12. Profesor de natación

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Mark sujeta de la mano a la chica mientras la guía por el camino plano de velas, Anna emite un gemido cuando al llegar observa el lugar con una iluminación tenue pero espléndida, los focos que cuelgan de los árboles no llegan a la laguna así que ésta es iluminada por el resplandor de la luna y el brillo peculiar que las estrellas poseen. En todo el centro del lugar una mesa redonda decorada sencillamente con más velas hacia el lugar perfecto.

-Una cena- murmura Anna sorprendida.

-Pero no romántica-, responde rápidamente Mark.

-¿Por qué?- inquirió ella confundida acariciando las puntadas de su dedo.

-Porque la pizza no es romántica-. Admite él avergonzado.

-Pero es deliciosa-. Afirma ella restandole importancia al tema de la cena.

-Siéntate. Buscaré la pizza- ordena él mientras la guía con la cabeza a la mesa.

Ella no hace caso y camina por el lugar explorando cada detalle, pasea de un lado al otro inhalando el olor de los árboles y escuchando la banda sonora que forman los insectos a su alrededor, desde los grillos hasta las ranas. Todo magnífico a su modo.

-¿Disfrutando de la vista?- pregunta Mark al verla tan concentrada contemplando el lugar con admiración.

-Si. El lugar en increíble - comenta ella distraída observando el color verde apagado de la grama que se encuentra debajo de sus pies -¿Seguro que no es allanamiento a la morada?

-Ya te dije que no- Mark coloca los ojos en blanco -Aunque si te gustan los lugares al aire libre podemos hacer una intromisión a la montaña de camelback.

Ambos sonríen contemplandose el uno al otro sin saber los intensos sentimientos que comienzan a emerger dentro de ellos. Caminan despacio a la mesa sin perder el contacto visual.

-No es por alardear pero la pizza está hecha por mi y. . . -Mark le da un gran mordisco al trozo en su mano -Está deliciosa -comenta con la boca llena y alzando un pulgar.

Anna lo imita y al masticar siente los múltiples sabores mezclados entre sí, el queso junto a las anchoas y el tomate. Una explosión de sabor reina en su boca y emite un gemido silencioso que Mark no logra captar. -Eres un pésimo, pésimo cocinero - miente ella con tono burlón.

-Por mentirosa te comerás seis trozos - sentencia Mark mientras da un sorbo a su bebida gaseosa -Pajarito.

Ella sonríe embobada al observar el rostro de su acompañante y sus movimientos ágiles en todo, siente cierta envidia al saber que él es capaz de hacer cualquier cosa rápido y sin equivocarse. Al terminar quedan ambos satisfechos con la cena y bromean respecto al sabor de la pizza napolitana y los dones culinarios de Mark.

Caminan hasta sentarse en el pasto húmedo que rodea la laguna y observan el firmamento brillar con intensidad. -Tus ojos se parecen a esas estrellas -comenta Mark mientas señala a dos luceros juntos que iluminan el cielo nocturno, exceptuando la luna.

-Que va, mis ojos se parecen al césped donde tenemos el trasero apoyado-, contesta Anna con sorna.

-Excelente comparación -comenta Mark sarcásticamente. -Tengo calor - añade zanjando el tema de lo romántico o cursi.

-Bueno, vivimos en Arizona ¿Que puedes esperar? -Pregunta Anna observando la laguna con interés -O puedes nadar un instante en aguas desconocidas.

-No es mala idea- contesta él observando por primera vez la laguna con sus ojos chispeantes de emoción. -Siempre y cuando tú entres conmigo, por supuesto-. Añade Mark al ver el semblante divertido de la joven.

~June~Donde viven las historias. Descúbrelo ahora