3 de junio de 1951
La siembra del arroz ha comenzado y aquellos días donde no teníamos nada que hacer y simplemente pasábamos todo el tiempo juntos se han quedado atrás. Taehyung y su padre tienen mucho trabajo e incluso el fotógrafo se ofrece a ayudarles, a pesar de su cojera. Es el primer junio que paso en la granja y me resulta el más laborioso. Las mujeres también tenemos muchos quehaceres y realmente no paramos quietas durante todo el día. Cuando cae la tarde y nos reunimos todos para cenar se siente como ser una gran familia de nuevo.
Los temas de conversación son generalmente anodinos, hablamos de cómo va la siembra, de que tal gallina lleva varios días sin poner huevos, de que me salpiqué limpiando la ropa y una gota de agua con jabón me saltó al ojo... El único que suele tener información sustancial es el fotógrafo, quien sale de la granja siempre que puede para seguir con su trabajo. Hace un par de días había conseguido ir por fin al puerto de Busan y nos había invitado a acompañarle, pero Taehyung tenía mucho trabajo y no pudo aceptar. Yo tampoco quise ir sin él y recibí una charla de desaprobación de su parte. No dejaba de decir que debería ir al puerto aunque él no pudiera, que era una buena oportunidad para que viera el mar. Había intentado convencerme pero sé que en el fondo se regocijaba en la idea de que no quisiera ver el mar si no era con él.
Durante la cena el fotógrafo nos habla sobre la guerra, sobre los rusos, los americanos y los chinos. Algunos hacen preguntas y se interesan por saber más, por comprender la situación del país y de sus soldados. Taehyung incluso habla de sus hermanos con esa seguridad en sus palabras que le caracteriza y es capaz de hablar de bombas y trincheras mientras se mete puñados de arroz tan grandes que se le inflan las mejillas.
Yo parezco ser la única no interesada en la conversación. No quiero hablar de la guerra, ni de las tropas, ni de absolutamente nada que se salga de los límites de esta granja. La comida ya no me sienta bien y siento que acabaré mareándome si sigo escuchándoles hablar. Pido disculpas y me levanto del suelo, huyo hasta que salgo de la vivienda y llego a parar al gallinero.
Tomo una bocanada de aire. Tengo ganas de llorar. El reclutamiento de Taehyung es un tema que siempre orillamos pero yo no puedo sacármelo de la cabeza cada vez que hablan de estos temas. Siento que me ahogo, me sudan las manos y las lágrimas se agolpan en los bordes de mis ojos.
―Sabía que te encontraría aquí. Mucho consuelo encuentras entre las gallinas eh.
Veo a Taehyung por el rabillo del ojo pero no me giro en su dirección. En estos momentos siento una especie de enfado hacia él, o quizás no es enfado, es frustración por la forma tan despreocupada que tiene de hablar de la guerra. Da la impresión de que no le importa irse, no le importa dejar atrás su casa, su familia... A mí.
―He tenido que recoger yo los platos. Después de todo el día trabajando, he sido yo. Así que no sé cuándo me lo vas a devolver, pero me debes una.
Taheyung intenta hacerse el gracioso, otra vez con esa actitud despreocupada y chistosa. Deja de prestarle atención a las gallinas cuando se da cuenta de que no me estoy riendo o que ni siquiera le respondo. Me apoyo contra la pared de piedra y cruzo los brazos.
―¿Estás enfadada?
Parece que por fin se da cuenta y viene hacia mí.
―Ahora mismo no quiero hablar contigo.
No es la primera vez que escucha esas palabras, pero sí es la primera vez que las digo enserio. Normalmente nuestros enfados son breves y por tonterías, pero esta vez estoy molesta de verdad. Taehyung curva las comisuras de sus labios hacia abajo, como siempre hace cuando está preocupado.
―¿Por qué? ¿He hecho algo mal?
―No, olvídalo.
Agacho la cabeza para que no vea como las lágrimas vuelven a brillar en mis ojos. Taehyung acorta las distancias, pone una mano en mi cintura y con la otra levanta mi barbilla. Una lágrima rueda por mi mejilla.
―N-no me gusta verte así, por favor, dime ―su mirada está entristecida y casi hace que me sienta culpable por estarle haciendo pasar por esto. ― ¿Qué pasa?
―¿Quieres saberlo? Bien, te lo diré ―aparto su mano de mi rostro y él me mira cada vez más asustado. ― Lo que pasa es que no soporto oírte hablar de la guerra, no soporto la visión tan optimista que tienes acerca de ella porque no es realista. Créeme, antes me daba igual y hasta me parecía tierno, pero ahora que sé que tú vas a estar en ella me parecen una frivolidad y un peligro esos pensamientos tuyos tan alentadores. Tae, la guerra no es bonita, la mayoría de soldados no vuelven a sus casas, las balas te matan. ¿Es que no lo entiendes? La guerra es algo horrible de lo que mucha gente no puede escapar y tú estás totalmente dispuesto a participar en ella, a dejarme aquí y quizás nunca volver a mi lado.
Hago un montón de aspavientos con las manos y la ira bloquea muchas de las lágrimas que se agolpan en mis ojos. Estoy tan enfadada que ni siquiera puedo llorar y a Taehyung lo único que se le ocurre hacer es soltar una risita y mirar hacia un lado, como si acabara de tener una relevación de lo más sorprendente.
―Así que es eso ―dice son soberbia. ― No te importa la guerra, lo que te preocupa es que yo me separe de ti.
Lo ha comprendido más rápido de lo que estimaba que iba a tardar. Me quedo callada y al cabo de unos segundos prosigue:
―Yo tampoco quiero estar lejos de ti. Donde estés tú, es el único lugar en el que quiero estar. Realmente no sé nada sobre la guerra, más que es una obligación para mí estar allí ―sus palabras abren una grieta en mi corazón, mi rostro se compunge y respiro irregularmente, notando las lágrimas mojar mis mejillas. Taehyung agarra mis manos y las ahueca entre las suyas. ― Pero sí sé una cosa: cuando te veo, cuando te toco, cuando el mejor momento de mi día es por ti... Sé que te quiero, y eso es lo único que realmente necesito saber.
Inclino la cabeza hacia su pecho buscando refugio y rodeo su cuerpo con mis brazos delgados. Las lágrimas manchan su camiseta, pero él pone una mano en mi nuca y me presiona hacia su corazón. Al cabo de un momento, sus latidos lentos pero potentes me comienzan a calmar por sí solos, hasta que dejo de llorar y simplemente nos quedamos así abrazados.
―Prométeme que volverás conmigo, por favor, prométemelo ―suplico contra su pecho, como una niña aferrada a la falda de su madre.
―Eres el único lugar al que querría volver.
Su voz suena profunda y pacífica como el mar al que soñamos ir juntos.
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Tras la Guerra || KTH
Fanfiction1950, las tropas norcoreanas traspasan el paralelo 38 dando inicio a una de las contiendas más sanguinarias de la historia, la Guerra de Corea. Park Hyori huye con su familia hacia el sur del país, donde consiguen alojamiento en una granja a las afu...
