‡LILITH‡

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~Lilith Freya Windsor~

Mi madre.

De pequeña, como es natural, traté de acercarme a ella un par de veces, pero el tipo de amor que recibí de su parte me hizo querer alejarme y no volver jamás, cosa que tampoco conseguí porque dependía de ella.

Recuerdos sangrientos, escenarios que no tenía cómo sacar a la luz con simples palabras, solo eran imágenes sin ningún tipo de orden o sentido. Sensaciones raras, ganas de llorar, ira, furia, un espejo roto. La pérdida de alguien.

¿Mi padre?

Pintar.

Mi cuerpo y mis pensamientos se adaptaron a las circunstancias.

Comencé a pensar que aquellas indecentes prácticas eran normales. Incluso me llegaron a gustar.

Me llamaba por el nombre de mi padre. Mis lágrimas corrían por mi rostro viendo como me follaba sin compasión y luego se iba a preparar la cena.

"Oh, no, ella viene de nuevo."

El suelo lleno de sangre.

¿Cuándo fue la primera vez?

Desde siempre lo hizo.

Una vez aceptado que mi cuerpo nunca sería mío, me prostituí. Desde que tuve uso de razón, comencé a trabajar en un hotel en la zona de Bayswater, acostándome con clientes y clientas por dinero e intentando que los jefes no se enteraran de mis prácticas extra para no ser despedida. Con el dinero que hacía vendiendo mi cuerpo tenía planeado ir a Alemania, pero mientras tanto tendría que seguir aguantando a Virgine y sus locuras, pues sabía que en algún momento la mataría pero no sería ahora. Ahorraba cada follada, cada golpe, cada palabra hiriente, cada vómito para mi mayoría de edad.

Todos los cuchillos en mi habitación. Coloqué cámaras para mantenerme segura y estar al tanto de cualquier actividad anormal que pudiera ocurrir mientras yo dormía.

Nunca pasó a mayores. Mi cuerpo nunca me perteneció, nunca recibí otro tipo de amor. Hasta que llegó él.

Un hombre de ojos grises, cabello negro y traje desordenado. Él preguntaba por mi madre pero para entonces ella estaba golpeando su cabeza contra la pared y repitiendo palabra tras otra sin vocalizar.

La pared pasó a ser roja, yo pasé a perder la cabeza.

Lo dejé entrar a mi preciado hogar, ese hogar en el que se criaba una fiera escondida tras una víctima.

¿Te convertirías en el abusador después de haber sido la víctima?

Luego de tener relaciones, no me trató como un pedazo de basura, creo que en ese momento me enamoré.

Aún sabiendo que se trataba de él, aquel que decía ser el hermano de mi madre.

Un nivel no tan elevado de embriaguez y una chica dispuesta a dar su cuerpo por un poco de cariño. Después de todo, ¿qué era realmente lo que había de malo en tener sexo con alguien de tu familia si ya te ha follado tu madre?

Me obsesioné con él.

Él y su familia, resulta que se habían mudado a Willesden Green porque no tenían dinero y tuvieron que malvender su casa en el centro. Llegó a mi casa con la intención de pedirle dinero a mi madre pero ella estaba en un estado peor.

Pensó que luego de usar mi cuerpo volvería a su departamento con su mujer e hija para tener una vida tranquila, seguir apostando y pagando putas, pensó que luego de no poder sacarle dinero a mi madre, por obvias razones, no habrían consecuencias, pero el haberme usado le costaría caro.

Aprovechándome de las cámaras que previamente instalé en mi habitación y habiendo grabado lo que me hizo, lo que le hizo a una niña, chantajearlo fue muy fácil.

Lo amaba, por eso lo hice. Si no me acompañaba a Alemania, pasaría el resto de su vida en la cárcel por follarse a una menor de edad. Es tan básico que a la semana, aceptó.

Contenta le conté mi plan, matar a Isabella y a Olivia para que quedara libre, lo quería solo para mí. No quería a más mujeres en su vida aparte de mi.

Aceptó, ahí empecé a sospechar que en realidad sus intenciones eran otras, como matarme o darme por loca, ya no me quería tanto como antes y solo me mostraba amor cuando lo amenazaba. Se alejaba de lo importante, únicamente se centraba en beber y follar, aquello era increíble.

En cierto punto me di cuenta de que tampoco me gustaba tanto porque me enamoré de alguien más.

Más tarde que temprano, conocí a su hija en persona, también a su mujer.

Prometí que nunca le haría a nadie lo que Virgine me hizo, por eso cuando también comencé a follarme a Olivia la trataba cómo una princesa. Le comenté a Aaron que también quería llevarme a Olivia con nosotros, seríamos una hermosa familia. A él le daba todo igual y siempre me daba la razón.

Isabella, ajena a todo nuestro plan, dormía tranquilamente en su habitación sin saber que en la otra, su esposo, su hija y yo nos amábamos.

El tiempo seguía pasando, Virgine me seguía tocando, Aaron solo me quería para follar, como los demás, no podía hacer nada en mi contra entonces solo se consumía en alcohol viendo como yo destruía su vida, Olivia se apegaba cada vez más a mí, Isabella se resignaba a vivir como esclava.

Mi salud...

Mi salud en todos los aspectos era y sigue siendo la peor, pero...me siento tan saludable al ver dinero en mis manos que hasta como un poco en ocasiones.

Me despidieron y de ahí en adelante fue cuando todo empeoró.

Una queja de alguien importante fue suficiente para que me echaran del hotel.

En esa misma semana, Aaron me habló de un psiquiatra adinerado que se había mudado a su edificio. Sería mi nueva fuente de ingresos.

Fingí ser mayor de edad con tan solo diecisiete años, fingí estudiar una carrera que realmente no estudiaba, fingí interesarme por cosas que le interesaban a él.

Faltaba poco...

Pero mientras más dinero entraba en mi bolsillo, más voces escuchaba, menos me reconocía a mí misma en el espejo, menos alimento consumía, más lagunas mentales.

Cuando veía a Aaron ya no sentía mariposas, ni siquiera murciélagos. Cuando veía a Aaron me imaginaba a Olivia.

Olivia se convirtió en mi chica más amada.

Para Aaron mis planes seguían siendo los mismos, prostituirme para ganar dinero y sacarlo de su miseria a costa de mi obsesión por él. Pero yo ya no lo amaba. Amaba a su hija.

Nunca se imaginó que le daría metanol en lugar de etanol, que era lo que consumía normalmente. Nunca se imaginó que acabaría con él y con su esposa para finalmente llevarme a la única que valía la pena...

Olivia.

Muchas personas pensarán que soy una hija de perra y estoy de acuerdo, Virgine es una perra.

Cumpliendo los dieciocho años, por fin pude cambiar el nombre y apellido de ambas. Por fin pude matar a esos dos, y Virgine...

Con ella disfrutaría de matar como nunca antes.

Entonces podría sentir que tengo el control de mi vida, de mi cuerpo y de la gente que amo.

Podría ser libre, pintar, bailar en el gran salón de mi futura casa con mis hijos en brazos y Olivia jugando con sus muñecas.

Seríamos solo ella, yo y nuestros hijos.





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NOTA DE LA AUTORA: La vida de Lilith resumida
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