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ʀᴇqᴜᴇsᴛ ᴏf: @unknown ╰ OC; none╯
Estar en la ventana de tu departamento mientras fumabas un cigarrillo era lo mejor de tu día, la nicotina ayudaba a relajarte y olvidarte un poco de tus responsabilidades como subjefa de los Firelights.
—Deja esa mierda, te va matar.— escuchaste la voz de tu amado, regañandote por tú adicción.
—¿Acabar mi vida por cigarrillos o por amor? —te llevaste una mano a tu mentón, fingiendo pensar.— Morir por cáncer en mis pulmones se escucha mejor.
—Así piensan los idiotas.
—Gracias, tú me lo pegaste.— el peliblanco rió, acercándose a ti y abrazándote por la espalda acomodando su barbilla en tú hombro. Te acomodaste en sus brazos, aún tenias el cigarro en la boca, inhalando y exhalando el humo.
—Te tengo una propuesta, di que si. —susurró en tu oído, intentando mantener aquel silencio cómodo que se formo durante el tiempo que observaban por la ventana de su hogar.
—Sí.— afirmaste sin pensar. Ekko te volteo quitándote lo poco que daba del tabaco, tirándolo al cenicero. Sus ojos te observaban con seriedad, acercándose peligrosamente a tu rostro y susurrando.
—Hoy es noche de sexo, familia.— no pudo mantener su compostura seria al ver tu rostro sorprendido y rojizo, agachándose un poco mientras carcajeaba.
Ocultaste tu rostro entre tus manos, riendo levemente por la pena, el varón intento destapar tu rostro; tomando tus mejillas mientras seguía riendo.
—Debiste ver tu rostro, parecías un tomate.— lo empujaste levemente ofendida, el cabrón seguía con sus risitas, te ocultaste en su pecho, provocando que él te abrazara por los hombros. Sentías su mirada en ti, le devolviste la mirada aún en su pecho; comenzando un duelo entre ustedes.
—Ya no juego.— avergonzada volviste a tu escondite, tratando de esconder el sonrojo en tus mejillas.
—¿Por qué no? Iba ganando.
—Es que... mi corazón se siente raro.— el moreno sonrió por lograr su cometido: ponerte nerviosa. Tomó tus hombros, separándote un poco para que lo vieras al rostro.
—Ahora si va la propuesta de verdad, presta atención. —asentiste burlona, capaz y te salia con otra de sus bromas.—Tú, yo, una cita en nuestras fabulosas patinetas. ¿Qué dices?
—Mucho mejor que un carruaje, estoy dentro.
Rápido salieron de su departamento, tomando aquellas skateboard voladoras con lucesitas verdes, volando sobre el hermoso árbol que era su hogar. Entre risas y unos cuantos golpes terminaron su relajante revoloteo, acabando en una rama del arbusto viendo el cielo estrellado.
—Necesitaba a una chica como tú.
—¿Enserio? Debes estar muy loco entonces.— Ekko asintió, dándote toda la razón de que estaba chiflado por ti.
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