44. EKKO

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[JUNO; SABRINA CARPENTER]
"sé que quieres mi amor para siempre"

[JUNO; SABRINA CARPENTER]"sé que quieres mi amor para siempre"

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[smuuuuttt]



Era esa vez en el mes, en dónde querías que tu novio te encerrara por la noche y dejarte satisfecha, o embarazada, cualquiera de las dos servía. Querías que dejara su marca en ti de todas las formas posibles, que marcará su territorio.

¿Estabas caliente? Sí, y todo era culpa de tu lindo novio.

Observaste la ventaba en tu habitación; el sol parecía estar ocultándose apenas, desperdiciaste tu día acostada y pensando en él. Comenzaste a preguntarte en donde estaba, se supone que a estas horas del día ya estaba en casa, preparando la cena o simplemente trabajando en el comedor. Saliste por la puerta principal con la misión de encontrarlo y arrastrarlo a casa.

Bajaste algunas escaleras antes de verlo. Te sentaste en el último escalón, decidiendo no llamarlo, ya que se miraba ocupado. Pensaste en regresar, pero te quedaste para apreciarlo. Estaba de espaldas a ti, asi que no podía verte, y no dudaste en aprovecharte de eso.

Sus hombros anchos y descubiertos, junto a su espalda firme, parecían invitarte a acercarte, o a arañarla. Tus ojos los recorrian de arriba a abjo, admirando cada detalle, te lo estabas comiendo la mirada.

De ahí Ekko hizo una señal hacia la derecha, quedando de lado con el brazo extendido mientras daba indicaciones. Sus manos, ptotegidas por guantes, se miraban enormes. Después de eso, flexionó el brazo y cruzó ambos sobre su pecho, revelando lo marcado de sus bíceps. Tragaste saliva al imaginarte aprisonada entre ellos. Comenzaste a sentir tu rostro caliente.

Entonces, un grupo de niños se acerco a él, y quedaste encantada. La forma en que los trataba, su sonrisa cálida y la atención que les daba te hicieron sentir ternura. Se veía tan natural junto a ellos, como si fuera hecho para eso.

Finalmente, Ekko te vio. Te dirigió una mirada compañada de una sonrisa, bajó al niño que tenía en brazos para comenzar a correr hacía ti. No pudiste evitar fijarte en la firmeza de sus piernas mientras corría. "Dios mio" pensaste, Ekko de verdad era muy apuesto.

—¡Hey! ¿me tardé mucho?— preguntó, se agachó para quedar a tu altura. Tomó tus manos y las apretó suavemente entre las suyas.

—Un poco, pero está bien— respondiste mientras limpiabas con el pulgar un poco de polvo que estaba en su nariz. Escuchaste su risa mientras te ayudaba a levantarte.

—Vamos a casa, preciosa.

Antes de que pudieran avanzar unos gritos infantiles se escucharon detrás de ustedes.

—¡Ekko, ¿ya te vas?! —preguntó una niña con coletas, mirándolo con tristeza. Ekko hizo una mueca antes de dirigirse al grupo de niños.

—Lo siento, chicos, pero ya es tarde y todos tenemos que cenar —dijo, inclinándose para quedar a la altura de la niña y acariciándole la cabeza con delicadeza—. ¡Así que todos al comedor, ya!

¹・ARCANE; osDonde viven las historias. Descúbrelo ahora