Capítulo Cuatro

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NARRA THEO

Miré al chico junto a mí, con enojo y las manos metidas en mis bolsillos, ignoraba a los chicos que estaban mirándonos mientras nosotros intentábamos sin éxito pedirle un cambio de equipo a la profesora. Ella no paraba de negarse y pedirnos que colaboráramos pero nada podía hacernos cambiar de opinión, o eso creíamos.

-Bien, les diré esto y escuchen con atención. -Comenzó a decirnos de forma suave y amable, probablemente no sería nada bueno.- Si no quieren hacer el trabajo está bien, no hay problema. Sólo les pondré un uno y ya. 

Gruñí bajo, no podía bajar mi promedio o no podría entrar a una buena universidad. Miré a Liam de reojo mientras pensaba en que hacer y luego una idea venía a mi cabeza... Iba a hacer que el menor pagara por todas las veces que me había ignorado y todas las cosas que me había dicho esa mañana. Sonreí como el gato de Alicia en el País de las Maravillas para luego volver mi vista hacia la Señorita Blake, esto sería divertido.

-Está bien, lo haremos sin volver a protestar y tendremos el trabajo listo para la siguiente semana. Prometo que daré lo mejor de mí para que funcione. -Dije en voz alta y con la mayor educación posible, tenía que ser creíble. 

-Perfecto, muchas gracias Theo. ¿Y tú, Liam? ¿Qué dices?. -Indagó la mujer de cabello negro con una sonrisa viendo directamente al rubio, él sólo suspiró y asintió levemente.- ¡Genial! Me alegro tanto, chicos. Bueno, elijan el tema que más les guste, hay muchas épocas muy hermosas que pueden escoger como el romanticismo francés, autores como Jean-Jacques Rousseau. O el romanticismo estadounidense, como Edgar Allan Poe; O el argentino, como Esteban Echeverría. O pueden agarrar una novela romántica moderna o de alguna época, analizarla y luego pasar a explicarlo aquí delante. Yo les recomendaría "Romeo y Julieta" de William Shakespeare, definitivamente ustedes y ellos comparten algo en común. -Terminó por decir la maestra sonriente.

-¿Compartimos algo? ¿Cómo qué?. -Preguntó Liam confundido y levemente aterrado.

-¿Eso no es una obra trágica?. -Indagué pensando en voz alta sin darme cuenta llamando la atención del rubio y de la literata.

-Sí, pero la vida es una tragedia. ¿Crees que en medio de una tragedia no podría haber amor?. -Su pregunta me dejó algo perdido, ella tenía un buen punto.- Todo siempre puede recaer en el amor, ya sea una tragedia, enojo, hasta el odio puede convertirse en amor. Recuerden que del amor al odio hay un sólo paso... -La adulta suspiró con una sonrisa mirándonos.- Y sobre tu pregunta, Liam, eso lo contestarán ustedes mismos al terminar el trabajo.

Nos envió a nuestros lugares para poder terminar de dar las pautas a cumplir para la asquerosa tarea que debíamos hacer. Cuando por fin me senté junto a mi amigo, éste me miraba expectante, yo simplemente sonreía.

-¿Qué pasó?... -Indagó curioso el moreno sin apartar sus ojos cafés de mi rostro.

-Los cerdos aprendieron a volar... 

Murmuré con una amplia sonrisa, era el momento de mi venganza. Los pocos minutos que quedaban de clase se me hicieron eternos, sólo quería que terminara para poder tener una plática poco civilizada con el menor a solas, sería divertido, y así podría probarme a mí mismo que sólo me molestaban las actitudes del rubio, no lo veía como una conquista ni mucho menos. Cuando por fin sonó la campana pude divisar como todos se levantaban, entre ellos Liam, que salió corriendo fuera del salón lo más rápido que pudo. Agarré mis cosas y salí sin avisar prácticamente, sólo me concentraba en el pequeño de ojos claros que huía de mí, me ansiaba llegar hasta él por alguna extraña razón. Una vez estaba a sólo unos metros, decidí esperar tranquilamente a ver cómo bajaba su guardia al llegar con sus amigos a su casillero, era mi momento. Me acerqué a él por detrás y puse una mano en su hombro haciéndolo saltar mientras se giraba hacia mí horrorizado. 

-¿Qué pasa? ¿Ya viste volar a los cerdos?. -Pregunté curioso con una sonrisa pegada a mi rostro. El menor no hablaba y me estaba impacientando así que continué.- Parece que un cerdo te comió la lengua. En fin, te veo en mi casa a las cuatro y no llegues tarde. 

-Si quieres puedo hacer todo... Todo el trabajo completo y luego pongo tu nombre... -Murmuró el pequeño asustado haciéndome reír. ¿Realmente creía que esto sería tan fácil?

-No. En mi casa. A las cuatro. Sé puntual. -Dije de manera tajante y seria.- Ya sabes la dirección.

Sin esperar su respuesta me alejé de allí con una amplia sonrisa en mi cara, sería una tarde tan divertida para mí, haría que ese chico se arrepintiera de haberse creído mejor que yo. Nadie era mejor que yo.

Amor a primera pelea ||THIAM||Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora