19 de agosto de 1970
Es agosto de un verano muy antiguo. Los minutos y las horas parecen ya pasados incluso mientras están ocurriendo. Ya he hecho este recorrido aunque sea mi primera vez, ya he dicho estas palabras aunque no las recuerde con exactitud. Siento el peso del pasado sobre mí, avisándome, de que esto es una de las tantas repeticiones del universo. Algo que estaba destinado a ocurrir y, que de hecho ya ha ocurrido muchas veces. En el fondo tiene sentido. La forma en que hablamos y la forma en la que nos movemos destila comodidad, familiaridad e incluso una agradable cotidianidad. Si lo pienso mucho, me siento aterrada con la forma tan suave que ha tenido el destino de complacerme.
Jean, mi gran amigo Jean, me enseñó hace ya siete años la lengua francesa, me dotó de las capacidades necesarias para ser capaz de elegir un buen café y me mostró su férrea voluntad para sacar a Taehyung de la cárcel. Para esto último movimos cielo y tierra, pero lo máximo que conseguimos fue averiguar en qué prisión le mantenían preso bajo la falsa acusación de secuestro. Nos costó años hacerle llegar nuestras cartas y solo en una ocasión recibimos respuesta: el director de la prisión nos trasladaba que las comunicaciones con el preso estaban vehementemente prohibidas. Tras la auténtica desesperación por sacarle de allí, Jean viajó a Corea, con una previa instrucción por mi parte del idioma, y tuvo la oportunidad de visitar a Taehyung. A la vuelta, cuando me relató su encuentro, lloré de la pura alegría de saber que vivía, que estaba bien y que pensaba en nosotros. Jean le prometió que le sacaríamos de allí e hicimos todo lo posible por cumplir la promesa. Eventualmente, el centro penitenciario nos comunicó que habían trasladado al preso y no tenían registro de dónde le habían llevado. Estuvimos cinco años sin saber nada de él.
Durante esa época yo era una mujer muy cohibida, muy recogida en un mundo interior demasiado oscuro. Llevaba a Sophia a la escuela y ayudaba a Paula con las tareas del hogar, pero no hacía mucho más. La tristeza se apoderaba de mí por momentos y me encontraba en un constante estado de rumiación en el que aparecían en mi mente todas las personas a las que había querido y lo mal que se me había dado mantenerlas a mi lado. Estos pensamientos, por supuesto, me hacían mucho daño pero también me convirtieron en una madre sobreprotectora, asustadiza y dependiente. Jean, con toda su buena intención y con todo el amor que me profesaba, me invitó a salir al mundo, a mudarme a otra ciudad, a encontrar un trabajo y comenzar de cero.
Nos trasladamos a París al inicio del siguiente año escolar. Al principio fue muy duro para ambas, pero Sophia enseguida hizo amigos y yo conseguí un puesto de traductora de noticias en una editorial. Vivíamos las dos en un piso de los suburbios, muy pequeño pero muy coqueto. Mi lugar favorito era la cocina, donde aprendí a cocinar un centenar de recetas que cada viernes por la tarde preparaba para las amigas de Sophia. Como los viernes salía pronto de trabajar me daba tiempo a preparar una buena merienda y después cocinaba la cena y alistaba unos licores para las madres de las niñas, quienes siempre se quedaban un rato en mi casa al venir a recoger a sus hijas. Esta nueva rutina me hizo darme cuenta de que en realidad era una persona muy hogareña, ordenada y cálida con las visitas. Las amigas de mi hija me veían como a una segunda madre y las otras madres me tenían como una referencia culinaria y del interiorismo. Esta nueva versión de mí, añadida al éxito en mi trabajo, me ayudó a ir saliendo poco a poco del pozo oscuro de mi mente.
Por supuesto, no me olvidaba de Taehyung. A menudo, Jean y yo nos carteábamos poniéndonos al día con posibles avances, que solían ser pocos, hasta que un día pude darle una buena noticia. La carta, aún hoy, la recuerdo en su totalidad, pues la leí cien veces antes de enviarla. Decía así:
Mi querido amigo Jean,
Felicitaciones por tu nuevo sobrino, debe ser un encanto. Espero con ansias poder verle algún día de estos.
He tardado en responder a tu correspondencia porque quería darte las buenas noticias todas juntas. Hace ya más de un mes (¡antes incluso de tu última carta!) recibí un comunicado del Ejército de los Estados Unidos de América notificándome de la muerte en combate de Berclay. Murió en Vietnam y fue condecorado post mortem con la Medalla del Honor por su participación en no sé que batalla.
Inmediatamente después de conocer la noticia me puse en contacto con varios correccionales y uno de ellos (uno de esos a los que habíamos llamado tantas veces y habían negado todo) me admitió que se hacían cargo del aprisionamiento de Kim Taehyung. No me han querido decir más pero por lo menos ya sabemos dónde está y, ahora que mi ex marido ha muerto, creo que nos será mucho más fácil sacar a Taehyung de ahí.
Me gustaría verte en persona, creo que estamos muy cerca de conseguirlo. Podría ir a verte el fin de semana del veinte del próximo mes, dime si te conviene.
Un abrazo muy grande, Jean.
Hyori.
Las cosas cambiaron muy rápido poco después de que enviara esa carta. De hecho, poco tuvimos que hacer para que sacaran a Taehyung de la cárcel, poniendo así fin a su injusto encarcelamiento de siete años. Fue irrisorio la facilidad con la que todo fluyó, dando la sensación de que podríamos haberle sacado de allí mucho antes pero no lo habíamos intentado lo suficiente. Me preguntaba si Taehyung pensaría de nosotros algo como eso. ¿Nos tendría resentimiento por no haberle sacado de la cárcel antes? ¿Nos odiaría al ver lo felices que vivíamos en un país tan lejano a donde él estaba?
No. El corazón de Taehyung no tenía espacio para resentimientos. Lo único que dijo al verme en la salida del aeropuerto fue: "¡qué guapa estás! No has envejecido ni un día".
Puede que tenga razón. No he envejecido en estos siete años esperándole y nuestra relación tampoco. Hablamos con la naturalidad de quienes se ven todos los días, sonreímos y reímos nerviosamente cuando la realidad nos azota con su atipicidad. Taehyung ha crecido haciéndose más pequeño, convirtiéndose en un niño de nuevo. En este momento, mientras conduzco de camino a casa, me siento como era cuando era una niña y él, mi eterna compañía.
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Tras la Guerra || KTH
Fanfiction1950, las tropas norcoreanas traspasan el paralelo 38 dando inicio a una de las contiendas más sanguinarias de la historia, la Guerra de Corea. Park Hyori huye con su familia hacia el sur del país, donde consiguen alojamiento en una granja a las afu...
