†CAPÍTULO VEINTE†

117 15 261
                                        

∆Chase Huntley∆

El tacón de los zapatos de Hester anuncia su llegada al apartamento seis.

Oculto tras la puerta de entrada, siento como alguien manipula el picaporte. Me pongo en posición.

Los Norris entran de uno en uno.

Philip.

Hester.

Y por último, la pequeña Faith.

Se quedan un tanto sorprendidos y decepcionados de la vista. Esperaban un apartamento con muebles caros y bien puestos acorde a la imagen mental que se habrán hecho del famoso vecino inexistente de Scotland Yard.

Apresurándome a cerrar la puerta con llave, la niña es la primera en voltearse. Hester y Philip la siguieron, extrañados, sus ojos viajan a la pistola en mi bolsillo, era demasiado evidente que portaba una. La elegante mujer esgrime un pequeño gemido del susto.

Entretanto recargo mi cuerpo en la pared, Philip se cierne sobre la puerta para intentar abrirla. Al darse cuenta de que no podría, la familia Norris se atemorizó aún más.

No perdieron el tiempo en mirar a Andrew, el que, por cierto, escondía su pistola sin balas con su cuerpo y pretendía no estar en la misma sala que nosotros.

—¿Qué quiere usted? ¿Dónde está el señor de Scotland Yard? —Sin remedio, el padre de familia cuestionó.

—El hombre que buscan no existe, soy yo, siempre fui yo. —Me dan ganas de fumar y recurro a morderme el labio.

—¿Qué me está queriendo decir, señor? Déjenos salir, hágame el favor. —La niña abraza la pierna de su madre, sus pequeños ojos me atisban con miedo, como si vieran a un "hombre malo", me siento ofendido.

En minutos, Lilith saldrá de su habitáculo
directo a Alemania. Tengo que estar allí para impedirlo.

—¡Andrew, adelante! —Las pupilas del rubio temblaron. Espero que sus piernas también.

En consecuencia, la familia no tardó en ejercer cualquier tipo de fuerza sobre la puerta para tumbarla, no se atrevían a acercase a mí por miedo a la pistola. Veo que Andrew no hace nada. Respiro con calma y disfrutando el momento. La exasperación en cada gesto, miradas de desconsuelo que comparten.

La niña da sus primeros lamentos, suficiente para sacarme de mis casillas. Saco la pistola, logrando obtener la atención de todos en la sala.

—¡Mátalos! —exijo a Andrew.

—No te daré el gusto esta vez, Chase.

El arma que le ofrecí para matar a los Norris apuntaba hacia mi. Estiró su brazo, decidido, su cara proyectaba orgullo por el gran giro que logró darle al juego, según él, nada podía fallarle.

Sonreí.

A mí nadie se me adelanta, Andrew.

Los Norris permanecían callados, con los brazos alzados, incluyendo a la niña, por su forma de respirar pareciera que el aire es pesado a su alrededor.

Mi revólver, que inicialmente los amenazaba, ahora se dirigía al rubio de cabello desordenado.

Por un momento lo vi dudar, pero su brazo se mantuvo firme.

Regreso mi atención a los Norris con el arma en mano. Signos de pánico en ellos como pequeños gritos, miradas que destrozarían en lástima a cualquiera, me hacen querer orinar en su cara.

Sin dudar ni un segundo, aprieto el gatillo, matando instantáneamente a la pequeña Faith. La señora Norris no se cohíbe de soltar lamentos, plañir y mirarme con rabia. Philip palideció, río viendo cómo se agacha, su mirada perdida sobre mi. Está más concentrado en lo mal que se está sintiendo. No es lindo para él ver la sangre de su hija manchar el suelo.

ARTHURDonde viven las historias. Descúbrelo ahora