21 de agosto de 1952
El jersey verde, ya terminado, yace sobre el arcón situado frente a la cama de nuestra antigua habitación. Lo he dejado bien doblado, adornado con una flor recién cortada de lirio blanco –cuyo destino es que él la encuentre ya disecada – y su fotografía en cuyo reverso he escrito unas pocas frases. La he estado mirando todos los días durante los últimos meses y ya la he memorizado toda entera, por eso pienso que ya no la necesito, que debe quedársela él porque imagino cuánta ilusión le haría.
―Querida, tu madre te espera. ¿Has recogido todo?
La madre de Taehyung entra al dormitorio y me encuentra ahí de pie, frente al jersey, el lirio y la fotografía. Justo a la derecha, la ventana deja pasar unos tímidos rayos de sol que iluminan el arcón, pintando su madera caoba de tonos cobrizos. En mis manos sujeto las asas de una bolsa mohosa que contiene mis pocas pertenencias.
―Lo siento, Hyori ―dice con voz compasiva y amorosa. Pasa una mano por mi espalda y la mantiene ahí, mientras mira a donde yo miro. ―Le gustará mucho y le hará mucha ilusión. Estoy segura.
―Quisiera dárselo yo misma ―me lamento en un tono de auto comparecencia.
―Lo sé ― asiente levemente. He pasado tantas horas de tantos días a su lado que me conoce perfectamente. Entre nosotras existe una sintonía difícil de explicar, marcada por el respeto y el afecto. De forma no intencionada me llevo los dedos de mi mano izquierda al tríceps de mi brazo contrario, donde un corte alargado y profundo todavía encuentra modo de cicatrización. Ella se da cuenta y ahoga un quejido ―: Lo siento, Hyori.
―Lo sé ―suspiro para recomponerme y mis labios se curvan en una sonrisa apaciguadora, sin resentimientos. Mi madre me hace llamar: debemos irnos ya.
Echo un último vistazo a esa habitación y tantos recuerdos se agolpan en mi corazón que lo siento sobrecogerse emocionado. Me digo a mí misma que no será la última vez que lo vea pero sé que estoy mintiendo, no puedo ser tan irrealista y optimista como Taehyung. De hecho soy todo lo contrario a él, al menos cuando no estoy a su lado.
Su madre me saca de mis ensoñaciones cuando enreda sutilmente sus dedos engrosados en mi brazo de carácter níveo.
―No puedes dejar esto aquí. Su deseo era que tú lo tuvieras.
Me entrega la fotografía, tan grande en las manos de su madre, tan pequeña en las manos de él. Vacilo por unos instantes pero finalmente la cojo, quizás egoístamente, quizás obedientemente. La he convertido en un tesoro y mi mente se apacigua un poco cuando la vuelvo a tener conmigo.
Nos despedimos tan cariñosamente como nunca antes nos hemos tratado, entre cientos de promesas y deseos sinceros. La madre de Taehyung me estrecha entre sus cálidos brazos y el padre acuna mi mejilla con su mano callosa y me mira con ternura.
―Eres igual que tu padre ―me dice con los ojos vidriosos. No sé si hace referencia al físico o a la personalidad, pero por la intensidad de su mirada me decanto por lo segundo. Luego me suelta, recuperando esa frialdad y ese distanciamiento emocional propio de muchos hombres.
El hermano nos ve marchar y todavía suelta algún que otro improperio al que ya hacemos oídos sordos. Su mirada displicente encuentra la carne de mi brazo, marcada por su ira descontrolada y su odio sinsentido hacia mí. No creo realmente que quisiera hacerme daño cuando me lanzó el cuchillo el otro día, simplemente estaba fuera de sus cabales; ido, loco. Por esa razón no le guardo ningún rencor. Pero ahora, cuando nos estamos marchando de esta casa para siempre, una parte de mi corazón ennegrecido desea que ese hombre nunca hubiese vuelto, porque así podría seguir aquí, esperando la vuelta de Taehyung.
Lo único que calma mi afligido corazón es el hecho de que viajamos a Busan, concretamente a una pensión de la que el padre de Taehyung nos ha hablado. El lugar es inhóspito y sórdido, compartimos habitación con unas diez personas más y los insectos se pasean entre los pequeños huecos que dejan los colchones. Una vez más, me reitero diciendo que la granja era un oasis en medio de toda la pobreza de este país. Pero al menos sé que Taehyung sabrá dónde encontrarme cuando la guerra termine y si no lo hace, yo me he asegurado de memorizar todo el camino de vuelta a la casa de la granja.
ESTÁS LEYENDO
Tras la Guerra || KTH
Fanfiction1950, las tropas norcoreanas traspasan el paralelo 38 dando inicio a una de las contiendas más sanguinarias de la historia, la Guerra de Corea. Park Hyori huye con su familia hacia el sur del país, donde consiguen alojamiento en una granja a las afu...
