—Estarás en West Phoenix. Una prisión para mujeres en tu ciudad natal —Anna cerró los ojos con fuerza —Serás trasladada a primera hora de la mañana—añadió el juez dando por finalizado el juicio.
¿Phoenix? Los nervios se hicieron presentes cuando pensó en lo que eso significaba. Estaría tan cerca de Mark pero a la vez tan lejos. Solo pensar que estarían en la misma ciudad le producía un vértigo espantoso.
En la comisaría de San Francisco se hallaba la familia McLaren. —Haremos cuanto podamos por ir a verte —comentó Peter sujetando la mano de su hija a través del barrote. Ésta de sintió decepcionada pues esperaba un: "haremos cuanto podamos por sacarte de allí" al cabo de un minuto su decepción se convirtió en vergüenza. Era una joven egoísta siempre pensando en sí misma y no en la consecuencia de sus actos para los que la rodeaban.
Alana sollozando le depositó un beso en la frente, no quería alejarse de su hija y mucho menos que ésta fuera a un sitio tan peligroso como la prisión pero no podía hacer nada para evitarlo. Y se sintió terriblemente mal por eso.
—He hecho cosas horribles y por eso merezco estar ahí. No se preocupen por mi. Estaré viva — Anna decía la pura verdad. Ya los tres estaban lo suficientemente grandes como para engañarse. No prometía estar bien, pues sabía que no podría dormir, comer o caminar tranquila sin temor a ser atacada.
Éstos se fueron con los ojos hinchados y rojos mientras Anna contaba las horas para regresar a Phoenix. Estaba sola en la celda y sin embargo no pegó el ojo en toda la noche debido a que sus sentimientos mezclados con sus pensamientos eran una oleada matadora. La temperatura era baja, menos de cinco grados aproximadamente y ésta fue la única razón para que Anna se alegrara de irse.
—Levanta —ordenó una mujer de baja estatura con un peculiar acento irlandés —Tienes cinco minutos para darte un baño y diez para comer —Date prisa que no tienes toda la mañana.
Anna obedeció sin hablar, de dirigió a las duchas que sólo eran un diminuto cubículo cuadrado con regadera e inodoro. Se quitó el uniforme en un santiamén y mientras el agua fría caía sobre su cuerpo notó lo delgada que se hallaba, sus costillas sobresalían de una manera exagerada al igual que los huesos de su cadera. La vergüenza no existía en la comisaría pues Anna debía vestirse delante de la mujer para que ella se cerciorara que no tuviese algún objeto prohibido. —Si piensas que este lugar es horrible espera que llegues a la verdadera prisión —Anna se giró para observar a la menuda policía —Allá debes dormir con un ojo abierto y si quieres seguir viva trata de pasar desapercibida. —la mujer hablaba como si estuviera dando un consejo común y corriente, que se da todos los días. —No causes problemas y no confíes en absolutamente nadie.
—Genial —susurró sarcásticamente —Gracias por darme el consejo de la vida — Anna ya estaba completamente vestida y ambas se disponían a salir del lugar cuando la mujer tomó por el brazo a la joven y se acercó precavidamente. Ésta la miró confundida y un tanto asustada.
—Si quieres salir pronto haz servicio comunitario. Eso reduce tu sentencia y te da puntos con los demás policías, vigilantes y jefes. —Anna asintió repentinamente con el pulso agitado, su miedo era mayor ahora, sin embargo no lo demostraría. No se rompería cuando más fuerte debía estar.
Unas esposas apretaban las muñecas de Anna mientras unas cadenas mantenían sus pies muy juntos. Con mucho esfuerzo subió a un vehículo blindado, éste tenía una pequeña ventanilla donde el aire no podía pasar. Y se sintió extrañamente sofocada, una presión invadió su pecho que luchaba por respirar con parsimonia.
El trayecto duró varias horas donde pudo pensar en su vida, reflexionar sobre todo lo que había hecho y por último arrepentirse de lo que no hizo. Todo comenzó cuando tenía dieciséis años, cuando múltiples accidentes ocurrieron de repente. Empezando por algo bueno para darle sentido a la vida y terminando con débiles esperanzas que luchaban contra dificultades terribles. Sin darse cuenta sus ojos se cerraron súbitamente y se encontró durmiendo un par de horas sin distracciones ni temor.
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~June~
Roman pour AdolescentsUna estudiante común y corriente. Un profesor agotado de la rutina. Nada en común, salvo la monotonía asfixiante de sus vidas. Una mañana de Junio sus vidas cambian al darse cuenta que encontraron lo que ambos sin saber estaban buscando. Un remolino...
