—¡No abras! —ordenó Anna en un susurro apenas lo suficientemente audible.
—¿Qué sucede?—preguntó Thiago tenso y nervioso de repente.
—Las autoridades se han enterado ¡sospechan de mí! Me han interrogado y les he dado algo falso con lo que distraerse por unos días. Pero ¡ellos no son como los de Phoenix! —casi gritó Anna en un murmullo. Sally, la novia de Thiago se encaminó a abrir la puerta hasta que captó la seña que Anna le hacía. Entonces abrió más de prisa.
—Somos pareja y estuvimos fuera por unas breves vacaciones —susurró Anna saliendo del balcón junto a Thiago —Nos quedamos en casa de tu hermana y nos regresamos temprano ya que tenía que trabajar.
Éste no dijo nada pero asintió captando todo. —¿Qué quieren? —preguntó a los policías como quien no quiere la cosa. —¿Que hacen acá?—.
—Acompañenos —ordenó un muchacho joven de unos veinticinco años cuando mucho. Era alto, rubio y formidable. Un Adonis cualquiera, pero su rostro serio dejaba claro que no estaba en modo de conquistar sino de arrestar.
Anna estaba contrariada mientras le depositaba un casto y fugaz beso en los labios a Thiago, éste parpadeo confundido y a Sally no le gustó para nada el gesto, lo dejó saber al soltar un gruñido amenazante. El guapo oficial se retiró una vez que Thiago y sus demás acompañantes hubieran salido del piso.
—¿Qué te ocurre? —preguntó Sally acercándose con pasos ingentes —Has metido a mi Thiago en problemas y encima le besas. . .
—Sally ahorita tengo suficientes inconvenientes para tener otra discusión contigo —respondió Anna dando disimuladamente un paso hacia atrás. —Thiago estará bien. Solo van a interrogarlo y volverá en una hora aproximadamente.
—¿En que lo has metido? —preguntó la morena tomando el cuchillo que se encontraba en la mesa. Anna captó enseguida el movimiento y trató de correr a la puerta pero ésta joven de metro ochenta se lo impidió.
Con una mano mantuvo presionado el delgaducho cuerpo de Anna a la pared mientras que pasaba el cuchillo por el brazo descubierto de la jovencita. Ésta se removía como un pez fuera del agua tratando de liberarse de las garras de una loca. —¡Estás enferma! —rugió Anna sintiendo el filo acariciar su pulida piel —¡Déjame o voy a gritar! —
La mayor abrió los ojos sorprendida por la cobardía de la muchacha y soltó una risita que daba escalofríos de solo escucharla. —¿Quieres gritar? —preguntó clavando solo un poco el cuchillo. Anna gimió con miedo —Pues entonces te daré motivos para que grites. . . —acto seguido clavo el cuchillo en el brazo izquierdo de Anna, a la altura del pecho. Ésta gritó con fuerzas y fue silenciada automáticamente por la gigante manota de Sally.
—Esto es por meterte en mi casa —dijo recalcando la palabra «mi» aunque el piso fuera completamente de Thiago. —Por meterte entre él y yo. . . Y por que no soporto ver tu cara de niña bonita.
Anna mordió con fuerza la mano que tapaba su boca y suspiró entrecortadamente. —¡Eres una maldita loca! —escupió con rabia. Ella no acostumbraba a decir esa palabra pero el enojo del momento la cegó y se encontró también dándole un puñetazo en la nariz para apartarla. —Alejate de mí —ordenó con su voz casi desapareciendo, tomó el cuchillo entre sus manos y la apuntó indicándole que la apuñalaría también si se acercaba nuevamente.
Sally rió como si le hubieran contado el chiste más gracioso del planeta, caminó con seguridad donde estaba la flacucha que temblaba como gelatina mientras en sus manos tenía una poderosa arma. Con una patada le tumbó el cuchillo y luego sujetandola por el cabello le advirtió con voz maquiavélica —Tú llegas a decirle algo a Thiago y date por muerta niña —pegó sus labios al cabello de Anna y respiró pesadamente ahí. Ésta temblaba presa del pánico y por el agudo dolor que punzaba su brazo entero.
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~June~
Roman pour AdolescentsUna estudiante común y corriente. Un profesor agotado de la rutina. Nada en común, salvo la monotonía asfixiante de sus vidas. Una mañana de Junio sus vidas cambian al darse cuenta que encontraron lo que ambos sin saber estaban buscando. Un remolino...
