH
Fanfiction1950, las tropas norcoreanas traspasan el paralelo 38 dando inicio a una de las contiendas más sanguinarias de la historia, la Guerra de Corea. Park Hyori huye con su familia hacia el sur del país, donde consiguen alojamiento en una granja a las afu...
