—Ven conmigo un momento —susurró suavemente aquel hombre tan misterioso acercándose a Anna que se encontraba inmersa en sus pensamientos mientras contemplaba las desérticas montañas de arena que habían a su alrededor. Ya habían transcurrido siete días desde que ella fue llevaba a ese lugar tan horrible, era año nuevo y su pecho ardía a todas horas como su piel por el abrasador sol. Un vacío y una inquietud insoportable se hacían presentes todo el día ocasionando que Anna se sintiera cada vez con menos esperanza de salir. —¿Podrías acompañarme un momento? —preguntó gentilmente al ver el rostro confuso de la chica, y ella parpadeó extrañamente indecisa ante aquella petición.
Sin decir nada se levantó y clavó su mirada en el rostro de aquél hombre castaño que la desconcertaba. Como queriendole preguntar «¿y ahora qué?».
Una mínima sonrisa curvó sus labios y se encontró caminando de vuelta a la fortaleza. Anna lo siguió como la sombra de un fantasma. Cuando llegaron al comedor, él le tendió un pedazo de papel arrugado donde estaba impreso una lista de quehaceres. Ella levantó una ceja sin entender lo que ocurría. —¿Quieres que. . . Quite la hierba mala que crece afuera? —preguntó irónica al ver que el papel tenía veinte tipos diferentes de trabajos.
—Algo así —repuso con dulzura ése hombre. Anna no entendía nada de lo que ocurría, nada cuadraba en su mente. El hombre de veintisiete años aproximadamente tenía una apariencia de lo más ruda y poco susceptible mientras que cuando hablaba con ella se mostraban amable y gentil. Pero cuando trataba con otras presas era cruel y se podría decir que despiadado. —Al lado de cada quehacer hay un número— comenzó a explicarle mientras sentía unos ojos verdes escudriñar hasta lo más profundo de su ser. — Ésos números que salen a la derecha son las horas que se restaría a tu condena. —Anna estaba completamente quieta evaluando la hoja que tenía en sus manos. —Piénsalo bien Anna. Éste papel no se le ofrece a cualquiera.
Ella sorprendida preguntó —¿Por qué a mi si?
—El director ha visto tu comportamiento y no es bueno sacar conclusiones apresuradas pero él confía en que no darás problemas ¿cierto? —preguntó con una sonrisa. —Debes guardar muy bien esa hoja, que nadie sepa que la tienes. Y si aceptas dirígete a la oficina en el segundo piso.
Anna asintió aún sin poder creerlo. Cuando estaba por irse una voz la detuvo, giró lentamente y él indeciso dijo; —Me llamo Christopher. Feliz año.
Ella se ruborizó visiblemente y él sonrió mostrando una dentadura casi perfecta. Luego ambos tomaron una dirección diferente. Ése día los familiares visitarían a sus parientes y Anna no hizo más que dirigirse a su compartimiento, le resultaba insoportable ver a ésas mujeres tan horribles recibiendo cariño de sus familias mientras ella que solo había sido cómplice no podía ver a sus padres. Se dispuso a dibujar bocetos en una libreta que consiguió en el escritorio. Sin darse cuenta dibujó con demasiada exactitud el perfecto rostro de Mark. Una gruesa lágrima rodó por su mejilla que mojó en un perfecto círculo la hoja. No se había permitido llorar desde que puso un pies en ése lugar pero el sentimiento era tan intenso que solo así podía desahogarse. Postergando su llanto se levantó y se dirigió a la oficina central en el segundo piso, una mujer de seguridad la acompañaba en todo momento aún cuando estaba más vulnerable. —Buenos días —dijo entrando en la oficina detrás de la mujer.
—¿En qué puedo ayudarla? —preguntó un menudo hombre de edad ya avanzada.
—Vengo por las tareas para reducir la sentencia —murmuró Anna con inseguridad. El hombre levantó la mirada y le indicó a la joven que tomara asiento. La mujer de seguridad estaba de pies debajo del umbral alerta ante cualquier movimiento —Anna McLaren ¿cierto? —preguntó y la interpelada asintió en respuesta.
—Firma aquí —le tendió un papel. Anna sin leer firmó —Comenzarás mañana a primera hora. Alguien de seguridad se mantendrá cerca cerciorando tu trabajo y firmará al final del día en los quehaceres que completaste.
Anna asintió y se retiró.
El día transcurrió lento, Anna se preparaba mentalmente para los siguientes días de arduo trabajo.
**
—¡Anna! ¡Haz disminuido 2 meses de tu sentencia!— Exclamó Christopher alucinante —¡Es grandioso!
—¡No es suficiente! — se quejó Anna gruñendo —Estamos en mayo. He trabajado durante cuatro meses como una esclava, tengo ampollas, los músculos doloridos y duermo tan poco que no tengo casi energía. ¡Y sólo he bajado dos meses! — Gritó histérica.
—Para ti nunca es suficiente —masculló él entornando los ojos. —¿No puedes ver lo que has logrado? Todo ese trabajo ha válido por que estarás dos meses menos aquí.
—No sé ni por que deseo salir. —murmuró Anna sentándose en el piso del comedor y cambiando su estado se humor de enojo a tristeza. —No tengo a nadie allá fuera. Mis padres se olvidaron de mí, dijeron que vendrían en cuanto pudieran y fíjate no los he visto desde que me trasladaron.
Christopher intentó abrazar a Anna pero ella apartó su brazo con gentileza para no ser grosera. —Solo déjame aliviar un poco tu dolor — susurró abatido por el desplante.
—No puedes tocarme sin provocarme más daño —comentó ella observando sus ojos —Lamento que te hayas enamorado de mi y lamento no corresponderte.
—¿Por qué? —preguntó él sentándose a su lado —Explícame y podré entenderte. Esperaré el tiempo que sea necesario hasta que tus heridas sanen.
—No entiendes Christopher —Anna habló con una voz extrañamente dulce. —No son simples heridas, son cicatrices —inhaló pesadamente —Las cicatrices no se borran nunca.
—Besaré tus cicatrices hasta que dejen de doler —insistió dolido. Sus manos estaban temblorosas y su corazón latía deprisa.
—Mis cicatrices son el recuerdo de un pasado sombrío, un pasado al que no quiero arrastrarte— el pecho de Anna se comprimió. Sentía como si estuviera rompiendo una larga relación cuando solo estaba manteniendo una plática.
—Eres todo un misterio Anna —murmuró —Dices que has tenido un pasado horrible pero veo que en tus ojos aún conservas esperanza, hay una diminuta chispa en ese abismo que me intriga. —cerró los ojos —Quisiera saber como esa luz sigue encendida cuando tú eres una tormenta.
Anna sonrió con melancolía —Christopher esa tenue luz es más fuerte que la oscuridad del espacio. — él sonrió también pero la sonrisa no llegaba a sus ojos, se sentía dolido al saber que la chica que quería había pasado por cosas tan horribles. —Esa luz solo se apagará cuando yo muera — murmuró Anna sintiendo la respiración de Christopher cerca de su cuello.
—Oh nena —él se acercó y ella se estremeció —No dejaré que eso pase. Voy a curarte —aseguró cerrando sus ojos y besando lentamente la mejilla de Anna hasta llegar a sus labios. Ella gimió sorprendida de permanecer quieta mientras recibía una muestra de afecto. Hacia mucho que no se sentía tan viva como en ese momento. Hacia mucho tiempo que no probaba unos labios.
Sin moverse dejó que los labios de Christopher se fundieran en los suyos durante un tiempo limitado. Sólo sentía como el vacío de su pecho se iba llenando poco a poco. Y temerosa e insegura le correspondió.
Al cabo de un minuto se separaron. Anna negó con la cabeza. «¿En qué momento empecé a sentir algo por éste hombre de facciones duras y mirada dulce?» Se preguntó con miedo; y una lágrima rodó por su mejilla. Él, silencioso, la limpió con el dorso de su mano. Ahora el vacío era más grande al saber que había traicionado a su primer amor.
Sin decir nada Christopher la rodeó con sus brazos definidos y la estrechó contra su cuerpo, ella sollozó durante lo que fue mucho tiempo hasta que Martha interrumpió el momento.
Miró la escena por encima de su hombro y dijo con su voz clara; —Anna tienes visita.
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~June~
Teen FictionUna estudiante común y corriente. Un profesor agotado de la rutina. Nada en común, salvo la monotonía asfixiante de sus vidas. Una mañana de Junio sus vidas cambian al darse cuenta que encontraron lo que ambos sin saber estaban buscando. Un remolino...
