Park JiMin es un omega que está locamente enamorado de su alfa pero se da cuenta de la peor manera que éste no era lo que él pensaba descubriendo así que le era infiel.
El omega queda destrozado pero con ayuda de su mejor amigo buscará recuperarse a...
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JiMin caminaba de regreso a la cafetería después de entregar el pedido de panecillos que había ido a dejar a varias calles de su trabajo.
Le emocionaba mucho que el negocio que había montado junto a su amigo TaeHyung estuviera teniendo tan buena aceptación por las personas, las cuales parecían ser cada vez más las que se unían como clientes.
Había estado pensando en lo pesada que había sido toda la mañana y tarde por ausentarse al tener que sacar todo el trabajo acumulado y los nuevos pedidos que habían recibido, en lo mucho que habrá estado trabajando su amigo en su ausencia y aunque le contó que su novio había estado viniendo a su auxilio, sabía que TaeHyung se había estado esforzando demasiado.
Definitivamente necesitaban más personal porque cuando se presentarán situaciones como el celo u otros imprevistos, manejar la cafetería uno solo era mucho trabajo y a nadie le hacía bien excederse, puesto que las cosas terminarían saliendo mal y el cliente estaría insatisfecho, además debían cuidar su salud, así que lo más sano sin duda era contratar más personal.
Tal vez algún estudiante de repostería o algo parecido podría ser una buena opción, regularmente ellos solían ser personas muy alegres y podrían aportar ideas nuevas, pero eso era algo que tenía que consultar con el moreno omega, puesto que no quería tomar ninguna decisión sin su amigo ya que el negocio era de ambos y los dos debían estar de acuerdo en cualquier cambio.
Pero pensando en el motivo de su ausencia (su celo) fue así que vino a su mente el pálido alfa que tanto le gustaba, él no había podido checar su teléfono desde que salió de casa por estar ocupado trabajando, lo había puesto es silencio para que no fuera una distracción para él, y aunque en un principio había evitado verlo en persona para que la situación no se volviera bochornosa, la cosa era diferente si solo hablaban por teléfono.
Pero el chico se mejillas regordetas enserio necesitaba mantenerme concentrado en hornear y atender a los clientes y así terminar con todo el trabajo que tenían pendiente.
Pero al revisar el aparato notó que tenía dos llamadas perdidas del pelinegro y varios mensajes que éste había dejado para él, que el rubio apenas estaba leyendo.
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