Mark se levanta para ir al baño y al ver la hora en su móvil maldice a los cuatro vientos. 6:30 y debía buscar a Anna... Corre al baño y después de resignarse por no tomar su taza de café, se vista a toda prisa. Se coloca la típica camisa negra sencilla junto con unos pantalones del mismo color y unas converse a juego. No se iría en el auto ya que deseaba pasar el mayor tiempo posible con su estudiante favorita, así eso significara llegar tarde ambos.
Anna la chica de dieciséis años común y corriente con una vida sumamente monótona espera a que su profesor llegue, faltando diez minutos para las siete decide irse por su cuenta. Al abrir la puerta encuentra a un Mark muy agitado frente a ella.
—¿A donde vas? —pregunta él entre jadeos.
—A clases. —contesta ella esquivandolo y cerrando la puerta tras si.
—¿Te hice esperar? —pregunta componiendo su postura al ver el aura negativa que desprende la chica —Lo siento. Mi alarma no sonó
—Descuida —responde Anna indiferente —Vamos andando o llegaremos tarde —.
Mark sacude la cabeza confundido ¿Es de esas veces que está molesta y no lo demuestra para que el chico se sienta miserable mientras no sabe lo que pasa, o realmente no le importa? Cada vez la comprende menos, pero la quiere más.
—¿Tus heridas como están?
—Los raspones ya están curados, lo que me preocupa es el dedo. No es la gran cosa pero mi madre pegó el grito al cielo cuando le dije que fueron cinco puntadas —Anna ríe sin ganas —Creo que se molestó más por que fui al hospital y a la farmacia yo sola.
Anna continúa explicándole acerca de lo sobre protectora que es su mamá hasta terminar contándole la historia del primer día de secundaria.
—¿Como alguien pudo hacerte eso?— pregunta perplejo —Digo... Eras todavía una niña, sólo querías hacer amistades. Los chicos de quinto siempre abusando de sus menores. —gira su cuello y posa su mirada en Anna —Me gusta que no seas así.
Ella sonríe tímida devolviendole la mirada —¿Como sabes que no soy así? —pregunta interesada.
—Contigo me pasa algo extraño, siento que te conozco. Tal vez de otra vida —se encoge de hombros. —No es que crea mucho en esas cosas sobre la reencarnación, pero se que hay un vínculo que escapa de la lógica y que el corazón entiende.
—Me sucede lo mismo, contigo siento una confianza única, casi infinita... Sin embargo no sé nada de ti salvo que vives al finalizar mi calle, podrías ser un asesino psicópata y yo no estar enterada — Anna entrecierra sus ojos hasta ponerlos chinitos.
—Anna sabes que no soy un asesino —contesta Mark colocando los ojos en blanco por la imaginación de la chica a su lado —Te lo prometí.
Anna sonríe contenta, hablar con él es tan fácil como respirar. Inhalar es hablar y exhalar es escuchar, así funcionan las cosas.
Una calle antes de llegar a la escuela se separan para no levantar sospechas a quién los vea juntos, Anna camina adelante mientras Mark la vigila a una distancia prudente para luego seguirla.
Anna que cruza primero el gran portón blanco vislumbra a sus amigas sentadas bajo su árbol favorito, ese que recordó cuando estaba en el restaurante. Toma asiento y las saluda. —Mira, ya llegó nuestro querido profesor. —comenta Sarah sin disimular en mirarlo.
Las chicas de primer, segundo, tercer y cuarto año no se molestan en ocultar su desagrado por las chicas de último año ya que piensan que la mayoría son divas como Cristina y Mariana, además de que ellas ven al nuevo profesor diario mientras que los cursos menores, tres veces a la semana como máximo.
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~June~
Ficção AdolescenteUna estudiante común y corriente. Un profesor agotado de la rutina. Nada en común, salvo la monotonía asfixiante de sus vidas. Una mañana de Junio sus vidas cambian al darse cuenta que encontraron lo que ambos sin saber estaban buscando. Un remolino...
